Una posible renovación de la masonería debe surgir de la propia historia de la Orden, sin desconocer los episodios que en tres siglos han moldeado su identidad y sin caer en relatos mitificados sobre sus orígenes. Esta restauración exigiría cambios acotados: establecer con claridad la prioridad de reunir a personas de alta estatura moral y filosófica, y desarrollar programas de formación para quienes ejercen liderazgo en las logias.
