compasión

A la vista de los conflictos que sacuden Gaza, Ucrania y África, con su secuela de dolor humano muy extendido, la compasión podría erigirse como principio imprescindible de la ética universal. El teólogo Leonardo Boff, a través de su obra, revela cómo este valor fundamental trasciende credos y culturas, tejiendo una red de conexión humana que él denomina ethos planetario. Su pensamiento guarda sorprendente sintonía con los ideales masónicos de fraternidad y apoyo mutuo, al estar nutrido tanto por las tradiciones cristiana como budista, demostrando que la sabiduría perenne converge en los mismos principios esenciales.

Un acercamiento a estos conceptos universales fue publicado por el sitio Religión Digital, gracias a la traducción de MªJosé Gavito Milano de un artículo actual del propio Boff. Sus reflexiones aportan claridad para el análisis de los desafiantes momentos que vive el mundo de hoy, con referencias imprescindibles para la toma de conciencia de temas que también asaltan casi cotidianamente a los miembros de la masonería.

Dice Boff que Tomás de Aquino situó la compasión como la más elevada de las virtudes, pues acerca al ser humano a lo divino. Esta idea tiene eco en la Orden, donde el G.A.D.U. simboliza la armonía universal que los obreros buscan construir. Para él, la compasión no es lástima, sino misericordia activa, un concepto que alinea con el ágape masónico: el banquete fraternal donde se comparte el pan y las ideas.

El budismo, por su parte, entiende la compasión como la esencia del camino espiritual, una visión que coincide con el simbolismo del pavimento mosaico. Este suelo ajedrezado del templo masónico representa la dualidad luz-oscuridad, recordando que el conocimiento y la ignorancia coexisten en el ser humano. La compasión, como virtud, actúa como puente entre estos opuestos, guiando al aprendiz en su viaje hacia la sabiduría.

Teólogo de la justicia social

Leonardo Boff nació en 1938 en Concordia, Brasil, y se consolidó como uno de los principales exponentes de la teología de la liberación. Tras ingresar en la orden franciscana y ordenarse sacerdote en 1964, dedicó su vida a vincular la fe cristiana con la lucha por los derechos de los marginados. Su obra Iglesia: carisma y poder, publicada en 1981, generó tensiones con el Vaticano que culminaron en su silencio obligatorio en 1985. Aunque abandonó el sacerdocio en 1992, su pensamiento sigue inspirando la defensa de una Iglesia comprometida con los pobres y la ecología.

Boff trascendió el ámbito teológico para convertirse en pionero del ecoespiritualismo, fusionando justicia social y protección ambiental. Doctor en filosofía por la Universidad de Múnich, ha escrito más de sesenta libros que exploran esta síntesis, como El cuidado esencial y La Tierra en la mano. Su trabajo le valió el Right Livelihood Award en 2001, distinción que reconoce su aporte a una ética global.

Desapego y cuidado: pilares de la acción compasiva

Boff subraya dos virtudes clave para ejercer la compasión: el desapego y el cuidado. El primero evita la superioridad moral, mientras el segundo impulsa a socorrer al necesitado. En la masonería, estas ideas se reflejan en la cadena de unión, ceremonia donde los hermanos sellan su compromiso con la igualdad y el apoyo mutuo.

La compasión, según Boff, no se limita a los seres humanos; abarca toda la creación, un principio que alinea con el respeto masónico por la naturaleza. La acacia, símbolo de inmortalidad en la orden, recuerda que la vida es sagrada y merece protección. Aplicando este enfoque holístico, invita a los masones a extender su labor más allá del templo.

Un llamado a la conciencia colectiva

Ante las guerras y la crisis ecológica, Boff clama por la compasión como imperativo ético. Su mensaje encuentra paralelos en los landmarks masónicos, principios fundacionales que exigen rectitud moral y compromiso con el bien común. La escuadra, emblema de la rectitud, y el compás, que delimita los límites del conocimiento, son herramientas que guían al masón hacia una acción compasiva y equilibrada. En tiempos de oscuridad, la orden sigue trabajando en silencio, recordando que, como escribió Boff, «la compasión es la más elevada de todas las virtudes».

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