El 11 de septiembre de 1973 marca el día en que el gobierno de la Unidad Popular (encabezado por Salvador Allende) fue depuesto por medio de un golpe de Estado liderado por el general Augusto Pinochet. Tras la formación de una Junta Militar, se emitió un comunicado inicial solicitando al presidente Allende que cediera su cargo de inmediato a las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile. Enfrentando esta situación, el presidente y sus colaboradores más fieles resistieron en el Palacio de La Moneda, donde reafirmó su determinación de mantenerse como Presidente de Chile, en el puesto que le otorgara el respaldo popular. Sin embargo, antes de que el palacio de gobierno fuera bombardeado, y reconociendo la inminencia de la entrada de las fuerzas militares, el presidente derrocado pronunció sus últimas palabras y, a las dos de la tarde, puso fin a su vida.
Es oportuno recordar un pequeño recorte de su paso por la institución masónica, trayendo este fragmento del discurso pronunciado ante la Gran Logia de Chile (14 de Abril, 1970) en ocasión de haber sido designado por votación popular para ocupar la más alta magistratura de su país.
“Venerable Maestro, Queridos Hermanos, siempre he pensado y como usted -en los conceptos profundos que he leído lo dice-, que no siendo la Orden ni una secta ni un partido, busca en el hombre la posibilidad de actuar en el campo profano, sobre la base de hacer que el masón se compenetre en conciencia de lo que es y debe ser un hombre que pretende ser libre y perfecto.
“Si la Masonería no actúa colectivamente y lo hace a través de los hombres, que somos los Hermanos, más allá de los templos, en el campo social, es de imaginarse, lógicamente, que la acción de los Hermanos no puede ser en función del pensamiento masónico una actitud objetiva, sino subjetiva, frente a los problemas del hombre. Y de allí, también, es lógico pensar que la vida y el hombre van cambiando y haciendo que cada vez haya en el pensamiento humano las mutaciones que la realidad va haciendo necesarias.
«Aquí estamos, indiscutiblemente, hombres que tenemos un pensamiento que tuvieron años y años otros hombres que pasaron por la Orden y por los templos, pero que actuaron y hablaron un lenguaje que hoy no hablamos nosotros. Somos los mismos, pero somos diferentes, y siendo diferentes somos los mismos en cuanto a la vigencia de los principios de la Orden que hemos hecho nuestros; de allí la trascendencia que tiene el pensamiento filosófico de la Francmasonería, que yo no diría se adapta, porque sería empequeñecerlo, sino que hace posible que el hombre, en función de realidades distintas y frente a hechos sociales, aplique, en el campo profano con vigencia permanente, los conceptos y principios que de manera diferente y en otra época, lealmente y como masones, aplicaron Hermanos nuestros.”
Salvador Allende era afiliado y dirigente del Partido Socialista. Aquí va una anécdota que refiere a su integridad moral:
En una oportunidad, en un congreso de su partido celebrado en 1967 en Chillán, un sector de ese colectivo propone la incompatibilidad entre ser socialista y ser masón. En la discusión, dos diputados anuncian su renuncia a la masonería. Con relación al tema intervienen varios congresales hasta que parece que la discusión está agotada. Pero en ese momento se levanta el entonces senador Allende. En forma pausada, demuele uno a uno los argumentos antimasónicos y concluye su intervención expresando que si el Partido Socialista le impone dejar de ser masón dejará de ser socialista, del mismo modo que si la Masonería lo obliga a dejar el Partido Socialista dejará de ser masón. La moción de incompatibilidad es rechazada por una amplia mayoría. (GADU.ORG 2015)
Esta entrada se publicó antes aquí el 11/9/23

