La trayectoria de la masonería en el mundo árabe e Irán refleja las tensiones entre la modernización y las tradiciones culturales, religiosas y políticas locales. Mientras que en el Líbano y Marruecos la orden mantiene su vigencia, en gran parte del Asia Occidental la actividad ha cesado debido a la inestabilidad institucional y la presión gubernamental. El futuro de la Orden en esta área depende, además, de la capacidad de las sociedades para fomentar espacios de diálogo basados en la razón y el respeto mutuo.
La masonería llegó a Persia y al mundo árabe durante el siglo XIX a través del contacto con diplomáticos y viajeros europeos. La masonería escocesa estableció la primera logia en la región en Adén durante el año 1850. Se trata de una importante ciudad portuaria que se encuentra en Yemen, situada en la costa del golfo de Adén, cerca de la entrada meridional del mar Rojo.
Posteriormente surgieron talleres en Palestina alrededor de 1873 y en Irak tras la Primera Guerra Mundial. En Irán, las élites adoptaron a la institución como una herramienta para la incorporación del pensamiento político y social de Occidente.
Es muy oportuno abordar este tema cuando la conversación política ha sido suplantada por el diálogo de las balas. Mientras, subyace de fondo la formidable discusión del choque cultural que protagonizan el mundo asiático musulmán en una trinchera, con el judeo-cristianismo de sus oponentes en la otra.
Pionero en tierras lejanas
Mirza Malkum Khan había fundado el periódico Qanun en Londres hacia 1889 para difundir ideas de unidad y justicia que influyeron en la sociedad iraní. Malkum Khan (1833-1906) fue una de las figuras intelectuales y políticas más influyentes de la Persia del siglo XIX. Había nacido en Isfahán, pero estudió en París, donde se familiarizó con el pensamiento liberal, el positivismo y los modelos de administración pública. A su regreso a Irán, desempeñó funciones como diplomático y consejero, hasta que debió exiliarse por la persecución de Sha Nasser al-Din.
Las figuras diplomáticas desempeñaron un papel fundamental en la expansión de los ideales masónicos. El embajador persa Moʿīn-al-Molk participó activamente en logias de Estambul como I Proodos e Italia Risorta durante la década de 1880. Estas conexiones permitieron que numerosos secretarios y vicecónsules iraníes se incorporaran a la orden en territorio de Turquía, un país de mayoría musulmana dominado por la etnia otomana, que es distinta de la raigambre árabe o persa. La estructura masónica facilitaba un espacio de diálogo para las élites que buscaban reformas inspiradas en otros modelos culturales.
El esplendor y la caída en Irán
La masonería iraní experimentó un crecimiento notable entre 1950 y 1978. Durante este periodo, la Gran Logia de Irán funcionaba de manera regular y contaba con el reconocimiento de diversas potencias masónicas internacionales. Sin embargo, la autonomía de la institución se debilitó cuando los miembros aceptaron la influencia del Sha para nombrar a sus líderes. Esta cercanía con el poder monárquico generó críticas severas en el Parlamento y en la prensa nacionalista.
La Revolución Islámica de 1979 transformó radicalmente este panorama. El nuevo gobierno persiguió a los miembros de la orden y destruyó sus estructuras físicas de manera casi total. Tras la revolución, muchos masones iraníes partieron al exilio y aprovecharon para preservar su actividad iniciática. En la actualidad, la Gran Logia de Irán en el Exilio mantiene operaciones reducidas en lugares como California y Massachusetts. La Gran Logia de California reconoce formalmente a esta organización, la cual mantiene un perfil extremadamente privado debido a las circunstancias políticas de su origen.
La realidad masónica en Marruecos y el Líbano
En contraste con la situación en Irán, la masonería florece con mayor libertad en el Líbano y Marruecos. Marruecos destaca como un espacio donde la orden posee una visibilidad significativa y participa en el debate social. Publicaciones recientes como Maroc Hebdo analizan la presencia masónica como un indicador de la libertad de tono y la realidad social del país. Hassan El Azhari, titular de la Gran Logia Nacional de Marruecos, destaca en entrevistas el compromiso de la institución con el progreso y la estabilidad nacional.
El Líbano también representa un centro de actividad masónica importante en la región. Sin embargo, la masonería en estos países enfrenta constantes desafíos debido al clima de sospecha generalizada. Muchos sectores sociales interpretan la cooperación internacional de las logias como una prueba de influencia externa nociva. Esta atmósfera de desconfianza limita la expansión de la organización en otros estados árabes, donde las presiones políticas y religiosas suelen extinguir cualquier intento de establecimiento masónico.
Tensiones contemporáneas y antimasonismo
El panorama actual de la masonería en la región se ve afectado por un resurgimiento del sentimiento antimasónico de base religiosa. Algunos discursos instrumentalizan el factor religioso para presentar a la masonería como una estructura de dominación o una amenaza ideológica. En marzo de 2026, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán incluyó oficialmente a las logias masónicas con vínculos en Israel en su lista de objetivos militares. Las autoridades iraníes acusan a estos centros de facilitar el espionaje y difundir valores que consideran contrarios a sus principios nacionales.
Frente a estas acusaciones, los representantes de la Orden subrayan que la masonería defiende la libertad de conciencia y el diálogo entre personas con distintas convicciones. La institución se define como una estructura que busca la verdad y la tolerancia, lejos de cualquier pretensión de dominio político. A pesar de los ataques, la masonería persiste como un espacio de reflexión para las clases medias y altas en el exilio y en las naciones que aún permiten su funcionamiento.
Masonería y sionismo
La asociación de la masonería con el sionismo no se basa en hechos institucionales, sino en un imaginario antimasónico y teorías conspirativas que han sido alimentadas por razones políticas, religiosas y simbólicas a lo largo del tiempo.
Según múltiples fuentes, los principales motivos de esta vinculación son:
- El papel en la creación de Israel: Existe una creencia persistente de que la francmasonería desempeñó un papel central en la promoción del sionismo y fue un actor clave para el establecimiento del Estado de Israel en mayo de 1948.
- La reconstrucción del Templo de Salomón: El simbolismo masónico, que se estructura en torno a la mitología del Templo de Salomón en Jerusalén, es interpretado de forma literal por los detractores. Se acusa a la Orden de tener la ambición político-religiosa de reconstruir el «segundo templo», lo que se percibe como una amenaza directa a los lugares sagrados del Islam.
- La narrativa del «Complot Judeo-Masónico»: Se ha reciclado el mito europeo de una conspiración global donde la masonería actuaría como un brazo invisible del sionismo y de potencias occidentales (especialmente Gran Bretaña y EE. UU.) para debilitar a las sociedades musulmanas.
- Acusaciones de espionaje (Casos de Irán e Irak):
- En Irak, bajo el régimen de Saddam Hussein, se criminalizó la masonería en 1980 asimilándola explícitamente al «activismo pro-sionista».
- En la actualidad, Irán califica a las logias con vínculos en Israel como «centros de conspiración sionista» y las acusa de servir como fachadas para operaciones del Mossad y la inteligencia militar israelí.
- Invisibilidad y sospecha: Debido a que la masonería es mayoritariamente invisible en el mundo árabe (por prohibiciones o prudencia), ese vacío de información es llenado por narrativas de «agendas mundiales ocultas» y complicidades geopolíticas con Israel.
La masonería es utilizada en estos contextos como un «marcador político sospechoso» y un espejo donde se proyectan las angustias políticas y las heridas históricas relacionadas con el conflicto palestino-israelí.
