La masonería femenina en la Argentina ha enfrentado un camino marcado por desafíos históricos e inconvenientes estructurales. Desde su surgimiento en 2002 con la Gran Logia Femenina y la posterior creación del Gran Oriente Simbólico Femenino (GOSFRA), las instituciones han lidiado con crisis internas, centralismo en Buenos Aires, desigualdades económicas y la dificultad de expandirse en un territorio vasto y geográficamente fragmentado.


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