El nombre de Eduardo Arana Ysa, actual presidente del Consejo de Ministros del Perú, ha surgido en medio de un escándalo que vincula política, contratos públicos y masonería. Un reportaje de una publicación llamada Cuarto Poder reveló posibles conexiones entre funcionarios estatales y miembros de la misma logia a la que pertenece Arana, quien ostenta el grado 33 del Rito Escocés en su jurisdicción.
La polémica comenzó con una fotografía donde el funcionario entregaba un reconocimiento al abogado Elías Falla Villegas, miembro de la orden y contratado como consultor del Fondo de Apoyo Gerencial (FAG) en el Ministerio de Justicia en noviembre de 2023. Falla recibía un sueldo mensual superior a los 15 mil soles (casi 4.000 dólares). Aunque el jurista niega vínculos con el premier, un mensaje del equipo de prensa de Arana confirmó que «una persona de la orden masónica fue invitada a laborar».
La imputación informal hacia el abogado y el ministro es por pertenecer a una misma logia, pero la información difundida no indica que se haya abierto un proceso de investigación por maniobras o procedimientos incompatibles con sus funciones.
Fondos públicos
Otro caso similar, en el que la acusación sería ser miembros de la masonería, es el de Mario Venero Ferreyros, presidente de la fundación Legado de Bolognesi y también miembro de la logia. Venero visitó cinco veces el Ministerio de Justicia durante la gestión de Arana y, en julio de 2024, recibió una certificación que permite a su fundación acceder a fondos estatales.
Además, Luisa Vidal Kong, socia de Venero, asumió como jefa de Infraestructura del mismo ministerio.
Respuestas y dudas
Ante las acusaciones, Arana defendió su gestión mediante un comunicado, asegurando que solo contrataron a un miembro de la logia por su «alta calificación académica y experiencia pública». Negó cualquier favoritismo y describió a la masonería como una «escuela de formación humanista».
Sin embargo, las evidencias —fotografías, visitas documentadas y designaciones— sugieren un patrón que expertos legales podrían interpretar como tráfico de influencias. El señalamiento todavía no habría pasado de una denuncia periodística todavía.
Bajo análisis
El caso ha puesto en la mira a la logia a la que pertenece Arana. Aunque el premier insiste en su carácter filantrópico, las coincidencias generan preguntas sobre cuántos miembros de esta organización han accedido a cargos públicos. Si las investigaciones profundizan, lo que hasta ahora era un espacio reservado podría convertirse en un tema judicial.
Mientras tanto, la sociedad peruana observa con atención cómo se desarrolla esta revelación, que mezcla poder, secretismo y ética pública.
