Por Maestro Orfeo

La música es el arte de combinar sonidos de manera agradable al oído, conmoviendo el alma. Tiene un papel importante en las civilizaciones, especialmente en ceremonias rituales, promoviendo emociones y simbolizando la armonía del mundo. En la masonería, representa una de las siete artes liberales y simboliza la armonía entre los masones. La música es una construcción iniciática que organiza sonidos de acuerdo con leyes universales, representadas en tres etapas: el silencio, el sonido y la armonía.

Los tres parámetros que precisa la talla de la piedra, la precisa elsonido: La Fuerza, que reside en la densidad. La Sabiduría, en su «tempo» o longitud. La Belleza, en su altura o frecuencia. Las piedras justas y perfectas del edificio musical deben ser ensambladas: la música es una construcción, una arquitectura, un «arte real» que nos revela las leyes universales de la «Gran Obra»

Antonio Diez, Revista Hermética Nº 5 – en: Música i Maçoneria

El blog Racó de la Llum, del prestigioso masonólogo y concertista, Hermano Joaquim Villalta, trajo a la memoria en 2005 un artículo publicado en una revista iniciática de tiempo atrás, señalando el sendero para comprender el concepto de la música, con algo de la historia de su introducción en la masonería, y delimitando su función en las tenidas.

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Decía Antonio Diez en el artículo mencionado que en la masonería, la música está representada por la Columna de Armonía, que es el conjunto de instrumentos musicales o reproductor musical utilizado en las ceremonias rituales.

Originalmente, solo se empleaban voces, pero a partir del siglo XVIII comenzaron a introducirse instrumentos de cuerda, trompetas y tambores. La «Columna de Armonía» se refiere al conjunto de instrumentos que sonaban en las ceremonias, normalmente con un máximo de 7 elementos: 2 clarinetes, 2 cornos, 2 fagotes y 1 tambor.

Con el tiempo, la competencia entre logias por tener los músicos más virtuosos llevó a admitir músicos exentos de cuotas, que podían alcanzar el grado de Maestro y componer obras para las diferentes ceremonias masónicas. Estos «hermanos artistas» tenían derecho a voto y debían contribuir con su arte en las grandes celebraciones.

La Columna de Armonía tiene la misión de complementar el ritual, por lo que su valor radica en su adecuación a dicho propósito, más que en su mérito intrínseco.


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