A partir de la polémica y posiblemente apócrifa entrevista a Marcola, líder del Primer Comando de la Capital (PCC), el análisis del autor plantea una reflexión acerca del crimen organizado como el «espejo invertido» de una sociedad enferma. El texto establece un paralelismo entre el discurso del narcotraficante —quien se presenta como un «síntoma» de la post-miseria, la impunidad y la globalización del delito— y la reciente masacre en los complejos de Penha y Alemão (Río de Janeiro), argumentando que la barbarie es consecuencia directa de Estados débiles y una justicia inoperante. Finalmente, interpela a la conciencia masónica y ciudadana para buscar soluciones que trasciendan la mera represión y aborden la reconstrucción moral y educativa de los pueblos. (N. de la R.)
Debo aclarar que existen versiones que señalan que la entrevista a Marcola habría sido una pieza apócrifa, elaborada por Arnaldo Jabor en 2006 y resucitada en 2014, convirtiéndose desde entonces en una suerte de documento cuasi profético; de hecho, el link de la misma al pie es de la UNESCO…
Sea o no auténtica, lo cierto es que el PCC ha dejado estructuras vigentes, y su brutal derrotero continúa arrasando los cimientos de la sociedad brasileña, por lo que vale pensar sobre los temas planteados.
Aun si la entrevista fuese una construcción literaria, su contenido posee el valor de una denuncia lúcida y anticipatoria. Con el tiempo, se viralizó, ganó verosimilitud y, en virtud de su reiteración, adquirió
carácter casi canónico en el análisis del crimen organizado.
La más triste correspondencia con sus palabras se manifiesta hoy en los recientes y sangrientos hechos acontecidos en Río de Janeiro, donde aún resuenan los ecos de una nueva masacre.
Veamos:
I. El mensaje de Marcola, el síntoma y la advertencia:
Entre las memorias que a veces no me dejan cerrar los ojos, recuerdo haber leído aquella nota publicada, supuestamente (dicen hoy) por O Globo, donde se presentaba una extensa conversación con el muy presente Marcos Willians Herbas Camacho, alias Marcola, preso desde 1999 y condenado a más de tres siglos de prisión por robo, narcotráfico, homicidio y terrorismo. Jefe del Primeiro Comando da Capital (PCC), encarna la figura del criminal ilustrado, aquel que, desde la cárcel, teoriza sobre su propio fenómeno social.
Su historia de terror: Marcola es reconocido como el líder del Primeiro Comando da Capital (PCC), organización nacida en 1993 en la prisión de Taubaté (São Paulo), bajo el supuesto propósito de «luchar
contra la opresión carcelaria» y «vengar la masacre de Carandiru», ocurrida el 2 de octubre de 1992.
Con el tiempo, el PCC se convirtió en la red criminal más poderosa de Brasil, con ramificaciones que alcanzan todo el continente.
Recuerdo la entrevista por la frialdad de su análisis y la profundidad de sus conceptos.
Desde entonces, me quedó la sensación de haber reconocido un patrón de conducta social que florecería inevitablemente ante la inacción de los poderes públicos y la indiferencia colectiva.
Su discurso comienza con una declaración lapidaria:
«A la pregunta de si Ud. es del PCC, dice: Más que eso, yo soy una señal de estos tiempos. Yo era pobre e invisible. Ustedes nunca me miraron durante décadas… Ahora estamos ricos con la multinacional de la
droga. Y ustedes se están muriendo de miedo. Nosotros somos el inicio tardío de vuestra conciencia social… Yo leo a Dante en prisión.»
II. El espejo invertido de la sociedad
En sus palabras, Marcola se autodefine como síntoma y producto de una sociedad enferma. Interpreta la violencia organizada como una consecuencia lógica de la pobreza estructural, la impunidad institucional y la globalización del crimen.
Habla de la «post-miseria», una nueva realidad social irreductible a los esquemas políticos tradicionales, sostenida por Estados debilitados, burocráticos y corruptos. El crimen organizado, en cambio, se erige como una empresa moderna, con disciplina interna, gestión eficaz y capacidad de adaptación global. El
contraste es brutal: la criminalidad se profesionaliza mientras el Estado se degrada al priorizar otras delincuencias, como el Carry Trade, cargando de deudas la espalda sufrida de una sociedad que aún espera soluciones de la democracia y sus instituciones.
La «post-miseria» ha dado origen a una nueva especie social, mutante, que se educa en el barro y se diploma en las cárceles, carente de esperanza y, por ello, despojada del miedo a morir.
En sus propias y descarnadas palabras :
«Ya somos una nueva especie, diferente a ustedes. La muerte, para ustedes, es un drama cristiano en
una cama; para nosotros, la comida diaria, en una fosa común. No hay más proletarios ni explotados: hay algo nuevo, cultivado en el barro, educado en el analfabetismo y diplomado en las prisiones.»
Su pensamiento, teñido de un nihilismo lúcido, anticipa la crisis civilizatoria que hoy atravesamos: la sustitución del ciudadano por el sobreviviente, de la ley por el cálculo del poder y el adormecimiento del
Soberano (pueblo) en colchones de soñados billetes y consumismo.
La droga se ofrece impunemente para aligerar la terrible levedad del ser del deseo y el apego.
III. El presente: el eco de Río
El 28 de octubre de 2025 nos despertamos con el terror a flor de piel; los complejos de Penha y Alemão (Zona Norte de Río de Janeiro) fueron escenario de un operativo policial a gran escala. Miles de agentes, blindados y drones enfrentaron a las facciones del Comando Vermelho (CV), un fuerte derivado del PCC. El saldo fue espantoso: más de 120 muertos, entre ellos civiles y policías, en una operación que debía descabezar una organización similar a la que dirigía Marcola.
Las denuncias de ejecuciones, torturas y decapitaciones sumieron a la ciudad en un clima de horror.
El hallazgo de armas de guerra, incluyendo un fusil FAL de Fabricaciones Militares robado en Argentina, revela el alcance transnacional del tráfico de armas y la debilidad institucional regional.
Mientras tanto, en nuestro propio país, el narcotráfico se infiltra silenciosamente bajo la inacción de una dirigencia que reprime al débil pero pacta con el poder económico del crimen; sirva solo de aproximación el conocido y ocultado tema del narco Machado y su relación con el nominado a diputado Espert y sus derivaciones, durmiendo en los cajones de un servil poder que se llama a sí mismo justicia.
IV. La interpelación a la conciencia masónica
Ante esta realidad, como ciudadanos y, mucho más, como masones, no podemos permanecer en silencio.
Nuestra Orden nos enseña que la Justicia no es sólo una virtud teórica, sino una práctica activa, orientada al equilibrio social y a la defensa de la dignidad humana.
Debemos interrogarnos:
- ¿Cómo combatir el mal sin destruir más aún el tejido humano?
- ¿Qué papel debe asumir la Justicia cuando el Estado se ve superado por
su propio descuido?
No podemos olvidar la saña con que la ministra apalea jubilados y ordena las marchas multitudinarias, o que obliga a los gendarmes a la represión dejando abiertas las fronteras que solo declamativamente se
pueden considerar como «controlables».
- ¿Es posible una solución que no recaiga sólo en la represión, sino en
la inversión hoy descuidada en pos de sostener un Carry Trade,
bicicletas, monedas crypto como Libra? - ¿Cómo podremos financiar la reconstrucción moral y educativa de los
pueblos?
Incluso temas aparentemente periféricos como la despenalización de la marihuana deben ser analizados con serenidad y fundamento.
Hoy, países como España, Portugal, Malta, República Checa, Jamaica y parcialmente Argentina, han dado pasos hacia su regulación, distinguiendo entre uso terapéutico y recreativo.
¿Podrá esta senda, bien administrada, conducir a dirigir los esfuerzos para reducir la violencia o solo maquillará la enfermedad?
V. Palabras finales
Vivimos un tiempo donde la barbarie se disfraza de orden y la corrupción de justicia.
La entrevista de Marcola, apócrifa o no, es un espejo donde la sociedad se refleja deformada, y donde el masón, amante de la verdad, debe escudriñar sin temor para enfrentarse a los verdaderos problemas
que lejos están ya del sexo de los ángeles, la mixidad o la regularidad.
Esta plancha no pretende ofrecer soluciones cerradas, sino invitar al debate.
Que nuestros Talleres sean espacios donde la reflexión ilumine la acción, y donde la Justicia, en su sentido más elevado, vuelva a ser el norte de nuestra obra común, sin pausas ni descanso.
Estilo:
El resaltado de las citas y negritas es de la redacción de Parvis.

