En el contexto histórico de Italia en 1925, la masonería enfrentó uno de sus momentos más críticos. Bajo el régimen de Benito Mussolini se promulgó una ley que no solo prohibió a la Orden, sino que también marcó el inicio de un período de represión y control autoritario sobre la sociedad italiana. Resulta revelador recorrer las implicaciones de esta censura, los hechos que la precedieron y sus consecuencias.
El ascenso del fascismo
El año 1925 fue testigo de una transformación muy profunda en la política italiana. Mussolini, quien inicialmente había operado en un ambiente de dictadura suave, dio un giro hacia un régimen abiertamente autoritario. Las «camisas negras», milicias paramilitares organizadas y disciplinadas al fascismo, desataron una ola de violencia contra cualquier expresión política que se considerara adversa, instalando un clima de terror que se tradujo en matanzas y detenciones arbitrarias, y que conllevó también un ataque sistemático contra la masonería.
A través de la pluma de Velia Iacovino, el Gran Oriente de Italia ha recordado estos tristes acontecimientos en su página oficial con un artículo titulado 1925. El año en que la masonería fue prohibida por ley por el fascismo. La historia de la masonería en Italia durante el fascismo es un recordatorio vivo de los peligros de la intolerancia, y para al reflexionar sobre estos hechos, comprender los principios que debe sostener la masonería cuando enfoca la mirada en la sociedad.
La institución era vista entonces como un bastión de articulación democrática y en oposición al régimen, por lo cual se convirtió en uno de los blancos preferidos de la represión. La propaganda fascista, en paralelo, alimentó el odio hacia sus miembros, presentándolos como enemigos del Estado y de la nación, narrativa que sembró el terreno para que se dictara una prohibición oficial.
Implantaron una ley
El 26 de noviembre de 1925, se promulgó la ley que prohibía la masonería en la península, bajo las firmas del rey Vittorio Emanuele III y Mussolini, restringió fuertemente el derecho de asociación. La legislación, conocida como “Regularización de las actividades de las asociaciones”, fue un paso fundamental en la consolidación del poder del gobierno fascista y el desmantelamiento del esquema liberal de organización del Estado.
Antes de su aprobación, transcurrieron más de dos años de violencia y asaltos a logias masónicas. Una circular emitida por el Partido Nacional Fascista en abril de 1925 denunciaba a la masonería como una amenaza a la unidad nacional. Este ataque sistemático sentó las bases para la legislación que seguiría.
La resistencia
A pesar de la represión, algunos líderes de la oposición, como Antonio Gramsci, se atrevieron a alzar su voz en contra de la ley. En un parlamento dominado por el partido del gobierno, Gramsci verbalizó una de las pocas intervenciones en defensa de la masonería, aunque su esfuerzo fue en vano. La falta de apoyo y la atmósfera de terror hicieron imposible cualquier resistencia efectiva.
Legado de la prohibición
La prohibición de 1925 no solo marcó el fin de una era de libertades civiles en Italia, sino que también dejó una huella lamentable en la historia de la masonería, poniendo de relieve la importancia que la institución ha adquirido en distintos momentos como símbolo de resistencia ante la opresión y la necesidad de proteger los valores democráticos en diferentes sociedades.
Es importante recordar este capítulo oscuro no solo para honrar a aquellos que eventualmente haya sufrido bajo el régimen, sino también para reafirmar el compromiso perenne que deberían asumir los masones con la libertad, la igualdad y la fraternidad, para continuar siendo un faro de esperanza y un defensor de los derechos humanos, y por lo cual se debe permanecer vigilantes ante los desvíos de la deriva actual.
