En junio de 2023, el ginecólogo keniano Wahome Ngare participó en una entrevista para el canal de la organización Children’s Health Defense. Durante su intervención, lanzó una grave acusación contra la Organización Mundial de la Salud. Ngare declaró que durante las campañas de vacunación contra el tétanos en Kenia entre 2014 y 2015, la OMS no administró una vacuna convencional sino un supuesto regulador de la fertilidad diseñado para esterilizar a las mujeres en secreto.
Esta declaración, que rápidamente ganó miles de interacciones y se viralizó, se enmarca en un contexto de creciente desconfianza hacia las instituciones y las corporaciones médicas internacionales.
Ecosistema propicio para teorías conspirativas
La influencia de Ngare trasciende esta declaración aislada. Como presidente del Foro de Profesionales Cristianos de Kenia, muestra en sus redes sociales una clara adhesión a discursos radicales que abarcan desde la homofobia hasta el negacionismo climático y las teorías antivacunas. Su proyección internacional se consolidó en 2022 al participar en el documental «Infertilidad: Una Agenda Diabólica», producido por Robert F. Kennedy Jr.
Además, Ngare forma parte del consejo asesor de la rama africana de Children’s Health Defense, la organización que lideró RFK Jr. hasta 2023. En mayo de 2024, expuso estas mismas ideas ante la Conferencia Interparlamentaria Africana sobre Valores y Soberanía Familiar en Uganda, un foro que sirve de altavoz para agendas políticas antiabortistas y que fortalece las narrativas conspirativas.
De afirmaciones marginales a la institucionalidad
El heredero dinástico y líder demócrata Robert F. Kennedy Jr. es el secretario de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos desde el 13 de febrero de 2025, bajo la segunda presidencia del republicano Donald Trump. Esta designación transformaría radicalmente el estatus de las teorías conspirativas analizadas. Lo que antes eran afirmaciones marginales de grupos antivacunas se convertiría ahora en la posición oficial del principal organismo de salud pública de Estados Unidos. La legitimidad institucional conferiría una plataforma de alcance global a acusaciones que la comunidad científica había refutado consistentemente durante décadas.
La narrativa sobre la supuesta campaña de esterilización de la OMS en África, promovida por Wahome Ngare, ganaría una apariencia de credibilidad al contar con el respaldo explícito del gobierno estadounidense. Este desarrollo representaría un punto de inflexión en las relaciones internacionales de salud pública, creando una fractura profunda entre la autoridad sanitaria norteamericana y organismos multilaterales como la Organización Mundial de la Salud.
Libertad, igualdad y fraternidad frente a la polarización
Desde la perspectiva de los principios fundamentales de libertad, igualdad y fraternidad, este conflicto presenta una doble vulneración ética. Por un lado, los discursos conservadores que niegan la libertad de elección médica y propagan desinformación atentan contra el derecho fundamental de cada persona a tomar decisiones informadas sobre su salud. La fraternidad exige que se construyan puentes de confianza basados en la verdad científica, no que se siembren temores infundados que destruyen el tejido social.
Además, la instrumentalización del aparato estatal para promover desinformación científica violaría el principio de igualdad ante la verdad verificable. La libertad de acceso a información precisa quedaría comprometida cuando la máxima autoridad sanitaria difunde teorías no validadas por el método científico. Este escenario crearía una tensión insostenible entre la lealtad política y la integridad profesional dentro de la comunidad médica y científica mundial.
Por otro lado, la sola posibilidad hipotética de que alguna institución pudiera administrar componentes no consentidos en vacunas representaría la máxima violación de la autonomía individual y la confianza pública. La igualdad en el acceso a la información transparente y veraz constituye la base de cualquier sistema de salud ético. La verdadera fraternidad humana nos exige rechazar tanto el paternalismo médico que ignora el consentimiento informado como la desinformación que manipula los legítimos temores de la población.
Rumor persistente
La acusación de que la OMS utiliza vacunas para esterilizar poblaciones no es nueva. Este rumor tiene sus raíces en 1994, cuando la organización antiabortista Human Life International (HLI) la divulgó en Filipinas, México y Nicaragua. La narrativa se aprovecha de un hecho real, pero lo distorsiona.
En la década de 1970, la OMS investigó, en fase puramente experimental, una posible conexión entre la hormona hCG y la toxina tetánica para el desarrollo de un anticonceptivo. Estos estudios nunca superaron la fase de ensayos clínicos y jamás se implementaron en campañas de vacunación reales. A pesar de que la OMS y UNICEF desmintieron oficialmente estas afirmaciones en 2014, el rumor se recicló y adaptó para el contexto keniano.
Sin impacto en la salud pública
A pesar de la amplia difusión de estas teorías, su impacto concreto en los programas de inmunización en Kenia ha sido limitado. Los datos de 2021 muestran que el país mantuvo una de las coberturas de vacunación contra el tétanos más altas de África, con un 95% de los bebés inmunizados.
No obstante, el rumor encuentra hoy una nueva y poderosa plataforma. La llegada de Robert F. Kennedy Jr. a la cabeza del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos, junto con la presencia de sus aliados en comités de supervisión de vacunas, podría otorgar una legitimidad sin precedentes a estas afirmaciones infundadas, reavivando un debate que la ciencia había zanjado hace años, pero que ahora se enarbola entre una nube de prejuicios.
