Un artículo reciente publicado por la revista masónica francesa Línea Infos Loges ha expresado hace poco una preocupación por una supuesta tendencia a otorgar significados religiosos, mágicos y místicos a los símbolos masónicos, con lo cual se estaría distorsionando el propósito original y poniendo en riesgo la esencia de la Orden, transformándola en un sistema dogmático y excluyente.
El autor Milton Arrieta-López vertió estos conceptos en calidad de redactor de la última edición, oportunidad en la que se propuso analizar la naturaleza de lo que denomina «simbolatría», su impacto negativo en la práctica masónica y la diferencia entre el estudio legítimo del esoterismo y la imposición de sincretismos ajenos como verdades indiscutibles dentro de los espacios masónicos.
La masonería especulativa se fundamenta en el uso de símbolos como herramientas para la introspección moral, la reflexión filosófica y el crecimiento personal, reconoce Arrieta-López, a lo que agrega que estos símbolos están diseñados para fomentar la crítica y el desarrollo ético, actuando como un vínculo entre el individuo y los ideales más elevados de la fraternidad.
Siguiendo su punto de vista, es muy importante diferenciarla de la idolatría, la que en su sentido clásico se refiere a la veneración excesiva de ídolos o imágenes, confiriéndoles un poder que no poseen, mientras que la reflexión actual involucra al contexto masónico e implica que los símbolos serían dotados de significados religiosos o místicos.
Con esta maniobra, en lugar de ser herramientas para la reflexión moral y el autodescubrimiento, los símbolos pasarían a revistar como objetos de interpretaciones esotéricas y dogmáticas, que carecen de base comprobable y limitan el pensamiento crítico, con riesgo de trivializar los conceptos y negar interpretaciones alternativas y/o racionales.
Arrieta-López no menciona que esta deformación sea patrimonio de alguna logia o institución en particular, sino que que analiza y describe el fenómeno como una forma abstracta, aunque podría dársele un tono de denuncia sin culpables objetivos. Sin embargo, es importante consignar desde Parvis que a todas luces, una característica principal de la práctica iniciática conocida como masonería es el estudio simbólico de la antigua tradición occidental, en un marco de respeto a la libertad de conciencia y de expresión, elementos sin los cuales cualquier conglomerado mal podría denominarse como tal.
Es importante señalar -continúa Arrieta-López- que estudiar el esoterismo en una logia es legítimo y puede enriquecer el conocimiento de los masones sobre temas amplios, ya que ofrece perspectivas valiosas que complementan el aprendizaje masónico. Sin embargo, según su opinión, el problema surge cuando este estudio se transforma en un sincretismo que impone doctrinas ajenas a los contenidos de la Orden, al establecer ciertas interpretaciones esotéricas como verdades indiscutibles.
Advierte el autor que se podría caer en un fundamentalismo simbólico, representando un desafío directo a la esencia especulativa de la masonería, ya que lo deseable es que en ella se respete profundamente la diversidad de creencias, pudiendo ser católico, judío, agnóstico o ateo, sin mella de merecer respeto. Cita como ejemplos que imponer interpretaciones específicas, como afirmar que «la verdad radica en la angelología» o «en la cábala», deshonra la diversidad espiritual de los hermanos.
Otro peligro más dañino del fundamentalismo simbólico es que se utilizaría para silenciar el debate racional, cerrando el diálogo mediante admoniciones basadas en creencias religiosas.
Concluye en que, sii mediante estas prácticas se llegara a promover la exclusión y el acoso, se marginaría a quienes no comparten estas creencias, creando un ambiente intolerante que es incompatible con los principios de igualdad y libertad de pensamiento. Un verdadero «bullying masónico», que podría desvirtuar a la Orden hasta convertirla en un entorno hostil para aquellos que se diferenciaran del colectivo.
