La teoría constructivista es una perspectiva teórica en el campo de la psicología y la educación que enfatiza el papel activo del individuo en la construcción de su propio conocimiento y aprendizaje. Sus principales principios son:

  • – El conocimiento no se recibe pasivamente, sino que se construye activamente por el individuo.
  • – El aprendizaje es un proceso de construcción de significado a partir de la experiencia. Los estudiantes interpretan y organizan la información nueva basándose en sus conocimientos previos.
  • – El aprendizaje es un proceso social y colaborativo. La interacción con otros, como maestros y compañeros, facilita la construcción de conocimiento.
  • – El aprendizaje es situado en un contexto. El conocimiento se adquiere y se aplica de manera más efectiva cuando está vinculado a situaciones y problemas reales.
  • – El desarrollo cognitivo es un proceso gradual y progresivo. Los estudiantes construyen su conocimiento a través de etapas de desarrollo.

Algunos teóricos constructivistas destacados son Jean Piaget, Lev Vygotsky y Jerome Bruner. Esta teoría ha tenido un gran impacto, enfatizando enfoques de enseñanza centrados en el estudiante, el aprendizaje activo y la resolución de problemas.

¿Podría esta tesis explicar el sistema de aprendizaje de la masonería? Veamos.

Los aprendices masones son sujetos activos que construyen significado a partir de sus vivencias, en el ambiente colaborativo de la logia, abordando unas leyendas que develan los dilemas del ser humano, a través de un proceso progresivo y por etapas. Hasta este punto, las coincidencias entre la teoría constructivista y la masonería son fundamentales.

En la masonería, el método del simbolismo como herramienta de instrucción complementa magistralmente la sistematización descripta por esos teóricos de la pedagogía.

En la masonería, este método ha dado los frutos que conocemos: una gran cantidad de instituciones que albergan a personas ávidas de conocimiento trascendente. Sin embargo, el constructivismo en pedagogía ha recibido críticas. Entre ellas se incluyen: la dificultad en la evaluación académica, una merma de enfoque en la enseñanza, la excesiva generalización en los conceptos, y algunas evidencias de bajos resultados o efectividad en quienes aprenden.

Estos comentarios críticos no condenan el modelo de sistematización de la enseñanza, sino que plantean el desafío de perfeccionar el método.

Por ponerlo en términos metafóricos, se trataría de cimentar ladrillo por ladrillo, piedra por piedra, en tanto se consolida y afianza la personalidad de un alumno/aprendiz que persevera en la búsqueda de nuevos saberes. A la vez, este sujeto tiene ante sí un espacio para compartir sus propias reflexiones por cuanto transita el camino junto otras personas que comparten casi idéntica avidez. Y cada uno de ellos irá exponiendo sus reflexiones e impresiones acerca de cada tema, mientras todos estarán apreciándose mutuamente en su desenvolvimiento vital. Todo esto, en procesos sutilmente similares en ambos ambientes, la masonería y la educación constructivista.

En definitiva, no hay mejor manera de caracterizar los aspectos más destacados de la vida masónica e iniciática que la denominación de una disciplina pedagógica emparentada con la construcción de edificios y monumentos, pues en ambos casos el horizonte se aleja a medida que se aprende algo nuevo, del mismo modo que el cielo se visualiza distante aunque se ascienda a la cima de la montaña.

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