«El mundo está lleno de cosas mágicas,
esperando pacientemente que nuestros sentidos se agudicen»
W.B. Yeats formula esta sencilla invitación a reflexionar sobre la percepción y la maravilla que adorna el entorno, instando a abrir los sentidos y afinar la percepción para descubrir la magia que yace en lo cotidiano, sugiriendo que la belleza y lo extraordinario aguardan una atención perseverante. Esta frase recuerda la importancia de estar presentes y conscientes para apreciar la profundidad y la maravilla de la naturaleza y del producto humano, invitando a explorar el mundo con una mirada más aguda y receptiva.
Una reflexión de esta índole cava hondo en las más profundas enseñanzas de la iniciación, que en algún momento ofrece la posibilidad de agudizar la percepción horizontal para apreciar la belleza y el conocimiento sistemático.
Procurando una mayor precisión conceptual, es importante señalar que la diferencia entre agudizar los sentidos y hacerse consciente del entorno radica en el enfoque y la profundidad de la percepción. Agudizar los sentidos implica desarrollar la capacidad sensorial de manera más intensa y refinada, lo que implica una mayor sensibilidad y agudeza en la percepción de estímulos sensoriales específicos.
Por otro lado, hacerse consciente del entorno implica una atención plena y una conexión más amplia con el mundo alrededor, incluyendo no solo los estímulos sensoriales, sino también aspectos emocionales, cognitivos y ambientales más amplios. Mientras agudizar los sentidos se centra en mejorar la capacidad de percepción sensorial, hacerse consciente del entorno abarca una comprensión más holística y profunda de la interacción con el entorno en su totalidad.
La algesia y la sensación vestibular -a pesar de que son postulados como sentidos adicionales- no son considerados sentidos en la misma conceptualización que los cinco clásicos: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. La algesia se refiere a la percepción del dolor, mientras que la sensación vestibular está relacionada con el equilibrio, la percepción del movimiento y la posición del cuerpo en el espacio. Aunque ambos son aspectos importantes de la percepción sensorial y contribuyen a la experiencia corporal, no se clasifican como sentidos independientes en el mismo sentido que los cinco tradicionales.
Según un estudio realizado por investigadores del Instituto Max Planck con 13 culturas e idiomas diferentes, incluyendo el español, el sentido más importante y frecuentemente usado por los seres humanos es la vista. En todas las culturas analizadas, las palabras y verbos relacionados con ver, mirar, observar, ojear, leer, etc. suponen más del 60% de los vocablos referidos a los sentidos.
Algunas razones que explican por qué la vista es el sentido más universal son:
- Casi el 50% del cerebro está dedicado al procesamiento visual
- Desde un punto de vista evolutivo, la visión ha sido fundamental para la supervivencia de los seres humanos y otras especies
- La vista proporciona información más detallada y precisa sobre el entorno que otros sentidos
Sin embargo, los otros siguen siendo fundamentales para la percepción e interacción con el mundo, y su importancia relativa varía según la cultura. En algunas lenguas como el español o el italiano existen palabras con significados multisensoriales donde solo el contexto permite saber si se refieren a la vista u otro sentido.
La preponderancia visual, que se refiere a la tendencia de la mente humana a aceptar los datos “a la vista” de manera dominante, ha influido significativamente en la preferencia actual por los mensajes gráficos, las imágenes y las ilustraciones. Esta inclinación se ha visto reforzada por la capacidad de la vista para procesar información de manera detallada y precisa, así como por la importancia de esta percepción en la cognición humana.
Este predominio no solo afecta la forma en que se percibe el mundo, sino que también influye en cómo se prefiere recibir y procesar información en la actualidad. En tal sentido, se puede también concluir en que la preponderancia visual haya contribuido a la predilección actual por los mensajes gráficos, las imágenes y las ilustraciones como medios efectivos de comunicación y expresión, llegando con su auge sin límites casi al éxtasis con las redes sociales basadas en imágenes, como Instagram, YouTube, Pinterest o TikTok, entre otras.
Al marcar la diferencia entre la reflexión y la acción, entre lo mental y lo físico, podría decirse que en lo físico y en las acciones predomina el tacto. Mientras que la reflexión y la acción suelen asociarse más con procesos mentales y decisiones conscientes, el tacto es un sentido físico que conecta directamente con el mundo material a través de la percepción táctil. Es el que permite experimentar la textura, la temperatura, la presión y otras sensaciones físicas que son fundamentales para la interacción con el entorno físico y para la realización de acciones concretas.
La relación entre los órganos del olfato, el oído y el gusto en el cuerpo humano se da a través de la interacción de estos sentidos para proporcionar una experiencia sensorial completa y compleja.
El sentido del olfato, o la olfacción, se produce a través de la nariz, donde las partículas transmitidas por el aire se captan al respirar. Los olores entran al cuerpo por la nariz y son detectados por el órgano sensorial que está directamente conectado con el cerebro.
El sentido del gusto se relaciona estrechamente con el olfato. La lengua es el órgano principal relacionado con el gusto, ya que contiene las papilas gustativas que detectan los sabores dulce, salado, ácido, amargo y umami. La combinación del sentido del gusto y del olfato es lo que realmente se percibe finalmente como sabor. En la acción de comer, las moléculas viajan hacia la cavidad nasal desde la boca, donde el bulbo olfatorio las detecta y se interpretan en el cerebro, junto con la información recogida por las papilas gustativas.
El sentido del oído es esencial para la percepción del mundo auditivo. Las ondas sonoras entran al oído y son amplificadas por el tímpano, viajando a través de la cóclea, un conducto lleno de líquido en el oído interno. Las células pilosas en la cóclea detectan los cambios en el líquido que las rodea y generan impulsos nerviosos que se envían al cerebro. De esta manera, las ondas sonoras se convierten en señales nerviosas que el cerebro interpreta como sonidos (ver y escuchar las notas de la Columna de Armonía).

