La mitología de la masonería se remonta a la época del rey Salomón para crear desde ahí una leyenda que conforma su esencia, y de la que ha sabido extraer los aspectos de valor para constituirse en la escuela de moral que puede presumir. Algunos creen que las logias masónicas fueron diseñadas en ese entonces -o desde Adán, inclusive-, y llegan a sostener que Moisés, durante su formación religiosa en Egipto, formando parte de aquel alto sacerdocio, fue testigo de prácticas que pueden considerarse precursoras por unos tales «Hijos de la Luz».
A partir de estos precarios elementos de juicio, se especula hace muchos años acerca de una conexión, dando crédito a una supuesta “conspiración judeo-masónica”, sobre la base de la cual se articularía una entente que pretende dominar el mundo, especialmente desde las finanzas y el poder político.
Lo cierto es que en el concierto de los historiadores y masonólogos no existe unanimidad en establecer el origen exacto de la Orden, por lo cual mal podría afirmarse una preeminencia determinada. En ámbitos académicos conviven actualmente diversas teorías al respecto, que se afirman o se desvirtúan, según hallazgos en distintos cursos de investigación. Ninguna de ellas, salvo las especulaciones detractoras, sitúan a la masonería -como fenómeno mundial- en el centro de tales devaneos, lo que la sitúa más allá de la situación de preminencia que algunos iniciados adquieran en las estructuras de gobierno de algún país en particular, o de entidades nacionales o supra nacionales.
Por ello, no es extraño encontrarse con la mitomanía de adjudicar a una conspiración de este tipo sucedida en México hace décadas, de resultas de la cual se llegó a conformar una organización secreta denominada El Yunque, fundada por el cura jesuita Manuel Figueroa, en Puebla, cuyo objetivo era instaurar un reino de Dios en la tierra, utilizando el anticomunismo como bandera, buscando el control político a través de grupos como el Opus Dei y persiguiendo a quienes creía causantes del mal.
En paralelo, la ideología del Tercer Reich alemán se vio influida por textos como “Los Protocolos de los Sabios de Sión”, que justificaron la persecución de los mismos culpables, a su juicio, bajo la acusación de tal conspiración, con un impacto en la historia notable, a pesar de que el congreso sionista de 1897 en Basilea negó la existencia de tales postulados.
La relación entre la masonería y las tradiciones judías es un tema complejo. Es evidente que la masonería, especialmente en sus grados capitulares, incorpora elementos de la cultura y la historia judía, como la simbología y ciertas leyendas, pero esto no la sitúa en el centro de actividades de poder como las que se le endilgan.
Y esta riqueza conceptual no es la única que aborda la institución, sino que también se inspira en una variedad de tradiciones, incluyendo la alquimia, el cristianismo esotérico, el templarismo, las órdenes de caballería y otras corrientes filosóficas. Por lo tanto, aunque hay una evidente influencia judía, no se puede afirmar categóricamente que la Orden sea una «heredera» directa de las tradiciones o de la vocación de poder de un determinado grupo, sino más propiamente podría decirse que ha adoptado y adaptado elementos significativos de diversas culturas y religiones a lo largo de su evolución, creando una amalgama que la ha transformado en un sistema simbólico y filosófico diverso y complejo.
