La dignidad humana es un principio intrínseco a la naturaleza de cada individuo y desempeña un papel crucial en la configuración de la sociedad, la política y la economía. En un mundo marcado por la diversidad, los desafíos y las injusticias, el reconocimiento y respeto a la dignidad de todas las personas se erige como un pilar fundamental para el desarrollo de comunidades justas, equitativas y prósperas.
Así se consigna conceptualmente el motivo principal de la declaración «Dignitas infinita sobre la dignidad humana», un pronunciamiento reciente del Dicasterio para la Doctrina de la Fe de la iglesia católica.
No solo se trata de un derecho inherente a cada individuo -sostiene el documento-, sino que también se transforma en un motor de cambio y transformación en la sociedad contemporánea. Su valor intrínseco trasciende fronteras y culturas, recordando la importancia de promover el respeto, la igualdad y la protección de los derechos humanos en todos los ámbitos de la vida.
La versión final de la declaración se presentó a principio de año durante la Sesión Ordinaria del Dicasterio, la que después fue sometida un proceso de evaluación y revisión del texto, que sufrió varias modificaciones en homenaje a la precisión de los principios fundamentales de esa importante vertiente cristiana, con lo que vio la luz recién en abril luego de recibir la aprobación del Papa.
Al comienzo del proceso de su generación se generaron expectativas acerca de si este texto podría abordar ciertos puntos controversiales de la aplicación de los sacramentos a comunidades que padecen actualmente algún tipo de marginación total o parcial, pero estas previsiones resultaron infundadas ya que en su mayoría se registran definiciones abstractas y algunas alusiones graves perjuicios sociales, políticos y económicos que afectan la dignidad de las personas.

Según la declaración, la definición precisa de la dignidad humana se refiere al valor intrínseco e inalienable que posee cada ser humano simplemente por el hecho de ser persona, el que no depende de circunstancias externas, logros individuales, características físicas, sociales o económicas, sino que se fundamenta en su condición misma del individuo, por haber sido “creado a imagen y semejanza de Dios”, lo que le otorga un estatus único y trascendente.
Los asuntos abordados en el documento se refieren a los principios fundamentales y supuestos teóricos, algunas aclaraciones para evitar confusiones en el uso del término, situaciones problemáticas actuales, denuncia de violaciones graves y actuales, la relación entre la fe y la promoción de una vida digna, y finalmente, una remarcación de su importancia para la antropología cristiana y la sociedad en general.
En esta ocasión, y apelando a la tradición de la iglesia y a la extensión de sus reflexiones al respecto, el concepto de dignidad en la antropología cristiana se desarrolla a través de varios aspectos, como el ontológico, el moral, el social y el existencial, proyectado éste último a la forma en que las personas transitan sus vidas y se relacionan con los demás.
Entre los ejemplos concretos de falta de respeto a la integridad humana, el texto incluye la discriminación racial y étnica, la trata de personas, la violencia de género, el trabajo infantil, la negación de derechos básicos, y el trato inhumano en prisiones. Capítulo que se profundiza con las alusiones a las ofensas, que se enumeran de la siguiente manera: homicidio, genocidio, aborto, eutanasia, tráfico de personas y tortura, las que sencillamente se encuentran alineadas con las anteriores.
En el capítulo del aterrizaje de tales conceptos en la realidad de cada día para las personas, se hace hincapié en que en el ámbito social, la dignidad humana impulsa la promoción de la igualdad, el respeto mutuo y la solidaridad entre los individuos, mediante el fomento de la convivencia pacífica y el fortalecimiento de los lazos comunitarios. La inclusión social y el reconocimiento de la diversidad -sostiene- se convierten en bases sobre las cuales se construye una sociedad más justa y cohesionada.
En lo político, la dignidad humana inspira la creación de leyes y políticas que protegen los derechos de las personas, sin distinción de origen, condición social o creencias, con líderes políticos interpelados, y promoviendo una gobernanza transparente, participativa y orientada al bienestar común, donde se incluye prioridades tales como la lucha contra la corrupción y el abuso de poder.
En el orden económico, la creación de políticas inclusivas que garanticen el acceso equitativo a oportunidades laborales, educativas y de desarrollo, inscribiendo la prescripción de que deben protegerse los derechos laborales y promoverse condiciones dignas de trabajo, con una mención a la protección del medio ambiente.
