La Guía de la Biblia, de Isaac Asimov, es producto de un esfuerzo del famoso autor de ciencia ficción para explorar y explicar los textos y la historia que contienen las escrituras, desde una perspectiva secular y académica.

El autor no era un experto en teología o estudios religiosos, pero con su aguda mente científica y su habilidad para explicar conceptos complejos de manera accesible, aborda un enfoque analítico y erudito, desglosando los diferentes libros, discutiendo su contexto histórico, su contenido y sus implicaciones.

Se ha seleccionado un fragmento de la Biblia que ubica su relato en tiempos de Salomón, y que está dedicado al momento de la construcción del gran Templo que decidió levantar, obedeciendo el mandato de su padre y antecesor, David, quien había prometido a la Jahvé dedicar un edificio de oración en su nombre.

Es oportuno agregar que la construcción del conocido como “Templo de Salomón” es el episodio bíblico sobre el cual se fundamenta la parte más significativa de la masonería especulativa, por cuanto de allí surge una leyenda cuyos detalles no están contenidos en el texto original, pero que constituyen la clave y culminación del simbolismo, y además dan pie a los grados superiores o filosofismo.

Acerca del Templo de Salomón existe limitada evidencia arqueológica y ha llevado a interpretaciones diversas.

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La principal fuente de información acerca de ello son los libros de 1 Reyes y 2 Crónicas del Antiguo Testamento, según los cuales el Templo habría sido construido por el rey Salomón en Jerusalén durante el siglo X a.C., como un lugar para albergar el Arca de la Alianza y para el culto al Dios de Israel.

Sin embargo, algunos estudiosos señalan que tales descripciones podrían ser exageradas o mitológicas, y sugieren que la edificación pudo haber sido más modesta de lo que se presenta allí.

En términos de evidencia arqueológica ha habido descubrimientos que sugieren la existencia de un complejo religioso importante en el lugar donde tradicionalmente se cree que estaba el Templo. Por ejemplo, excavaciones en el monte vecino han revelado restos de estructuras que datan de la época la primera edificación, aunque la identificación precisa de estas estructuras no ha sido esclarecida.

Además, hay inscripciones y textos antiguos ajenos a las escrituras que hacen referencia a eventos y figuras relacionadas con aquellos episodios, aunque no aportar suficiente evidencia o han resultado ambiguos.

La casa de Yahvé

Si el reinado de Salomón fue el punto culminante de la historia primitiva de Israel, la construcción del Templo fue lo más grande del reinado de Salomón a ojos de los autores bíblicos. David había planeado un Templo, pero su reinado fue demasiado turbulento para darle los necesarios años de paz para edificarlo. Salomón tuvo esos años de paz.

Lo que Salomón precisaba eran materiales brutos y artesanos capaces, y para lograr ambas cosas se dirigió a Fenicia. Hirán se había convertido en rey de Tiro en el 969 a. C., cuatro años después de que Salomón accediera al trono, y él también estaba preparado para un gran proyecto. (Hirán tenía tanta fama entre los autores bíblicos en relación con el Templo, que de manera anacrónica se le situó en el trono de Tiro en tiempos de David (v. cap. 10).

1 Reyes 5.2. Y Salomón envió a decir a Hiram…[95]

1 Reyes 5.5. Y quiero edificar a Yahvé, mi Dios, una casa…

1 Reyes 6.1.… el cuarto año del reinado de Salomón… comenzó a edificarse la casa de Yahvé.

Sin duda, como astuto hombre de negocios, Hirán se dio perfecta cuenta de que los ambiciosos planes de su vecino redundarían en beneficio de Tiro, pues suministraría la madera y los hombres necesarios al precio estipulado por él, que sería alto:

1 Reyes 5.7. Alegróse mucho Hiram cuando oyó las palabras de Salomón…

En sentido intrínseco, la construcción de un edificio no tiene nada de malo. Conectada con la economía de una nación, da empleo y contribuye al orgullo nacional. Lamentablemente, siempre se presenta la tentación de ir demasiado lejos, y al igual que muchos monarcas antes y después de él, como por ejemplo, Ramsés II y Luis XIV de Francia, Salomón fue demasiado lejos.

En primer lugar, la construcción del Templo significó un derroche de mano de obra forzada:

1 Reyes 5.13. Salomón hizo en todo Israel una leva de treinta mil hombres para el trabajo,

1 Reyes 5.14. que enviaba al Líbano…

La Revised Standard Version traduce así este versículo: «El rey Salomón hizo en todo Israel una leva de mano de obra forzada».

Más adelante se afirma que únicamente los cananeos que quedaban fueron así esclavizados para cumplir la maldición que, según la tradición, cayó sobre Cam (v. cap l).

1 Reyes 9.22. No empleó Salomón como tales a los hijos de Israel…

Sin embargo, esto último parece una defensa contra la lista de agravios presentada por los israelitas que se apartaron de la dinastía de David. Es mucho más probable que las cuadrillas de trabajo se formaran de todas las fuentes disponibles, tanto israelitas como cananeas. Lo mismo puede decirse de los impuestos, que se recaudaban de manera eficaz gracias a las medidas de Salomón.

Salomón se extralimitó de tal manera en el empleo de sus recursos para la construcción del Templo, que no pudo pagar a Hirán toda la deuda acumulada ni en dinero ni en bienes; además debió entregar tierra. Una vez que se terminó el Templo:

1 Reyes 9.11 … dio Salomón a Hiram veinte ciudades…

Las ciudades entregadas formaban parte de las posesiones tribales de Neftalí en Israel. Inevitablemente, aquello hirió el orgullo de los israelitas y fue otro motivo de rechazo hacia la dinastía de David.

La edificación del Templo fue un hecho tan fundamental, que los autores bíblicos dan su fecha no solamente en relación con el reinado de Salomón sino también con el mayor giro de la historia israelita:

1 Reyes 6. 1. El año cuatrocientos ochenta después de la salida de los hijos de Israel de Egipto… comenzó a edificar (Salomón) la casa de Yahvé.

No puede ser cierto. Cuatrocientos ochenta años antes de la edificación del Templo era el 1449 a. C., cuando Tutmosis III, el monarca más victorioso de Egipto, se encontraba en plena época de conquistas. Es impensable que el Éxodo pudiera tener lugar en su reinado.

Los autores bíblicos suelen dar mucha importancia a las cifras, y en épocas griegas y romanas arraigó en ellos una sabiduría casi mística de los números. Esto se denominó «gematría» corrupción de la palabra griega geometría, que desde luego no era exclusiva de los judíos. Los números han ejercido fascinación en todos los pueblos, y en todas las culturas encontramos vinculaciones místicas en combinaciones numéricas. Hasta los griegos, tan racionalistas, fueron incapaces de sustraerse a ella, y el filósofo Pitágoras fundó una escuela que, al tiempo que realizaba un gran trabajo en matemáticas, se perdía en inútiles especulaciones en torno al misticismo de los números.

El período de 480 años pudo surgir de contar a los diversos jueces como si hubieran gobernado de manera sucesiva (v. cap. 7), en lugar de hacerlo en forma alternada; y la cifra exacta pudo ser el resultado de que 480 es igual a 12 multiplicado por 40. Al fin y al cabo, puede considerarse que cuarenta años es la duración de una generación, y doce tiene el valor místico de ser el número de tribus o, para el caso, de los signos del zodíaco. Por consiguiente, lo que los autores quieren decir es que el Templo se edificó doce generaciones después del Éxodo.

En realidad, 480 años es casi el doble de la cifra más probable. Si fijamos en 1211 a. C. la muerte de Merneptah (v. cap. 2), resulta que la construcción del Templo tuvo lugar 242 años después del Éxodo.

Siete años se tardó en edificar el Templo, que, por tanto, se finalizó y consagró en 962 a. C., cuando se colocó en él el arca de la alianza. Salomón también construyó un palacio para él y para su reina egipcia, al igual que fortificaciones para varias ciudades.

Antes de pasar a otro tema, indicaremos una pequeña curiosidad matemática vinculada a las instalaciones del Templo. Ello incluye uno de los objetos fabricados por un metalista tirio:

1 Reyes 7.23. Hizo asimismo un mar de fundición, de diez codos del uno al otro lado… y ceñíalo un cordón de treinta codos.

No se especifica la función específica del «mar de fundición», aunque lo más probable es que fuese un depósito de agua que servía para los ritos del Templo. Lo interesante es que, al parecer, el borde superior era de forma circular con un diámetro de diez codos y una circunferencia de treinta codos. Esto es imposible, porque la relación entre la circunferencia y el diámetro, razón que los matemáticos llaman «pi», se da aquí como 30/10 (o 3), cuando el valor real de «pi» es un decimal infinito que empieza así: 3,14 159… Si el mar de fundición tenía realmente diez codos de diámetro, debía tener una circunferencia de menos de treinta y un codos y medio.

Por supuesto, la explicación radica en el hecho de que los autores bíblicos ni eran matemáticos ni les interesaban las matemáticas, y se limitaban a dar cifras aproximadas. Sin embargo, para quienes están obsesionados con la infalibilidad de cada palabra bíblica y saben algo de matemáticas, les causará gran impresión saber que la Biblia afirma que el valor de «pi» es 3.

isaac asimov, Guía de la biblia. antiguo testamento, Cap.11 1 reyes.
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