La motivación principal para el apoyo político a la extrema derecha carece de una base económica. Este respaldo reside en una dimensión moral y psicológica que se centra en la necesidad humana de obtener reconocimiento social y dignidad.
Así surge del análisis del libro El pobre de derecha: La venganza de los bastardos, publicado por el sociólogo brasileño Jessé Souza en 2024, en el que sostiene la teoría de que una porción significativa de los pobres vota por candidatos como Bolsonaro o Trump -entre otros-, a pesar de que estos representantes políticos podrían perjudicarlos, especialmente desde el punto de vista económico.
La idea de que el problema no es la economía resume esta perspectiva con precisión. El factor económico resulta un criterio incorrecto para comprender la racionalidad humana cuando las personas toman decisiones políticas mediante el voto. Las fuentes detallan que el desprecio social funciona como el motor de este fenómeno.
Una humillación por aquí
La lucha por el reconocimiento de la singularidad representa el motivo último del comportamiento humano. Esta búsqueda es más elemental que cualquier otra necesidad porque las personas desean sustentar su autoestima. Los ciudadanos con escasos recursos votan por la extrema derecha debido a heridas morales que surgen de la humillación cotidiana.
Souza ha bautizado toda esta composición como el síndrome del Joker, en alusión al personaje de historieta que aterrizó con éxito en la televisión y el cine, en este último con películas de mucho éxito e impacto mediático.
Psicopatía y nihilismo en la figura del caos
Aunque es cierto, el perfil psicológico del Guasón o Joker presenta una complejidad multifacética que varía según las versiones de la cultura popular. Este personaje encarna a un individuo anarquista que siente una obsesión profunda por el caos. La psicopatía constituye su rasgo más trascendente dentro de la línea narrativa, en cualquier plataforma. Esta condición se caracteriza por una incapacidad manifiesta para adaptarse a las normas sociales.
El personaje opera sin un código moral ni sentimientos hacia el prójimo mientras actúa como un depredador violento. Algunas versiones muestran rasgos de psicoticismo que asocian la frialdad y la agresividad con una creatividad desbordante. Esta dimensión permite que el individuo idee planes elaborados que desafían cualquier lógica convencional. El personaje también manifiesta una dependencia obsesiva hacia su némesis (aquella figura antagónica que encarna los valores opuestos: el paladín de la justicia Batman en la ficción) porque siente que esa figura lo completa en una lucha eterna.
Nihilismo y relativismo moral
Personaje de historieta, el Guasón funciona como un filósofo radicalizado que desafía las convenciones sociales contemporáneas. Él personifica el nihilismo porque cree que la vida carece de un propósito constructivo. Las instituciones sociales representan para él construcciones arbitrarias que carecen de valor real. El personaje celebra el caos como una forma de liberación frente al vacío existencial.
Esta postura defiende un relativismo moral extremo donde los principios universales resultan ilusorios. Su comportamiento busca demostrar que las personas civilizadas se devoran entre sí durante los momentos de crisis. El personaje elige vivir sin restricciones morales para afirmar su libertad personal como el valor supremo. Él se percibe como un creador que impone su propio sentido al mundo mediante la destrucción de las estructuras existentes.
Toc, toc, toc
Los principios de la masonería promueven el progreso integral y exigen que sus miembros posean buenas costumbres. Su tríada fundamental de libertad, igualdad y fraternidad encuentra que el triángulo se desbalancea, cuando está apoyado solo en uno de sus vértices.
El marco ético de la Orden parece resultar fatalmente incompatible con la caracterización psicológica del Guasón. El requisito de ser una persona libre y de buenas costumbres choca frontalmente con la psicopatía y la falta de empatía del personaje (que, saliendo de la historieta y las pantallas, actúa y opera políticamente con su concepción y su voto sobre el destino de la sociedad en su conjunto).
El Guasón es un individuo moralmente depravado que opera como un depredador violento, sin remordimientos. Su defensa a ultranza del relativismo moral sostiene que los principios universales son meras ilusiones o juegos, por lo que se opone diametralmente al esfuerzo de los miembros de una logia por abrazar la virtud mediante el estudio y la rectitud. Tal vez la teoría de Jessé Souza haya encontrado la punta del ovillo del decaído interés de las generaciones jóvenes y empobrecidas por la masonería.
El síndrome de humillación y la tragedia de Arthur Fleck
La versión de Arthur Fleck -la identidad civil del protagonista en la película Joker de 2019- encarna el síndrome de humillación crónica que Jessé Souza describe en sus estudios sociológicos. Este fenómeno afecta al ciudadano empobrecido que sufre desprecio constante en su hogar y en su pobrísimo entorno laboral. El personaje padece trastornos múltiples como la depresión y la afección pseudobulbar.
Siempre según Souza, el capitalismo financiero global y el neoliberalismo utilizan el concepto de la meritocracia para presentar la pobreza como una culpa individual e intransferible. Los sistemas de dominación convencen a los oprimidos de su propia inferioridad para asegurar el control social. Entonces, Arthur Fleck representa a este hombre invisible que busca desesperadamente un sentido del yo en una sociedad indiferente.
La explosión del odio y la búsqueda de identidad
La extrema derecha capitaliza esta herida narcisista mediante mecanismos de manipulación que redirigen el resentimiento acumulado. La lógica meritocrática impide que el odio se dirija hacia los verdaderos dominadores del sistema. La rabia se enfoca entonces hacia colectivos que el discurso oficial presenta como más frágiles, dice el sociólogo brasileño. Este proceso permite que los desprotegidos se identifiquen con el poderoso para sentirse fuertes y temibles.
La violencia del personaje surge como una respuesta inevitable al rechazo social que experimenta sistemáticamente. Este acto lo convierte en un símbolo de rebelión para los oprimidos que comparten su sentimiento de marginación.
Los sectores empobrecidos buscan compensar la falta de dignidad mediante una visión sencilla del mundo. La búsqueda de reconocimiento impulsa la adhesión a teorías que brindan un sentido de pertenencia. Al final, estos individuos encuentran en el extremismo una causa para procurar sanar.
