La Logia Pedro Castelblanco Agüero 229, conocida como la «Logia Parlamentaria», congrega cada miércoles en Valparaíso a una decena de legisladores y funcionarios del Congreso chileno. Los integrantes asisten a un templo de ornamentación sobria donde abandonan sus diferentes posicionamientos políticos para interactuar fraternalmente.
Este taller ha vuelto a funcionar formalmente desde hace 16 años, aunque sus antecedentes se remontan a 1992. La organización surgió para atender las necesidades espirituales de los masones que, debido a sus labores legislativas en esa ciudad portuaria, no pueden concurrir a sus logias de origen.
Valparaíso es la sede oficial de la legislatura de Chile, por lo cual recibe a los parlamentarios que provienen de las diferentes regiones del país para desenvolver sus labores. Algunos de ellos son masones. Esta es la razón que fundamentaría la existencia de una logia que podría llamarse «de tránsito».
Membresía y práctica del rito
El grupo está compuesto exclusivamente por hombres que pertenecen al Rito Escocés Antiguo y Aceptado, en el marco de la Gran Logia de Chile. Mientras algunos miembros declaran su pertenencia de forma abierta, otros mantienen su participación en reserva, en virtud de normas de privacidad ya conocidas.
En sus filas han participado figuras de diversos sectores políticos, incluyendo a Mario Desbordes (exministro de Defensa y presidente del partido Renovación Nacional), quien ejerció como venerable maestro, Alejandro Navarro (profesor y político de izquierda de la región del Biobío), Eric Aedo (del Partido Demócrata Cristiano) y Alejandro Guillier (periodista y sociólogo del Partido Radical).
Este artículo está basado en lo que reporta el periodista Nicolás Parra Tapia en un informe periodístico publicado por el portal de noticias biobiochile.cl, bajo el título de Masones en el Congreso: la reservada historia de la Logia «Parlamentaria» Pedro Castelblanco 229.
Dinámica parlamentaria y ética pública
Lo que en apariencia sintetiza las más bien intencionadas ideas de unidad nacional tuvo sin embargo inmediatas repercusiones públicas al conocerse la noticia. El sociólogo Ricardo Balladares Castilla afirmó sin tapujos:
La Constitución dice que la soberanía reside en el pueblo. El pueblo vota por un candidato esperando que defienda sus ideas, no las de una logia secreta. Pero estos señores (…) han construido un espacio paralelo al Congreso, donde se jura fidelidad a un código oculto. – En: La logia del silencio en el Poder Legislativo: un pacto de silencio que vulnera la democracia. edicioncero.cl
Diversos parlamentarios precisaron que la influencia masónica persiste en el entorno legislativo, aunque los integrantes de la Logia Pedro Castelblanco Agüero 229 niegan cualquier tipo de privilegio entre hermanos que afecte el bienestar del país. Los miembros sostienen que el pensamiento político individual prima sobre la pertenencia a la fraternidad y que los asuntos partidistas quedan fuera del espacio ritual. Sin embargo, algunos participantes admiten que, tras finalizar las actividades ceremoniales, existen instancias para dialogar sobre la coyuntura nacional y las reformas en curso.
El espacio de reflexión filosófica
Las reuniones se desarrollan habitualmente los miércoles en el Templo Aurora, con una flexibilidad horaria que se ajusta a la agenda de las comisiones del Congreso. El trabajo consiste en la exposición de planchas, acerca de filosofía y ética. Los miembros avanzan en su formación iniciática a través de los grados del simbolismo, pudiendo acceder posteriormente a los grados superiores o capitulares. Para muchos legisladores, la logia representa un entorno de mayor libertad y respeto intelectual que el ofrecido por sus propios partidos políticos.
Pero las críticas de Balladares Castilla insisten en tener un punto de apoyo en el voto popular:
Cuando usted o yo depositamos el voto, lo hicimos pensando que nuestro representante actuaría en conciencia, mirando a sus electores y a su partido, cuyo programa y principios son públicos. Pero si existe una lealtad previa a «hermanos» de otras bancadas, con rituales y juramentos secretos, el mandato queda viciado de origen.
En vulgar lenguaje político argentino existe una expresión que se ha patentizado si alguna vez se participó en silencio de una tenida de logia: «tragar sapos». Una experiencia conocida por incontables personas. Porque como no se exige coincidencia ideológico-partidaria para integrar la masonería, justamente uno de los valores de esta participación reside en poder escuchar —con imperturbable sonrisa— y saber callar acerca de las opiniones y puntos de vista que se encuentran en las antípodas de uno sin renuncia de la propia perspectiva. Eso es «tragar sapos». La supuesta unanimidad a la que esclavizarían los juramentos aludidos es una suposición legítima para quienes no forman parte de la Orden, pero está basada en la ignorancia de sus dinámicas.
Evolución histórica y social
El fenómeno no es nuevo, por lo cual la noticia no es que haya una logia, sino que ha sido remozada una vieja experiencia masónica, resurgida en la transición democrática post Pinochet. La masonería en el Congreso chileno experimentó una etapa de alta participación entre las décadas de 1940 y 1970, periodo en el que llegó a contar con un tercio de la representación parlamentaria. En 1992, con motivo de los 130 años de la Gran Logia de Chile, renació el interés por formalizar un espacio para los hermanos parlamentarios.
Esta iniciativa, impulsada por las autoridades de entonces, derivó en la creación de cámaras de instrucción con horarios adaptados. Finalmente, el 8 de abril de 2013, el Gran Maestro Luis Riveros Cornejo instaló oficialmente la logia bajo su nombre actual, en honor al destacado político radical Pedro Castelblanco Agüero. Actualmente, la institución se ha diversificado y recibe a integrantes de nuevas corrientes políticas, aunque analistas sugieren que su influencia en la esfera pública ha disminuido frente a otros grupos de interés.
