Barcelona: semana trágica

¿Cómo enfrentó la masonería española la cuestión obrera en el siglo XIX? Un viaje al Madrid de fines del siglo XIX, donde el Gran Oriente Español debatió entre el reformismo ilustrado y las demandas revolucionarias. El dilema de Miguel Morayta, los intentos fallidos de crear logias obreras y las lecciones que resuenan hoy en conflictos laborales. Una transcripción de documentos históricos, tensiones darwinianas y el «wokeismo decimonónico» que anticipó debates de la actualidad.

Madrid (1891). Imaginar el humo de los cigarros que dibujaba espirales en el aire, mientras 43 representantes del Gran Oriente Español discuten algo insólito: cómo responder al reciente Primero de Mayo que paralizó media Europa. En esa sala con paredes forradas de libros filosóficos, nació el primer gran debate social de la masonería española.

Así lo relata el columnista Eduardo Montagut en un artículo publicado en nuevatribuna.es, en el que aborda las primeras preocupaciones de los masones peninsulares acerca de la cuestión social.

El dilema de Morayta

Miguel Morayta, gran maestre y catedrático de Historia, se convirtió ese día en un agitador de conciencias, dice Montagut. Con su característica barba cuidada y gesto de profesor ilustrado, lanzó a la asamblea preguntas que resonarían en el tiempo, la más relevante de las cuales, decía:

«¿Debemos ser espectadores de la miseria obrera o arquitectos de un nuevo orden social?»

Sus argumentos, registrados en actas, revelan tensiones que aún se encuentran vigentes en la conciencia de los integrantes de la masonería:

  • La trampa de Darwin: ¿Eran las desigualdades una ley natural o el resultado de un fallo del sistema?
  • El fantasma de la Comuna: Temor a que el descontento derivara en violencia revolucionaria que conmocionara a España, como luego lo haría con Rusia
  • Receta masónica: Educación obrera vs derechos laborales inmediatos

1910: El experimento fallido que anticipó el siglo XXI

Dos décadas después, con la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) ganando calles y la Semana Trágica (1909) aún fresca, el GOE probó una fórmula que hoy llamaríamos «wokeismo decimonónico». Su plan: crear logias-obreras donde enseñar:

  • Geometría simbólica aplicada a sindicalismo
  • Filosofía ilustrada como antídoto contra el anarquismo
  • Protocolos masónicos para negociar con patronales

Pero como explicara la experta en historia social Clara Esteban:

«Fue como ofrecer té en porcelana Sèvres a quien pedía pan. Sus escuelas nocturnas apenas atraían a carpinteros y tipógrafos, mientras UGT multiplicaba afiliados»

Mientras la CNT estaba inscripta en el anarcosindicalismo y su método predilecto era la acción directa, la UGT (Unión General de Trabajadores) se inclinaba por el reformismo y fue socia del Partido Socialista Español hasta hace 40 años.

Lecciones para masones del siglo XXII

Montagut señala que se encuentran paralelismos sorprendentes, entre aquella experiencia y ciertas inclinaciones actuales de la masonería:

  1. El síndrome del salón elegante: Cómo debatir problemas reales sin salir del círculo intelectual
  2. La trampa del paternalismo: Cuando la formación se convierte en sustituto de la justicia

Los informes de 1891, que contienen la médula de los debates que atravesó esa línea masónica, siguen usándose en cursos de mediación laboral. Por lo cual, tienen todavía una vigencia muy particular.

«Si Morayta viviera, ¿sería influencer de teoría crítica o consultor de RRHH? , se preguntan ahora algunos observadores, con toda racionalidad.

En fin, el pan se amasa con la harina que está disponible. Podrá ser más o menos sabroso, pero al salir del horno sigue siendo pan. Tal vez sería actuar sin piedad, el andar midiendo la lucidez o el coraje, cuando sólo había intención de incitar la preocupación y la reflexión de propios y ajenos acerca de las urgencias del momento.

Fuente: El Gran Oriente Español y la cuestión social

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