Seamos realistas: la masonería no es una entidad homogénea. Abarca diversas tradiciones, sensibilidades y jurisdicciones, que a veces persiguen objetivos distintos, incluso opuestos. Esta pluralidad forma parte de su historia. Pero no puede justificarlo todo. Bajo el estandarte de la diversidad, no todo es aceptable.
Sin embargo, cabe aclarar que hoy en día existen voces hostiles a los derechos dentro de la masonería. Si bien no representan la norma general, evidencian una resistencia real al progreso social en temas esenciales: igualdad de género, reconocimiento de las minorías, aceptación de la diversidad de orientaciones e identidades, matrimonio entre personas del mismo sexo, derechos reproductivos y profesionales de las mujeres, migración, justicia racial e inclusión de las personas con discapacidad.
Entre los valores proclamados y las prácticas reales
Por un lado, las corrientes masónicas siguen trabajando por una mayor libertad, igualdad y fraternidad, entendidas como dignidad compartida. Por otro lado, algunos se aferran a interpretaciones selectivas de estos valores, teñidas de miedos, prejuicios o una empatía limitada. En esta versión reducida, la fraternidad se convierte en un club exclusivo, la igualdad en un mero eslogan y la libertad en una pose.
La pregunta que surge entonces es inevitable: ¿cómo puede una Orden que se proclama universalista tolerar lógicas de exclusión?
“Neutralidad” como pretexto
La masonería se define a sí misma como un espacio de libre pensamiento y debate sereno. Sin embargo, en el siglo XXI, ciertos sectores, tanto internos como externos, buscan obstaculizar el progreso en materia de derechos humanos. Ante esta situación, muchas logias optan por la evasión: no hablan de diversidad, eluden los problemas e invocan la unidad para evitar el debate.
Peor aún: algunas estructuras justifican la exclusión esgrimiendo una tradición rígida o interpretaciones «inmutables» de textos antiguos. Pero el argumento de «siempre ha sido así» es débil: a menudo es inexacto y contradice el método iniciático en sí, que se basa en la rectificación, la mejora y la elevación.
La tradición no es inmovilidad
Históricamente, la masonería ha evolucionado constantemente, influenciada por la Ilustración, reinterpretaciones simbólicas, adaptaciones culturales y transformaciones organizativas. Lo que algunos presentan como «puro» o «intangible» es, en realidad, el producto de sucesivas evoluciones. Por lo tanto, la verdadera cuestión no radica en «seguir la moda», sino en discernir lo que permanece coherente con la esencia masónica: dignidad, justicia y auténtica fraternidad.
Valores que deben convertirse en acciones
Para seguir siendo relevante, la masonería ya no puede conformarse con la retórica. Debe traducir sus principios en acciones concretas: cuestionar los mecanismos de exclusión, dejar de invocar la neutralidad para evitar debates difíciles y afirmar que los derechos humanos no son un tema secundario, sino una prueba de coherencia.
Porque, en la práctica, no tomar postura ya es una elección , a menudo en beneficio del statu quo.
La presencia de masones contrarios a los derechos humanos no es solo un problema interno; refleja una reacción más amplia a la expansión de los derechos, alimentada por el temor al cambio y la idealización de un pasado supuestamente más moral. Por lo tanto, la pregunta es sencilla pero crucial: ¿ avanzamos hacia un futuro más equitativo o seguimos siendo prisioneros de prejuicios deshumanizadores?
La respuesta no vendrá de un discurso. Vendrá de la coherencia entre nuestros valores proclamados y la realidad vivida en la logia. Y, como siempre en la iniciación, está en nuestras manos.
Fuente: Se transcribe textualmente un artículo aparecido en GADLU.INFO
LA FRANC-MAÇONNERIE ANTI-DROITS ? QUAND L’ORDRE SE CONTREDIT LUI-MÊME
