Las logias operativas desempeñaron un papel estratégico durante el proceso de emancipación del poder colonial español en América. Estas organizaciones se diferenciaban de las logias de formación espiritual o simbólica por su carácter eminentemente político. Tal carácter tuvo la conformación de la mítica Logia Lautaro, que encabezara José de San Martín para organizar el ejército y desenvolver la campaña de la independencia de la Argentina, Chile y Perú.
El historiador Emilio Corbière había definido con precisión esta naturaleza al señalar que, a diferencia de la masonería tradicional, estas estructuras nacían para cumplir un objetivo militar concreto y se disolvían al alcanzar su meta. Mientras la masonería operativa medieval se centraba en el arte de la construcción, estas logias modernas buscaban transformar la realidad política de su tiempo.
El historiador Mauricio Javier Campos ha desplegado una batería de argumentos en relación al tema hace pocos días en su blog, con un extenso artículo titulado La hoguera ideológica y otras cenizas. En él, además de precisiones acerca del carácter operativo, se menciona la supuesta influencia británica en la confección del plan continental de independencia y los emergentes del debate sobre la iniciación masónica de San Martín, entre otros aspectos.
Es oportuno traer estos temas a la memoria cuando el 25 de febrero se cumplen 248 años del nacimiento del Libertador.
Funcionamiento y disciplina de las logias
Siempre según el autor, el propósito principal de las logias operativas consistía en dirigir determinados asuntos públicos mediante el reclutamiento de personas con gran influencia social y alto rango militar. La Logia Lautaro constituye el ejemplo más destacado de un taller operativo masón en aquel período. Esta organización funcionaba con una disciplina severa que subordinaba incluso a los miembros del gobierno a sus reglamentos, lo cual permitía contener las ambiciones personales y corregir el espíritu anárquico de la época. En una época que carecía de partidos políticos, las logias operativas funcionaron como la maquinaria organizativa necesaria para coordinar los esfuerzos militares que aseguraron la independencia americana.
El debate sobre la iniciación de José de San Martín
Determinar si José de San Martín fue un masón iniciado en el sentido moderno o si lideró organizaciones que simplemente adoptaron la metodología masónica constituye todavía un tema de intenso debate historiográfico. Campos recuerda que las fuentes no presentan un consenso absoluto, pues distintos autores sostienen posiciones contrapuestas basadas en la naturaleza de las logias que el Libertador integró a lo largo de su carrera.
Varios de ellos defienden que San Martín cumplió con los procesos de iniciación formal. Sostienen que el prócer, junto a Alvear y Zapiola, recibió la luz masónica en Cádiz antes de su regreso a América. Los testimonios refuerzan esta idea al señalar que estos miembros utilizaban la cadena de unión, abreviaturas específicas y la firma con los tres puntos en su correspondencia.
Algunos investigadores mencionan que los patriotas recibieron grados intermedios en Londres y participaban en ceremonias con fórmulas litúrgicas y juramentos ante la espada. Además, grabados contemporáneos representan al general con atributos de Venerable Maestro presidiendo los trabajos del taller.
El tan mentado Gran Iniciado
Para la historiografía académica más rígida, al faltar actas de iniciación oficiales (muchas veces destruidas por seguridad), la cuestión de la iniciación formal de San Martín permanece en el terreno de una «certeza moral» o estratégica.
Desde la perspectiva del análisis histórico y masónico basado en documentos, la tesis de San Martín como «El Gran Iniciado» habita en un espacio complejo entre la tradición institucional y la evidencia historiográfica. Termina resultando una interpretación que depende de cómo se defina la pertenencia a la Orden.
Un punto insoslayable que las fuentes destacan es la reserva del propio San Martín. Él nunca se refirió a sí mismo como masón en documentos públicos, prefiriendo el término «sagrados compromisos». Este silencio es el que permite que la tesis de su iniciación formal sea cuestionada por autores como Martín Lazcano, quien ve en las logias un modelo diferente de la masonería como se conoce actualmente.
Maquinaria política y militar
En tal sentido, otros historiadores sugieren que estas organizaciones utilizaban la estructura masónica como un simple instrumento político sin poseer una esencia ritual. Juan Canter considera erróneo asignar un linaje masón tradicional a estas sociedades, argumentando que adoptaron la técnica y el ceremonial por ser el medio más eficaz para la obtención de sus objetivos.
Martín Lazcano niega que la iniciación masónica haya sido la ceremonia de admisión en la Logia Lautaro, afirmando que su organización se asemejaba más al modelo de los Carbonarios, una organización que operó mediante la conspiración armada en Europa a partir de 1820, promoviendo el liberalismo y el nacionalismo. Esta tesis encuentra apoyo en un comunicado de la Gran Logia Unida de Inglaterra de 1979, cuando la institución desmintió haber patrocinado a las logias de la independencia, reforzando la idea de que funcionaban como cuerpos autónomos ajenos a las estructuras regulares.
La red logística y la Comisión de lo Reservado
José de San Martín utilizó la estructura de las logias operativas para ejecutar su plan libertador con precisión técnica. Ese tipo organizativo facilitó sin duda una red de contactos que conectaba múltiples ciudades, como Buenos Aires, Santiago, Caracas y Lima.
Recuerda Mauricio Javier Campos que figuras como Francisco de Miranda tejieron esta trama de relaciones que permitió una acción concertada entre los patriotas. San Martín fundó talleres a medida que avanzaba su campaña, entre ellos la logia de Córdoba, la de Mendoza, la del Ejército de los Andes y la logia Paz y Perfecta Unión en Lima.
Estas entidades operaban bajo un estricto secreto y contaban con una Comisión de lo Reservado para tratar los asuntos más sensibles. Los miembros empleaban señales, toques y palabras de reconocimiento para mantener una comunicación en clave.
Geopolítica y controversias historiográficas
La historiografía contemporánea presenta debate también sobre la influencia externa en la ejecución del plan libertador. Trae a la memoria el artículo que el periodista, político e historiador Rodolfo Terragno identificó el Plan Maitland como un antecedente técnico de la campaña. Terragno demuestra una coincidencia exacta entre la ruta diseñada por el general inglés Thomas Maitland en 1800 y la estrategia que San Martín ejecutó años después: el control de Buenos Aires, el asentamiento en Mendoza, el cruce de los Andes y la liberación de Chile y Perú.
Este hallazgo ha dado lugar a tesis polémicas, como la del abogado Juan Bautista Sejean, quien describe a San Martín como un agente inglés y al proceso emancipador como una «tercera invasión inglesa» ejecutada por mercenarios. Sin embargo, las fuentes masónicas proponen una lectura basada en la confluencia estratégica. Mientras Gran Bretaña buscaba expansión comercial, los patriotas americanos perseguían la emancipación política. Esta visión plantea la existencia de reconocimientos mutuos circunstanciales, donde ambos actores aprovecharon una coyuntura histórica favorable sin que ello implicara una subordinación política o ideológica por parte de los libertadores americanos.
