La presencia de la comunidad sij resulta familiar en las ciudades cosmopolitas y constituye un elemento demográfico relevante en la India contemporánea, según reportan observadores en Europa. Los integrantes de esos núcleos participan activamente en diversas instituciones sociales, incluidas las logias masónicas, donde encuentran un espacio de confluencia con sus convicciones espirituales y filosóficas. Esta tradición combina un dinamismo progresista con una sólida fidelidad a sus raíces históricas, integrándose con naturalidad en las estructuras masónicas tanto británicas como indias. Su evolución histórica refleja un proceso de transformación constante frente a contextos políticos adversos y sistemas de opresión institucional.
Concepciones teológicas y filosóficas
La teología sij es monoteísta y plantea como propósito vital el desarrollo pleno de las potencialidades humanas en conexión con el principio supremo, el cual se concibe más allá de las expectativas tradicionales de salvación o vida ultraterrena. Este principio se describe en una doble dimensión como una realidad absoluta sin atributos y como una presencia personal dotada de atributos activos. El universo no se interpreta como una ilusión, sino como un escenario real donde se manifiesta la acción divina permanente. En esta visión, el ser humano posee libre albedrío y asume la responsabilidad directa de sus actos, situando el origen del mal en la ignorancia y en la desconexión con el principio ordenador. La práctica religiosa prioriza la acción desinteresada y el servicio a los semejantes por encima del ritualismo formal o el misticismo contemplativo.
Igualdad social y estructura comunitaria
Desde sus inicios, esta corriente religiosa rechazó de manera formal el sistema de castas e impulsó la igualdad absoluta entre hombres y mujeres, reconociendo el papel fundamental de estas últimas en la sociedad y condenando prácticas restrictivas tradicionales. La dimensión colectiva se articula mediante asambleas donde los miembros deliberan de forma participativa y se fomenta la ayuda mutua y la fraternidad iniciática. La comunidad promueve estilos de vida saludables y fomenta códigos de conducta sobrios orientados al bienestar general. Señalan que este modelo de organización social liberal presenta profundas convergencias ideológicas con los principios masónicos, tales como la referencia a un principio universal no opresivo, la igualdad de derechos entre sus integrantes y la práctica de métodos asociativos democráticos y participativos.
Orígenes y la labor de los diez gurús
El sijismo emergió durante el siglo XVI en la región de Punjab (compartida entre la India y Pakistán), en un periodo marcado por tensiones religiosas entre el hinduismo y el islam. Un gurú llamado Nanak propuso una corriente de pensamiento orientada a superar las divisiones dogmáticas y a establecer un marco espiritual tolerante y moderno. A su ejemplo y trayectoria le sucedieron otros nueve líderes espirituales que consolidaron la identidad de la comunidad. El segundo gurú, Angad, introdujo la escritura sagrada gurmuki, mientras que el tercero, Amar Das, instituyó el comedor comunitario conocido como langar para suprimir las diferencias de casta y fomentar la integración horizontal. Posteriormente, el cuarto gurú, Ram Das, fundó la ciudad que daría lugar a Amritsar y dio inicio a las construcciones del templo sagrado central.
Un informe detallado y puntilloso se ha publicado hace poco en el sitio masónico francés 450.fm, escrito por el profesor Michel Baron, un masón que luce una maestría en Ciencias Sociales del Trabajo, otra en Estudios Religiosos, y una más en psicoanálisis, entre otros reconocimientos académicos que incluyen estudios sobre espiritualidad, teología y filosofía.
Hacia la firmeza institucional
La consolidación institucional y defensiva del movimiento avanzó con los siguientes líderes históricos. El quinto gurú, Arjan, recopiló textos sagrados y estableció distintivos externos en la indumentaria tradicional, lo que generó tensiones con el imperio mogol y condujo a su persecución y martirio. Ante este escenario de creciente hostilidad, el sexto gurú, Har Gobind, adoptó una postura defensiva que combinaba la autoridad espiritual con la temporal, promoviendo la autodefensa armada de la comunidad y la construcción de fortificaciones.
Tras el liderazgo sucesivo de varios guías y la ejecución del noveno gurú, Teg Bahadur, asumió el décimo y último líder secular y religioso, Gobind Singh, quien fundó la cofradía militar y espiritual denominada khalsa, unificando socialmente a los adeptos e instituyendo bautismos ceremoniales y señas de identidad comunes para resistir la intolerancia externa.
Fuente:
Les sikhs : la tentative d’un pont spirituel entre islam et hindouisme (Los sijs: El intento de establecer un puente espiritual entre el islam y el hinduismo) –
