La literatura debe ir a lo profundo de las cosas y no quedarse en las apariencias. Debe situarse en la búsqueda por desarrollar el ángulo del mundo posible con la presunción y la humildad de saber descubrir cosas que, muchas veces, no pensaba o imaginaba. Proponerse esa tarea es muy interesante ya que evita quedarse en la superficie de la apariencia descriptiva de los hombres, de los barrios: propongo ir más allá, dar vuelta la esquina y penetrar en la realidad con la humildad de descubrir cosas que quizás otra persona que busca no sabe que podría encontrar, esto es, lo diferente, algo distinto. La verdad es difícil de objetivar y mantener como valor absoluto ya que un detalle lo cambia todo.

Estas reflexiones pertenecen al escritor siciliano Enzo Randazzo, quien estuvo de visita en Buenos Aires y otras ciudades de la Argentina en una gira bajo el título de “Italia, Sicilia e Sicilianità nel mondo contemporáneo” en el marco de su propia obra literaria.

Durante su estadía disertó en diversas oportunidades acerca del perfil multicultural de su tierra natal, al que atribuye una síntesis del espíritu mediterráneo en toda su extensión territorial e histórica y en el cual se expresan profundos valores humanistas, según su perspectiva de la sicilianidad.

Randazzo, quien es también un destacado director de teatro y ha ejercido la docencia hasta el presente, es un masón Grado 33 de la Gran Logia de Italia y estuvo en la Argentina acompañado de su esposa Franca.

Algunas de sus obras disponibles en internet son: Un egizio triste; Don Adalgiso e Fantasima saracina; Sicilia, my love; Il presidente Liccasarda; L’amore malato. Ricconti d’amore e di odio; entre otras.

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