“Si algo enseña la masonería, es a vestirse adecuadamente y a llegar a tiempo”. Así lo afirma Ishwariya Rajamohan, quien a su vez dice haberlo escuchado del podcaster Greg Kaminsky. Y remarca a continuación que aunque se suele destacar cómo el ser masón contribuye a mejorar y profundizar la vida espiritual, rara vez se reflexiona sobre cómo también ayuda a desarrollarse como individuos completos y funcionales. Lo cual pasaría inadvertido por priorizar los ideales elevados por sobre lo material, a pesar de la escuadra y el compás -como elementos centrales en la simbología- podrían estar señalando que no es posible cultivar lo espiritual sin estarse fundamentado en lo físico.
El autor, miembro de la masonería francesa, publicó en el sitio Webfil.info que el sistema de chakras indio ilustra esta conexión con claridad, diciendo que las tres bandas inferiores de energía reflejan aspectos del mundo físico, la primera de las cuales se relaciona con el cuerpo y las comunidades a las que se pertenece, incluyendo la Logia; la segunda, con las relaciones interpersonales; y la tercera, con el quehacer en el mundo. Estas capas -a su parecer- forman una infraestructura para acceder a los niveles superiores de espiritualidad, lo cual quedaría evidenciado en que cuando alguien tiene desequilibrio en su vida física, le resulta difícil centrarse en cuestiones más elevadas.
Podría decirse -desde su punto de vista- que mientras una persona religiosa percibe a Dios como algo separado debido a su excesivo apego a lo profano, una persona espiritual podría estar más cerca de la verdad, aunque a menudo se pierda en la búsqueda de comprender a Dios, incapaz de reconocer lo evidente. En cambio -según su parecer- un místico ha experimentado a Dios y sabe que no hay palabras capaces de describir esa presencia. Por lo cual concluye que su lenguaje está profundamente conectado con lo físico. La poesía mística, especialmente la oriental, “expresa el anhelo por Dios como el anhelo por un amante”, a la par que los místicos comprenderían que se está en la vida para reír, amar, sentir alegría y recordar a la verdadera esencia.
La masonería también enseña habilidades prácticas que fortalecen la base física en apoyo de del desarrollo espiritual. Cada miembro tiene la oportunidad de pulir su personalidad a través de los distintos cargos (en la oficialidad), que ofrecen lecciones valiosas si se está dispuesto a aprenderlas. Siempre según la perspectiva de Rajamohan, existe un sistema implícito de desarrollo personal, posiblemente heredado de la masonería operativa, que fomenta habilidades transferibles. Se aprende a ser conscientes de la postura corporal, de cómo se camina y se expresa, mejorando la dicción y cómo se deben estructura las ideas. También se cultiva la capacidad de escuchar y de respetar las opiniones de los demás.
Sin embargo, advierte el autor del peligro de caer en lo que denomina “materialismo espiritual”, para lo sería imprescindible no confundir lo espiritual con lo físico, porque el peligro no estaría en el materialismo per se. Este error -según su experiencia- se manifiesta cuando el poder personal no está fundamentado en lo físico. Si el camino masónico se reduce a “acumular insignias o jerarquías”, se pierde el verdadero propósito de la membresía masónica. En la espiritualidad, no hay «puntos» que sumar para una vida después de esta; solo se juzga a cada individuo por la pureza de corazón manifestada en cada momento.
Como acompañamiento, quiero compartir un pasaje del místico inglés del siglo XVII, Thomas Traherne, que expresa maravillosamente la conexión entre lo físico y lo espiritual:
«El trigo brillaba como inmortal, las piedras parecían oro, y los hombres como querubines inmortales. Todo era eterno, puro, y divino. Era como si la eternidad se revelara en cada cosa, manifestando una conexión infinita detrás de todo.»
