insondable fraternidadAutoridades masónicas chilenas, José Martí, milicias hacia Pavón y batalla de Valmy

Hace pocas semanas, una peregrinación de las máximas autoridades de las grandes logias masónicas masculina y femenina en Chile rindió honores en las tumbas de cinco ex presidentes de esa República, destacando la diversidad política y cultural del país y con la intención de promover el respeto hacia las figuras presidenciales y a las ideas que representaron, más allá de su afiliación masónica. 

El acontecimiento trae ecos de otros momentos históricos en los que quedó patentizada la influencia de la masonería en situaciones políticas y militares. En Cuba, el coronel español José Ximénez de Sandoval y el Capitán General Arsenio Martínez Campos, ambos masones, mostraron respeto hacia el líder independentista José Martí a pesar de pertenecer a bandos opuestos. En Francia, se sugiere que un acuerdo masónico secreto pudo haber influido en la retirada del ejército austríaco en la batalla de Valmy, contribuyendo al triunfo de los revolucionarios. En la Argentina, se plantea la posibilidad de un pacto masónico en la Batalla de Pavón entre líderes como Urquiza, Mitre y Derqui para apaciguar la guerra civil, aunque las razones exactas de la retirada de Urquiza siguen siendo inciertas.

Santiago (Chile, 2023)

El 14 de septiembre pasado las máximas autoridades de las grandes logias masculina y femenina de ese país llevaron a cabo una peregrinación a las tumbas de cinco ex presidentes de la República, ubicadas en el Cementerio General, en cuyo transcurso depositaron flores en las sepulturas de personalidades muy relevantes, pero también muy disímiles, como Manuel Blanco Encalada, Arturo Alessandri, Pedro Aguirre Cerda, Salvador Allende y Patricio Aylwin.

«En esta ocasión buscamos representar la diversidad de Chile, ya que cada uno de estos líderes encarnó distintas identidades políticas y culturales, todas significativas para diversos sectores nacionales”, dijo Sebastián Jans, Gran Maestre de la Gran Logia., a lo que agregó que “a través de esta ofrenda floral, cada asistente ha contribuido de manera simbólica a promover el respeto no solo hacia las figuras presidenciales, sino también hacia las ideas que ellos representaron».

«Nuestra intención no es resaltar la afiliación masónica de algunos de ellos -continuó diciendo-, sino más bien valorar las contribuciones individuales que cada uno hizo en la búsqueda sincera de soluciones para los desafíos que enfrentaba el país, con un profundo sentido de patriotismo y convicciones personales arraigadas».

Santiago de Cuba (1895)

“Ante el cadáver del que fue en vida José Martí (…) suplico a ustedes no vean en el que a nuestra vista está, al enemigo, y sí al hombre que las luchas de la política estacionaron … (frente a nosotros). Desde el instante que los espíritus abandonan las materias, el Todopoderoso (…) los acoge con generoso perdón allá en su seno; y nosotros, al hacernos cargo de la materia abandonada, cesa todo rencor como enemigo, dándole (…) la cristiana sepultura que los muertos se merecen”. José Ximénez de Sandoval, coronel español.

Estas frases, pronunciadas por el vencedor al ejército de Martí mientras despedía sus restos, fueron consideradas por algunos cubanos de la época e historiadores como un discurso hipócrita y de tono burlesco.

Se afirma que el tratamiento dado a los despojos mortales de Martí no estuvo sujeto a cuestiones políticas, sino más bien, a lazos entrañables y de hermandad que se habrían abrigado en la masonería, pues ambos fueron integrantes de la institución a pesar de su pertenencia a bandos opuestos.

Pero Ximénez de Sandoval no fue el único en guardar respeto. El propio Capitán General de la Isla de Cuba, general Arsenio Martínez Campos -también masón-, dictaminó a su turno tras una exhumación poco después, que su ataúd fuera reemplazado por el féretro más lujoso que se hallara. Y el mismo Martínez Campos negó a su propio hijo José un ascenso militar y una distinción honorífica por su participación en el combate de Dos Ríos, donde cayera abatido Martí, en señal de respeto por la muerte del líder de la independencia de Cuba.

Esta anécdota ilustra las mismas páginas en la que figuran distintos insurrectos que salvaron sus vidas gracias a los toques, palabras y signos misterios de la masonería, haciendo posible que  realistas y separatistas fueran leales al bando de la integridad humana, incluso por encima de las banderías. 

Valmy (Francia, 1792)

El autor Christian Jacq en su libro La Masonería. Historia e iniciación,  recuerda un caso paradigmático que sucedió en una batalla decisoria del futuro de la Revolución Francesa. Sin razones evidentes el ejército austríaco, en guerra desatada entre monárquicos y burgueses revolucionarios, se retiró del campo de batalla ese 20 de septiembre, en una deposición de la lucha que es adjudicada a un acuerdo masónico secreto entre los generales de ambos bandos para evitar el enfrentamiento. 

“¿Hay que concluir por ello que los hermanos decidieron de común acuerdo no librar batalla tras una intervención del masón Choderlos de Lacios, presente en el campo de operaciones?”, se pregunta Jacq. Y a sí mismo se responde que podría haber “parte de verdad en esta hipótesis”.

La batalla de Valmy arrojó sólo 484 bajas sobre 77.000 soldados y su desenlace contribuyó tanto a consolidar el triunfo de los revolucionarios que al día siguiente se decretó la abolición de la monarquía y se proclamó la República en París. 

Nota al margen: entre los combatientes aparece el muy conocido venezolano Francisco de Miranda, precursor de la independencia americana, que integró las filas francesas de Dumouriez como mariscal de campo.

Arroyo Pavón (Santa Fe, Argentina, 1861)

Si bien se han intentado algunas explicaciones, ninguna es totalmente satisfactoria salvo la que sostiene que la posible causa de la retirada de Urquiza sería un pacto subyacente gestado en la masonería, que habría involucrado a Urquiza, Mitre y Derqui, entre otros.

Los protagonistas habría estado comprometidos bajo juramento a apaciguar la guerra civil, complot que habría sido acordado durante una tenida masónica denominada “de la Unidad Nacional”, celebrada el 21 de julio del año anterior. 

Al respecto, un testimonio de la época sostiene que un heraldo norteamericano de apellido Yateman visitó a Urquiza en el campamento de las fuerzas federales, exhibiendo un salvoconducto de Mitre. El autor del Martín Fierro, José Hernández, enlistado en las filas entrerrianas, se encontraba próximo al lugar de la entrevista. Al ver que el extranjero se retiraba habría dicho, como al descuido: “Ese gringo se lleva el parte de la victoria”. 

La inesperada decisión de Urquiza dejó el campo abierto al ejército porteño. Mitre marchó hacia el norte y ocupó Rosario con 13.000 hombres y 42 piezas de artillería solamente una semana después.

Esta entrada se publicó antes aquí el 17/10/23

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