taberna romana

Parece que las costumbres de la Antigua Roma respecto de la preparación y el consumo de comida y de los lugares de encuentro para el consumo estaban condicionados porque la gente común no solía tener cocina en su casa, lo que obligaba generalmente a comer afuera, ya sea en locales o en la calle y hasta obteniendo comida para llevar.

Dicen los especialistas que existían tres tipos de espacios, el más completo de los cuales era la caupona, que podría ser considerada como el antecedente de lo que hoy se considera un hostal: ofrecían comida en una planta inferior y alojamiento en las de arriba, con establo si estaban fuera de las ciudades.

Luego estaban otras dos más parecidas a un bar actual, donde se servía comida rápida y menos elaborada: la popina que disponía de mesas y sillas, y la taberna, que ha llegado a esta época bajo el manto oscuro de ser considerada casi exclusivamente como un sitio para emborracharse, donde los concurrentes consumían parados o en bancos ubicados en el exterior del local. 

Es altamente probable que las costumbres de tiempos tan remotos hayan sido extendidas a todos los confines del Imperio Romano y mantenidas durante siglos, si se tiene en cuenta que los progresos sociales y económicos fueron muy lentos durante centurias.

Y también podría deducirse que hayan llegado impecables desde su origen y perdurado en Londres hasta el comienzo del siglo XVIII, donde según se sabe, sus tabernas cobijaron los primeros esbozos de la masonería especulativa. En ellas, albañiles (masones por origen) y aceptados (se llama así a los que, no formando parte del gremio, fueron recibidos y “aceptados” en la masonería) conformaron las primeras logias que constituidas formalmente como ámbitos de debate y perfeccionamiento moral, objetivos ambos que parecen contradictorios con la aparente naturaleza y el propósito del lugar de reunión elegido.

Pero para mayor precisión -y para pacificar las inquietudes propias de abstemios y puritanos-, los entendidos afirman que existía una calificación especial denominada “taberna vinaria”, que estaba reservada para denominar aquel lugar donde se consumía vino, con lo cual se remarca que la palabra taberna era una nomenclatura general no exclusivamente asignada a un sitio para beber, y por eso la especificación de ‘’vinaria’’. Y con esta distinción se restaña en parte la honra de los aquellos predecesores hermanos de antaño, a la vista de cualquier espectador que se escandalice.

En la Roma de aquella época se agregaban otros prestadores de servicios similares, desde el vendedor ambulante llamado lixae, los  stabulum de alojamiento para dormir, la ganea -un lugar en general oscuro y miserable relacionado con la prostitución- donde comida y bebida eran servidas por camareras que a su vez podían ofrecer servicios más íntimos.

Gracias por la inspiración @proyectoepiro

Esta entrada se publicó antes aquí el 11/11/23

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