Odiseo y los viajes

El monomito del héroe se cumple de manera puntillosa en La Odisea de Homero, donde se retrata el viaje arquetípico de Ulises desde Troya de vuelta a su hogar en Ítaca. Durante su transcurso, asistido por el compás de navegación, el derrotero es una serie de etapas que el personaje central atraviesa desde el mundo ordinario hasta su regreso con el elixir de la transformación, producto de haber trabajado inconscientemente sobre un segundo compás.

La travesía encarna la estructura de la teoría del mito único de Joseph Campbell. Teniendo en cuenta que el fruto que Odiseo trae consigo al regresar a su ciudad no es un objeto físico, sino una sabiduría transformadora adquirida a lo largo de su viaje, ¿es posible encontrar puntos de contacto con la idea de la iniciación masónica?

Exactamente, es posible hacer un parangón. Ambos son procesos estructurados, graduales y transformadores que utilizan símbolos, pruebas y narrativas para operar un cambio en la conciencia del individuo. Lejos se está de afirmar que Homero era francmasón, porque la encrucijada histórica lo ubica en otra posición social. Pero sí se puede decir que los episodios de esa historia de ficción ubican a Ulises frente a dilemas que la masonería ha actualizado, obligando a sus integrantes a mirarse casi en el mismo espejo que el héroe de la Odisea.

Abandono del mundo conocido

La primera fase establece el abandono del mundo conocido y el inicio de la aventura en un reino desconocido, y hasta sobrenatural para el personaje. El mundo ordinario de Odiseo es Ítaca, donde vive como rey junto a su esposa Penélope y su hijo Telémaco.

La llamada a la aventura surge cuando los reyes Menelao y Agamenón le piden que se una a la guerra contra Troya. Odiseo muestra una negativa inicial al llamado e incluso finge locura para evitar dejar a su familia. La diosa Atenea actúa entonces como su mentora y guía principal, intercediendo por él ante Zeus. Tras la guerra, el cruce del umbral hacia lo extraordinario ocurre cuando una tormenta desvía su nave hacia tierras desconocidas como Ciconia y la tierra de los Comedores de Loto.

Un aprendizaje eterno

En la masonería, la tenida de iniciación al primer grado (Aprendiz) marca también una ruptura con el mundo conocido, que fue la existencia profana del masón. El recipiendario, simbólicamente en un estado de «oscuridad» e ignorancia, es «liberado» de sus metales (prejuicios, pasiones mundanas) y conducido a la puerta de la logia. Se trata de una muerte simbólica a su vieja vida y la aceptación de su propia llamada a la aventura.

Cada grado (Aprendiz, Compañero, Maestro e incluso cada eslabón del filosofismo) proporciona herramientas simbólicas específicas en el marco de unas leyendas particulares. El Aprendiz trabaja sobre la piedra bruta, quitando las aristas de sus propios vicios. Cada herramienta transmite una lección ética y un medio de autoconocimiento, en un tránsito progresivo y experiencial.

Pruebas y transformación

Durante esta fase central, el héroe enfrenta pruebas que exigen perseverancia y astucia, impulsando su transformación. Odiseo supera numerosos desafíos que incluyen escapar de los Comedores de Loto, Polifemo, los lestrigones y la hechicera Circe. También sortea el canto de las Sirenas y los peligros de Escila y Caribdis. Su prueba más temida y transformadora es el descenso al Inframundo, en el Hades, donde se enfrenta a las sombras de los muertos y recibe las profecías de un adivino.

Esta ordalía en apariencia interminable le otorga la recompensa del conocimiento indispensable para su regreso, sometido además a la ira de Poseidón.

Los viajes simbólicos del masón pretenden representar una serie de situaciones similares, creando un efecto de conmoción, para que el candidato comience un proceso de reflexión, experiencias y comprensión de cosas nuevas y desconocidas.

El regreso

La etapa final se centra en el retorno del héroe, ya transformado, para reintegrarse a su mundo portando el elixir de la mayor comprensión de su entorno, restaurando así el orden en su sociedad.

El ideal no es la fuga del mundo, sino el regreso transformado para servir mejor a sí mismo, a su pueblo y también a la humanidad. El masón, tras trabajar en sí mismo en el taller, debe aplicar sus virtudes en el mundo profano. La logia es el laboratorio; la vida, el campo de aplicación.

La transformación del héroe y la individuación

El viaje de Odiseo es crucial para su desarrollo de carácter. Él pasa de ser un guerrero orgulloso y jactancioso, como evidencia su arrogancia tras cegar a Polifemo, a convertirse en un líder sabio, paciente y humilde. Desde la perspectiva de la psicología analítica de Carl Gustav Jung, La Odisea funciona como una alegoría del viaje interno hacia la individuación. Odiseo representa el ego consciente que se embarca en una lucha por integrar los opuestos y alcanzar una personalidad completa, el sí-mismo o el el arquetipo de la totalidad y el centro regulador de la psique.

En cada prueba, el viaje de Odiseo no exhibe solo una serie de eventos externos, sino una experiencia interna que se alinea perfectamente con la estructura del monomito y con el proceso psicológico de individuación, donde el héroe es esencialmente el ego que se transforma a lo largo del tiempo.

Pero también corre en paralelo con la iniciación masónica, en la cual el recipiendario se conduce a sí mismo desde un estado «virginal» o informe (la piedra bruta) hacia un estado de mayor perfección, equilibrio y conciencia (la piedra cúbica). Es un viaje desde la oscuridad a la luz, de ignorancia a conocimiento, pero se trata principalmente de un conocimiento interior.


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