El pasado 18 de julio se conmemoraba el 153º aniversario del fallecimiento de Benito Juárez García. Aún hoy, continúa siendo un símbolo de resistencia, justicia y modernización para México. Su obra política transformó las estructuras sociales y políticas del país, consolidando un Estado laico y liberal. Desde su humilde origen indígena hasta la presidencia de la República, su vida es un testimonio de superación y lucha por la libertad, dejando un ejemplo que sigue inspirando en la búsqueda de la equidad y el progreso.
Hablar de Benito Juárez en el 153 aniversario de su fallecimiento no resulta fácil. Su legado es generoso para la vida de los mexicanos por su férreo temple y acción. Se valora su figura como el gran patricio que fue, héroe de bronce cuyo recuerdo aún cimbra la historia de la nación.
Benito Pablo Juárez García, “Benemérito de las Américas”, dejó una obra que no solo transformó las estructuras políticas y sociales de nuestro país, sino también una huella profunda en el pensamiento liberal y en la construcción del Estado moderno mexicano.
Originario por naturaleza
De origen indígena zapoteca, monolingüe y semi analfabeto, su ascenso desde la marginación social hasta la presidencia de la República simboliza la lucha por la justicia, la igualdad y la libertad nacional. Su obra política y su afiliación a la masonería están profundamente entrelazadas, reflejando los ideales ilustrados que guiaron su vida pública.
Nació en San Pablo Guelatao, Oaxaca, el 21 de marzo de 1806, una aldea de 20 familias aproximadamente, lugar aislado en la abrupta serranía. Con el deseo de conocer el mundo, decide emprender camino a la ciudad de Oaxaca, donde estudió lengua castellana. Posteriormente, ingresó en el Instituto de Ciencias y Artes de ese lugar, donde obtuvo el título en Derecho. Interesado en la literatura de la época y en la política, fue influenciado por el pensamiento docto europeo. Por ello, decide abrazar los ideales del liberalismo que influirán, a partir de entonces, en su carrera política.
Juárez político
Su cercanía con grandes figuras liberales, como Valentín Gómez Farías y Miguel Lerdo de Tejada, hicieron que Juárez fuera iniciado en la masonería en la primera mitad del siglo XIX. De acuerdo con el acta que se encuentra bajo resguardo, su ingreso fue el 15 de enero de 1847, en la Logia Independencia no. 2 del Rito Nacional Mexicano, adoptando el nombre simbólico de Guillermo Tell.
La influencia del pensamiento filosófico, laico y liberal fue la visión progresista que él impulsó. Al lado de otros destacados liberales, hizo una transformación en la sociedad, buscó despojarles del fanatismo religioso que reinaba en la época, pero sin perder de vista el arraigo de las creencias y su devoción.
Benito Juárez fue protagonista en uno de los periodos más transformadores del país. La aprobación y promulgación de un conjunto de leyes, que se conocieron como “Leyes de Reforma”, tocaron la sensibilidad de los grupos conservadores del país, provocando una lucha fratricida y dividiendo la sociedad en dos bandos: Liberales y Conservadores.
Profunda reforma
Este conjunto de leyes entró en vigor desde 1855 y concluyeron hasta 1863. Buscaban separar la Iglesia del Estado, limitando así el poder del clero. Se abolieron los fueros eclesiástico y militar, estableciendo que todos los ciudadanos serían juzgados por tribunales civiles. Además, se instituyó la educación laica y gratuita; también logró que se nacionalizaran los bienes eclesiásticos, consolidando la propiedad pública y privada sobre bienes antes controlados por la Iglesia; garantizar la libertad de culto y de expresión; se estableció el matrimonio como un contrato civil y trasladó la función de registro de nacimientos, matrimonios y defunciones del ámbito religioso al civil, a cargo del Estado. Bajo estos principios, su obra política se apuntaló, consolidando la modernización del país.
La invasión francesa e instauración del imperio de Maximiliano de Habsburgo incitó un gobierno itinerante del presidente Juárez, que lo obligó a recorrer gran parte del país en resguardo de los poderes de la República. Este acto lo coloca en la historia como símbolo en defensa de la Nación, convirtiéndose desde entonces en emblema de fortaleza y resistencia civil.
Respeto y paz
Su célebre frase, “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, resume su visión de justicia y convivencia. Su vida es un modelo resiliente de la emancipación, y su origen es una muestra de que el deseo de superación lleva consigo movilidad social.
Juárez fue un hombre que, hasta su muerte, el 18 de julio de 1872 en Palacio Nacional, estuvo guiado por principios éticos. Luchó por la libertad de un país convulso y la consolidación del Estado moderno. Su obra sigue siendo una fuente de inspiración para todos los que creemos en la transformación social a través del conocimiento, la ley y la vigencia de ideales firmes que pueden ser acompañados con actos de nobleza.
Parvis extiende su profundo reconocimiento a la autora, miembro del Soberano Capítulo Eloy Alfaro Nº 2, por su generosidad al compartir este artículo. Para realce de la redacción y los conceptos originales, y con la idea de amenizar la lectura, se agregó el énfasis de las negritas y las pausas de los subtítulos. También se realizaron ínfimas adaptaciones en el uso de mayúsculas y la puntuación, todo ello siguiendo el propio estilo editorial.

