ciudadanos del mundo

La formación de ciudadanos globales no es solo un ideal educativo, sino una urgencia ética en un mundo marcado por crisis interdependientes. Para traducir esta visión en acciones concretas, se requieren propuestas prácticas que superen las barreras institucionales y pedagógicas.

Aunque persisten resistencias —como la percepción de «utopismo» o la fragmentación política—, el momento actual exige audacia pedagógica, que alcance el qué se enseña, el cómo y para qué. Iniciativas como Reconciliando Mundos demuestran que es posible combinar rigor académico con compromiso social. La clave está en humanizar los datos: mostrar cómo la biodiversidad afecta a comunidades concretas, o cómo un discurso xenófobo en redes sociales se traduce en violencia real.


Si el cuestionamiento es crucial en un mundo interconectado, las repuestas son complejas pues implican repensar la organización de los programas de formación.

La educación para la ciudadanía implica desarrollar un sentido de pertenencia a una humanidad común, estableciendo vínculos entre las esferas local, nacional y global. Sin embargo, hoy en día, las guerras interestatales e intraestatales están reavivando tensiones y alimentando la retórica xenófoba. La llegada de una nueva administración a la Casa Blanca también marca una profunda ruptura con el orden establecido desde la Segunda Guerra Mundial. En nuestro mundo del siglo XXI, donde las interdependencias ya no se limitan a asuntos económicos y comerciales, urge promover la educación para una ciudadanía global (así por lo menos piensan los masones, ¿no?).

En su informe de 2021 sobre el futuro de la educación, la UNESCO destaca la necesidad de fortalecer las competencias de ciudadanía global, así como las habilidades socioemocionales, esenciales para la participación cívica y económica. Estudios transnacionales revelan las dificultades que enfrentan los estudiantes en estas áreas, que abarcan desde la educación para la ciudadanía y la solidaridad, la biodiversidad, la interculturalidad y la paz, hasta la educación mediática e informativa, dificultades comparables a las observadas en lectura, matemáticas o ciencias 1.

Ponerlo en práctica

Esta reforma de los programas educativos es compleja y ha suscitado considerables críticas de los círculos nacionalistas. Además, no se basa en una disciplina académica definida y requiere el estudio de múltiples campos de conocimiento que pueden ser impartidos por profesores externos, lo que desafía el monopolio de la educación formal.

Finalmente, este contenido multidisciplinario también requiere clases con pocos alumnos para fomentar el debate y la práctica en lugar de clases magistrales, lo que dificulta su implementación en muchos lugares.

Un tema de pesos

Hoy en día, la financiación de proyectos de educación para la ciudadanía global, en Europa, proviene principalmente de los ministerios de asuntos exteriores (con énfasis en la ayuda al desarrollo) y no de los ministerios de educación. Además, es un hecho que cada país define la ciudadanía global de forma diferente.

Por lo tanto, en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, un esfuerzo colectivo se hace cada vez más urgente, ante la necesidad de educar a las nuevas generaciones responsables ante numerosos desafíos: las desigualdades socioeconómicas, la lucha contra el racismo y la xenofobia, los problemas de desarrollo y la protección de la biodiversidad.

Experiencias

Están surgiendo iniciativas, como la del Instituto Católico de París, que ha creado un importante curso sobre ciudadanía global. Durante las sesiones de 2024 y 2025, este curso se ofreció a todas las facultades y reunió a 450 estudiantes de diversos programas de grado. Sin embargo, las evaluaciones muestran que los estudiantes tienden a percibir este enfoque como idealista o utópico, aunque todos reconocen sus méritos. Otras iniciativas como Reconciliando Mundos ayudan a entender los desafíos actuales.

Los problemas cruciales de nuestro tiempo nos obligan a repensar la educación de las nuevas generaciones. Es hora de tender puentes entre diferentes socios, fortalecer la investigación en educación para la ciudadanía global y confiar un papel clave no solo a los ministerios de educación en la formación de nuevos docentes, sino también a diversas ONG e instituciones masónicas, que trabajan con un espíritu humanista y están comprometidas con nuestro mundo. ¿Seria posible imaginar acciones interobedienciales sobre este tema, rompiendo barreras y fronteras?

  1. Desde 2018, la OCDE ha integrado en su encuesta PISA una evaluación de la «competencia mundial», para medir el saber de los alumnos de 15 años en tema de conocimiento intercultural y global. ↩︎

Para realce de la redacción y los conceptos originales, y con la idea de amenizar la lectura, se agregó el énfasis de las negritas, y también se realizaron ínfimas adaptaciones en el uso de mayúsculas, todo ello siguiendo el estilo de Parvis.

Compartir este artículo