La reivindicación de una masonería comprometida con la ética y la transformación social, lejos de estereotipos de poder oculto, ha sido sostenida por autoridades masónicas y referentes culturales africanos durante una reunión en París de convocada por el Gran Oriente de Francia. Con ello, los discursos y pronunciamientos reflejan tanto su crítica a las instrumentalizaciones políticas como la aspiración humanista de la Orden.
La masonería, en su dimensión más noble, no busca gobernar a los pueblos, sino despertar las conciencias, construir puentes entre la memoria y el futuro, y recordar que sin justicia no es posible la paz, ni en el Congo ni en ningún otro lugar.
Estas palabras de la periodista Simplice Ongui, directora de publicaciones de la revista Afriqu’Essor, espejan el marco de las deliberaciones que tuvieron lugar. Fueron publicadas en un periódico digital, bajo el título de La masonería y los conflictos africanos: romper con las fantasías y reavivar las conciencias
Pocos días antes, se escuchaba un coro de voces que atravesaba largo tiempo de silencios incómodos. En París, la conferencia «Masonería y África: ¿Poder oculto o herramienta para la justicia?» reunió a historiadores, activistas y masones con un objetivo determinado: desentrañar los mitos que han convertido a las logias en chivos expiatorios de los males políticos del continente, y al mismo tiempo, exponer su potencial como espacios de reconstrucción ética.
Mixtura continental
Entre el público, integrantes de la diáspora congoleña, periodistas escépticos y jóvenes buscando respuestas. El Dr. Amadou Diallo, historiador senegalés, fue contundente al recordar que «la masonería llevó en sus venas tanto a colonizadores como a independentistas». Su intervención reveló una paradoja: las mismas logias acusadas de conspirar contra África fueron semilleros de pensadores como el haitiano Anténor Firmin o el senegalés Lamine Senghor, pioneros en denunciar el colonialismo. Marie Kaboré, activista de Burkina Faso, añadió un matiz crucial: «El problema no son los símbolos, sino las manos que los manipulan. Hay quienes usan el martillo y el compás como llaves para abrir puertas de poder, y quienes los emplean para construir puentes».
El debate derribó lugares comunes. Jean-Luc Mvemba, escritor congoleño, advirtió sobre el peligro de reducir conflictos complejos a una «guerra de logias». «Cuando un político fracasa o un mineral sangriento llega a Europa —dijo—, es fácil culpar a sociedades secretas. Así evitamos preguntar quiénes firman los contratos o quiénes fabrican las armas«. Las verdaderas batallas, coincidieron los ponentes, son otras: la memoria contra el olvido calculado, la verdad contra la desinformación, la solidaridad transnacional contra los nacionalismos de conveniencia.
No hay paz sin justicia
Al final, la moderadora Sophie N’Dongo resumió el espíritu del encuentro: «Este no fue un templo donde unos iniciados iluminaron a profanos. Fue un taller donde todos, masones y no masones, reconocimos que sin justicia no hay paz, y sin transparencia no hay confianza«. Las preguntas del público —algunas incisivas, otras esperanzadas— confirmaron que el diálogo apenas comienza. Quedó flotando una certeza: la masonería que África necesita no puede ser un club de privilegios, sino un taller donde se forjen herramientas contra la amnesia histórica y la impunidad.
El camino es largo, pero como escribió un asistente anónimo en el libro de visitas: «Por primera vez, veo logias que no huyen de la luz, sino que la encienden«.
