El hermano Emilio Corbière señala en su obra “La Masonería II: Tradición y Revolución” (2001) que Arturo Jauretche fue iniciado en 1934 por el radical Gabriel del Mazo, y señala también que el objetivo de esa decisión habría sido buscar protección tras el violento levantamiento de Paso de los Libres, un acontecimiento que había revuelto el ambiente político de entonces.

El 25 de mayo pasado se conmemoró el 50° aniversario del fallecimiento de Jauretche, lo que es excusa suficiente para repasar su relación con la masonería. Su pertenencia es un hecho comprobado, y algunos la han fundamentado en línea con la tradición de otros líderes radicales -agrupación política en la que Jauretche militaba entonces-.

Sin embargo, persisten dudas acerca de la fecha exacta de su adhesión, que las distintas versiones la sitúan entre 1931 y 1934. A pesar de ello, en las memorias de sus contemporáneos su vinculación con la masonería ha sido consignada repetidamente, reflejado en su estilo único y en su crítica siempre arraigada en valores nacionales a lo que él denominaba la “intelligentzia” local -un núcleo del pensamiento liberal y proimperialista de su época-.

El protagonista mismo hace referencia a sus experiencias con la masonería en su libro “De memoria: pantalones cortos” (1972), donde relata sus recuerdos de juventud y sus impresiones sobre las logias en su lugar de nacimiento.

Arturo Jauretche (1901-1974) fue un destacado intelectual, político y escritor argentino. Nacido en Lincoln, se convirtió en una figura clave del nacionalismo argentino, crítico del liberalismo y del imperialismo y co-fundador del movimiento FORJA, que buscaba una alternativa al radicalismo tradicional buscando recuperar y redefinir la identidad del partido, enfatizando la necesidad de una política más nacional y popular..

Se destacó por su estilo directo y su prosa incisiva, a menudo utilizando el humor y la ironía para criticar a la élite política y cultural de su tiempo. Sus obras más conocidas incluyen «Los profetas del odio» y «La formación de la conciencia nacional», donde aborda temas de la identidad y la historia argentinas.

Además, Jauretche tuvo una activa participación en la política, recordado como un defensor de la soberanía y la justicia social, y que participó del alumbramiento del movimiento que encabezada Juan D. Perón en 1945, y también de su gestión de gobierno.

De vuelta a Corbière, éste también menciona que durante su tiempo al frente de la editorial Eudeba en 1973, el escritor compartió su experiencia masónica con el periodista Rogelio García Lupo, destacando que la represión del gobierno del presidente Agustín P. Justo había sido menos severa con los masones insurgentes.

La Gran Logia de Argentina de Libres y Aceptados Masones, muy conocida por el templo que atesora en la ciudad de Buenos Aires, en la calle Perón (ex Cangallo, como generalmente mencionado), ha confirmado su pertenencia a esa institución, precisando que según sus registros ingresó a la Logia Bernardino Rivadavia nº 364 en 1934.

Por ahí se menciona que su ingreso no solo fue por razones de protección política, sino también para alinearse ideológicamente con otros intelectuales, una razón poco plausible para los conocedores del carácter duro y levantisco del autor de «La conciencia nacional».

En tanto, en una nota de una revista en 2011 se mostró un registro que indicaba que había ingresado en 1933, lo que alimenta las discrepancias sobre la fecha exacta de su iniciación.

Además, se ha reportado que documentos de Patricio Maguire, un estudioso de la masonería, que contienen información sobre Jauretche. Por su parte, el historiador Norberto Galasso, en su biografía “Jauretche y su época” (1985, reeditada en 2003), también hace mención a que impulsó la creación de una nueva logia en 1931.

Compartir este artículo