En las remotas colinas de Ginzo de Limia, Laza y Verín (Galicia) persiste una tradición ancestral que se remonta a las antiguas celebraciones romanas reviviendo las Lupercales, también conocidas como Lupercalia, que eran una extravagante mezcla de rituales de purificación, fertilidad y adoración al dios Fauno y que se celebraban entre el 13 y el 15 de febrero con el propósito de proteger de malos espíritus y asegurar salud y fertilidad.

Marcaban entonces el inicio de la primavera y estaban conectadas con rituales más antiguos, como Februa, palabra que culminó dando su nombre al mes de febrero. Existe la interpretación de que guardaban relación con las Lykaias griegas, en las que la adoración al dios Pan añadía un matiz místico a las celebraciones.

Lo cierto es que junto a las Saturnales y otras celebraciones aún más antiguas, las Lupercales son consideradas como precursoras del carnaval actual, del cual hay antecedentes de que se remontan a 5.000 años en las culturas sumeria, que realizaban una gran fiesta destinada a expulsar los malos espíritus de las cosechas, y egipcia, cuando estos días se consagraban al dios de la fertilidad Apis.

En el Imperio Romano, las Saturnales marcaban el final del invierno con banquetes, bailes y disfraces para celebrar la abundancia de la tierra. Mientras tanto, en Grecia, las bacanales y las dionisias reunían a la población en procesiones y representaciones teatrales.

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Con la expansión del cristianismo en la Edad Media, las tradiciones paganas se adaptaron a la nueva liturgia imperante como si se tratara de un preparativo al período de abstinencia y ayuno que constituye la Cuaresma. La palabra «carnaval» proviene del latín «carnem levare», que significa «quitar la carne». Durante ese tiempo, las festividades adquirieron un estatus en el que casi todo estaba permitido, pero para preservar la reputación los participantes debían cubrirse el rostro con antifaces y el cuerpo con disfraces.

El historiador romano Marco Juniano Justino narra acerca de la veneración al dios Luperco, identificado con Fauno, en una fiesta durante la cual la escena de sacrificios rituales en el Lupercal, así llamada la cueva donde Rómulo y Remo fueron amamantados por una loba, era impresionante. Se mataban cabras y perros, y se ofrecían tortas de comida salada preparadas por las vírgenes vestales en un acto de purificación.

Plutarco destacaba las peculiares actividades de los participantes. Jóvenes nobles y magistrados corrían por la ciudad desnudos o provistos de unos mínimos atuendos, golpeando suavemente a las personas a su paso con correas velludas. Mujeres de todos los estratos sociales se situaban en su camino, ofreciendo sus manos para ser tocadas por correas de piel de los animales sacrificados, llamadas februa, en la creencia de que facilitaría el parto o aliviaría la esterilidad.

Con el tiempo, las Lupercales fueron perdiendo su esplendor, y durante el papado de Gelasio I en el siglo V, fueron finalmente abolidas. Aunque algunos afirman que el emperador reemplazó las festividades con la «Fiesta de la Purificación de la Virgen María», la conexión exacta entre esto y también con la moderna celebración del Día de San Valentín, es aún objeto de debate.

Hoy, en el carnaval gallego característico de Ginzo de Limia, Laza y Verín los “peliqueiros” azotan a la gente con débiles fustas de cuero, honrando a los pastores y reviviendo el homenaje al dios Fauno Luperco.


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