Durante mucho tiempo, las logias masónicas fueron espacios exclusivos para hombres. Sin embargo, a lo largo de la historia, algunas mujeres lograron burlar esas restricciones, hasta el punto de forzar la modificación de las normas masónicas que las excluían.

Una de las pioneras habría sido Elizabeth Aldworth, en la Irlanda del siglo XVII, quien se menciona en la tradición oral que al presenciar accidentalmente una tenida en su propia casa, los miembros de la logia se vieron obligados a admitirla, aunque debido a la falta de evidencia documental sólida y a pesar de que la historia es fascinante y plausible, no hay evidencia documental que la respalde.

Una mujer incorporada en enero de 1882 fue la periodista y escritora francesa Maria Deraismes, iniciada en Logia de los Librepensadores (Gran Oriente de Francia) en la ciudad Le Pecq, cerca de París, hecho que sentó las bases para la fundación una década después de la Orden Masónica Mixta Internacional Le Droit Humain (El Derecho Humano).

Si bien la masonería mixta data de más de un siglo, la que se conformó como exclusivamente femenina estuvo formalmente constituida muchos años después. De ambas vertientes, en la Argentina hay diversas instituciones que transitan su desenvolvimiento paralelamente con las vertientes ortodoxamente masculinas.

Previo a la admisión formal de Deraismes, se mencionan otras aproximaciones y colaboraciones de la masonería con algunas mujeres. Para citar sólo algunos ejemplos, Adelaide de Bohemia (siglo XII) fue una precursora del gremio de los constructores, Hannah Mather Crocker fundó una logia femenina en Boston a fines del siglo XIX, y los casos de la esoterista Helena Petrovna Blavatsky y la iniciada Anni Besant (fundadora y líder de la Sociedad Teosófica, respectivamente), emparentadas con el modelo masónico.

A posteriori, también marcaron el camino Josephine Ransom -también de la Sociedad Teosófica-, y Caroline J.M. Scott -de las primeras iniciadas en Le Droit Humain-.

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