La Serena. La decisión de aprobar la entrega de una medalla a una logia ha generado un fuerte debate acerca de los beneficios de la masonería sobre la comunidad y de su pertinaz exclusividad masculina en algunas obediencias, a la par que este último aspecto ha recibido la acusación de actuar en la preservación de un modelo patriarcal de la sociedad.

La discusión pública se originó en el concejo municipal de esa ciudad chilena, donde las concejalas Rayen Pojomovsky y Daniela Molina expresaron su desacuerdo con otorgar este reconocimiento, argumentando que debería ser destinado a organizaciones y personas que contribuyen a la comunidad de una forma más explícita y completa.

Molina destacó, por su parte, que la masonería ha sido históricamente patriarcal y que -además- su labor no es transparente para la mayoría de la población, por lo cual sostuvo que premiar a una logia no refleja el espíritu de la medalla, que en cambio debería enfocarse en protagonistas de verificables acciones solidarias comunitarias.

En desmedro de eso, otros ediles, como Camilo Araya y Félix Velasco, defendieron la decisión, señalando las contribuciones generales de esta logia y mencionando a algunos masones influyentes en la historia de ese país. A la par, se rechazó el término «clandestino» utilizado por las oponentes, argumentando que la institución actúa con discreción y ha tenido un impacto positivo en diversas áreas, como la educación y la cultura.

Al igual que en otros procesos históricos, algunos se plantean que la supuesta culpa de la masonería podría ser conjurada, tal vez parcialmente, con un pedido de disculpas por su sectarismo histórico, aunque una solución de esta naturaleza es compleja y depende de diversas perspectivas. Se argumenta que al ser una organización histórica con prácticas y creencias exclusivas, puede ser vista descalificatoriamente, y se admite que desde este punto de vista, una disculpa podría ser apropiada para reconocer el impacto que su ortodoxia ha tenido en la percepción pública, perjudicando la idea actual de inclusión social.

Los defensores de la masonería, por su parte, podrían argumentar que su estructura y prácticas son parte de su identidad y tradición, y que no necesariamente deben disculparse por ello. En última instancia, una decisión de este calibre dependería de la voluntad de cada organización -en cuyo interior conviven diversas perspectivas al respecto-, de resultas de un proceso de reflexión acerca de su papel en la sociedad y su relación con la comunidad en general.

Es inocultable el papel social de la masonería en el progreso de las ideas y su contribución al afianzamiento de una conciencia contemporánea que abarca a los principales derechos humanos, en su mayoría contemplados en la legislación vigente que rige en la mayoría de los países. Sin embargo, ese rol puede verse afectado por los errores y limitaciones en su concepción inicial. Si bien la masonería ha promovido valores como la fraternidad, la igualdad y la filantropía, entre otros, su exclusividad masculina en algunos casos y la práctica del secretismo, entre otras formas de carácter histórico, podrían generar desconfianza y ser causa de críticas.

Estos aspectos son fundamento para deslegitimar su papel social si tales circunstancias no se adaptan a las expectativas contemporáneas de inclusión y transparencia. Para mantener su relevancia, no son pocos los que sostienen que la masonería podría beneficiarse de una reflexión crítica sobre su historia y de una apertura hacia un enfoque que responda más cabalmente a las necesidades de la actualidad.

Por último, otra de la críticas de las concejalas se dirigía a si es valorable la contribución social de la institución o si esto se complica por el hecho de que sus principales beneficios directos se dirigen a sus miembros, llevando a la percepción de que es limitado su impacto fuera de ella.

Si bien los masones a menudo participan en actividades filantrópicas y comunitarias, el hecho de que su formación y desarrollo personal sean prioritarios puede generar críticas. Pero, la utilidad de la masonería se valora en función de cómo sus miembros aplican los valores aprendidos y ejercitan sus virtudes al interior de sus comunidades.

La pregunta legítima y oportuna sería: ¿para ser más valorada, la masonería podría enfatizar y comunicar mejor sus contribuciones externas, asegurando que su impacto se extienda más allá de sus miembros y beneficie a la comunidad en general? Tienen la palabra los iniciados.

Finalmente, el galardón fue aprobado con quórum suficiente, y el premiado en el taller Luz y Esperanza N° 11 de la Gran Logia de Chile.

Compartir este artículo