Emanuel Macron

En un gesto cargado de significado histórico, Emmanuel Macron se convirtió este lunes en el primer presidente francés en visitar a la Gran Logia de Francia, segunda obediencia masónica del país. Su discurso, pronunciado en vísperas del 120.º aniversario de la Ley de 1905 sobre la separación de Iglesias y Estado, fue un manifiesto en defensa del secularismo como «pilar indivisible» de la República.

Ante un auditorio de más de 500 miembros de la institución, Macron urgió a los masones a ser «vigías activos» de la laicidad:

Les pido que demuestren que este principio no es una ley de exclusión, sino de conocimiento (…). La única palabra que debe asociarse al secularismo es libertad.

El mandatario alertó sobre los riesgos de reinterpretar la ley de 1905 bajo una «lógica identitaria», en clara alusión a propuestas de sectores antagónicos, que buscan prohibir símbolos religiosos en actividades deportivas y salidas escolares. «Cuidado con quienes instrumentalizan la laicidad para atacar creencias», advirtió, mientras el Ministerio del Interior debate ampliar restricciones al uso del velo islámico.

Escenario estratégico: la masonería como aliada

La elección de la Gran Logia —con 32.000 miembros frente a los 55.000 del Gran Oriente de Francia— no habría sido casual. Esta obediencia ha estado históricamente vinculada a la defensa del Estado laico, dicen allí, por lo cual la ocasión sirvió de plataforma para reivindicar los pilares de la ley de 1905:

  1. Libertad de conciencia garantizada por el Estado.
  2. Neutralidad absoluta en materia religiosa.

Macron recordó que su país «no reconoce, recompensa ni subvenciona culto alguno», pero subrayó que esto «no autoriza a marginar las expresiones de fe en el espacio privado». Un equilibrio delicado en un país donde el 58% de los ciudadanos considera que el secularismo se aplica de forma «demasiado rígida» (según una encuesta conocida últimamente con el nombre de Eurobarómetro).

La sombra del constitucionalismo

El discurso se enmarca en el debate sobre la propuesta del Gran Oriente de Francia para incluir explícitamente el secularismo en el primer artículo de la Constitución. Actualmente, el texto fundacional solo menciona que Francia es «una república […] laica», sin ampliar el concepto ni desarrollarlo.

Analistas políticos ven en este movimiento un intento de Macron de reposicionarse como garante del legado republicano, tras las críticas por su reforma de las pensiones y la crisis agrícola. «Al hablar aquí, conecta con la tradición ilustrada que dio origen a la Tercera República», señaló al diario 20minutos la constitucionalista de La Sorbona, Dominique Rousseau.

Réplicas en el arco político

La derecha francesa acusó al presidente de «blandir la laicidad como arma partidista». Marine Le Pen tuiteó: «Macron descubre ahora lo que nosotros defendimos por décadas». Desde la izquierda, Jean-Luc Mélenchon ironizó: «Un discurso bonito, pero vacío sin reformas concretas».

Mientras tanto, en los pasillos de la Gran Logia, el ambiente era de cauteloso optimismo. «Es un paso histórico que un presidente reconozca nuestro rol en la construcción de la Francia moderna», declaró a AFP Sophie Dupont, Gran Maestra adjunta.

Cuando faltan cinco meses para elecciones regionales, Macron parece haber encontrado en la laicidad no solo un principio filosófico, sino una estrategia de reconquista del centro político. ¿Conveniencias o convicciones?

Compartir este artículo