estudiar a Spinoza

La filosofía de Spinoza ha sido objeto de estudio y admiración en círculos intelectuales, incluyendo la masonería. Su visión panteísta de Dios, su énfasis en la razón y su búsqueda de la libertad a través del conocimiento resuenan profundamente con los principios masónicos. Ya no sorprende cómo las ideas del filósofo sobre la existencia de Dios y la naturaleza del alma pueden iluminar el camino del masón hacia la verdad y la auténtica libertad.

Baruch Spinoza (1632-1677), nacido en Ámsterdam en el seno de una familia judía sefardí, fue uno de los pensadores más radicales y sistemáticos del siglo XVII. Excomulgado por la comunidad judía a los 23 años por sus ideas heterodoxas, vivió en relativo aislamiento, dedicándose al tallado de lentes ópticos y a escribir sus reflexiones. Su obra cumbre, la Ética demostrada según el orden geométrico (1677), junto con el Tratado Teológico-Político (1670) y el Tratado de la Reforma del Entendimiento (inconcluso), constituyen pilares del racionalismo moderno.

El pensador propuso una visión de Dios, el alma y la libertad que, lejos de ser una mera especulación metafísica, es considerada como un llamado a la emancipación intelectual. Esta perspectiva, profundamente afín a los ideales masónicos, merece ser explorada no como un conjunto de axiomas abstractos, sino como un camino hacia la comprensión de la unidad esencial entre lo humano y lo divino.1

Sustancia infinita

Spinoza desafió las nociones tradicionales de la divinidad al afirmar que Dios no es un ser trascendente y personal, sino la propia Naturaleza, entendida como una sustancia única e infinita. Su famosa fórmula Deus sive Natura (Dios o la Naturaleza) no es una simple identificación retórica, sino la base de un sistema filosófico donde lo divino se manifiesta en las leyes inmutables del cosmos. Para él, Dios no gobierna el mundo desde un más allá, sino que es inmanente: todo lo que existe es una modificación de sus atributos, siendo el pensamiento y la extensión (lo mental y lo físico) los únicos accesibles al ser humano.

Esta concepción panteísta —a menudo malinterpretada como ateísmo— elimina la dicotomía entre lo sagrado y lo profano. En lugar de un Dios que premia o castiga, Spinoza presenta un orden necesario, donde la libertad humana no reside en violar las leyes naturales, sino en comprenderlas. Aquí yace una profunda conexión con la masonería: el Gran Arquitecto del Universo no es un demiurgo distante, sino la armonía misma que el masón busca descifrar a través de la razón y el simbolismo. La logia, como microcosmos de este orden, refleja la idea contenida en la obra de este autor, acerca de que la verdadera espiritualidad emerge del conocimiento, no de la fe ciega.

Alma y cuerpo, indisolubles

Contrario a Descartes, quien separaba radicalmente la mente de la materia, Spinoza sostuvo que el alma es la idea del cuerpo. No hay un dualismo, sino una correspondencia perfecta: cada afección corporal tiene su correlato en la mente, y viceversa. Esta visión revolucionaria implica que el auténtico conocimiento no se alcanza negando lo físico, sino integrando ambas dimensiones. Para Spinoza, el error y la servidumbre surgen de las ideas inadecuadas —nociones confusas basadas en percepciones fragmentarias—, mientras que la libertad se conquista mediante la ciencia intuitiva, aquella que capta la esencia de las cosas sub specie aeternitatis (bajo la perspectiva de la eternidad).

En términos masónicos, esto se traduce en una ética del autoconocimiento y la templanza. El aprendiz que pule su piedra bruta no está dominando solo su intelecto, sino también sus pasiones, pues —como trató de enseñar Spinoza— el gozo, la tristeza y el deseo son expresiones del conatus, el esfuerzo por perseverar en el ser. La Orden, al igual que el filósofo, reconoce que la liberación no es una huida del mundo, sino una armonización con sus leyes internas.

La libertad como conocimiento

El autor de la Ética demostrada según el orden geométrico fue acusado de negar el libre albedrío, pero su postura es muy sutil: la libertad no es la ausencia de determinación, sino la comprensión de aquello que determina las acciones. El hombre esclavo de sus pasiones cree actuar por voluntad propia cuando, en realidad, es arrastrado por causas externas. En cambio, el sabio —como se espera que sea el estado del Maestro Masón— obra según la razón, que es participación en la necesidad divina. La máxima expresión de esta libertad es el amor intellectualis Dei, un amor intelectual hacia Dios que no pide recompensas, pues amar a Dios es comprenderlo, y esta comprensión implica reconocerse como parte de su infinitud.

Aquí, la masonería encuentra un eco: sus rituales y símbolos no son fines en sí mismos, sino herramientas para develar la unidad subyacente en la diversidad aparente. El mandil, la escuadra y el compás no son objetos sagrados, sino recordatorios de que la verdadera iniciación es un proceso interno, paralelo al camino spinozista de convertir las ideas pasivas (impuestas) en ideas activas (comprendidas).

Spinoza en la logia

La filosofía de Spinoza está lejos de ser una reliquia del pasado, porque ofrece a la institución un marco conceptual para repensar sus principios. Su Dios-Naturaleza hace eco con el universalismo masónico; su ética racional refuerza la importancia del autodominio; y su ideal de libertad coincide con la búsqueda de luz que define a la Orden. En una época donde el fanatismo y la superstición han regresado y persisten en dividir a la humanidad, Spinoza arrima a la comprensión de que la divinidad no está en los dogmas, sino en la capacidad humana de razonar y amar la verdad.

Como escribió en el Tratado Teológico-Político:

«El fin último del Estado no es dominar a los hombres, sino liberarlos de los miedos que los esclavizan».

Quedaría para el presente y el futuro una tarea que tanto filósofos como masones comparten: tallar, con paciencia y rigor, las piedras de un mundo donde la razón y la fraternidad sean los cimientos de una religión verdadera.

  1. Parvis confiesa de entrada que no aquí no hay filósofos —ni quien pretenda serlo—, sino que el artículo es apenas un provocador de preguntas, surgido de una plazuela con pretensiones intelectuales. Este texto no es un tratado académico, sino una invitación a rozarse con las ideas de Spinoza como quien rasca un fósforo en una suave lija: esperando que surja chispa, no fuego controlado. El propósito no es enseñar, sino incitar a la reflexión; no definir verdades, sino mostrar que ciertos caminos, aún tienen polvo que sacudir. Si algo aquí resuena en los lectores, no será porque haya erudición (inexistente), sino porque Spinoza —un verdadero gigante del pensamiento— logró, como pocos, que la razón se siente a la mesa con el asombro. Desde aquí solo se ponen los cubiertos y se sirve el vino: la conversación es suya. Y estaría bueno poder leer aquí abajo esas conclusiones. ↩︎
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2 comentarios en «Una interpretación de la divinidad y la libertad»
  1. Demasiada humildad en el pie de página Q:. H:. , leo en el artículo filosofía profunda, lo cual es esencialmente el cuestionamiento de todo paradigma, tal como hizo Spinoza
    Felicitaciones por una artículo bien redactado, resaltando los puntos medulares de Spinoza y muy informativo.
    ¡gracias!
    TAF

  2. Q∴H∴: Muchas gracias por tus generosas palabras y por valorar el enfoque del artículo! Es un honor recibir comentarios tan fraternos y profundos. Abrazos de tus hermanos de Parvis ❤️

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