Una persecución de brujas y adivinos en Chechenia ha despertado alarma en Europa. Por una parte, la iniciativa del presidente Ramzan Kadyrov para erradicar lo que él considera «hechicerías» y prácticas ocultas ha sido respaldada por algunos como un intento de preservar los valores tradicionales musulmanes. Otros ven esta campaña como una forma de manipulación política para consolidar el poder del líder, que ellos califican de autoritario.
Hace pocos días, el gobierno de esa república rusa del Cáucaso lanzó una campaña sin precedentes contra hechiceros, adivinos y otros practicantes de las artes ocultas. Presentada como una cruzada para purificar la sociedad chechena de prácticas consideradas contrarias al islam y al orden moral, esta iniciativa hace resonar los ecos de una caza de brujas medieval, con tintes de modernidad.
La acción se basa en una legislación local alineada con una visión rigurosa de la religión musulmana, aunque contrasta con la libertad religiosa que garantiza la Constitución rusa. Las detenciones de personas acusadas de brujería han sido acompañadas de confiscaciones de bienes y humillaciones públicas. Medios informativos han difundido imágenes de multitudes destruyendo talismanes y objetos rituales.
Dando aviso
El movimiento ha sido reportado por el portal masónico francés 450.fm, haciéndose eco de una publicación de The European Times. El informe no especifica si se ha detectado algún tipo de persecución sobre uno o más grupos religiosos, sino que sólo refiere la represión de personas cuyas prácticas son ilegales en casi la totalidad de los países. Aunque, en este caso, se recargan las tintas sobre los representantes chechenos -alineados con Rusia-, en el medio de múltiples campañas de desinformación que transitan en paralelo al conflicto ruso-ucraniano.
Sin embargo, es importante anotar que las acciones recuerdan las purgas de homosexuales y disidentes políticos llevadas a cabo en ese país en 2017, lo que subrayaría la continuidad de un estilo de gobierno.
Los medios europeos tienden a alarmarse selectivamente por las acciones de los gobernantes remotos, quienes pueden ser elogiados o reprobados en informes periodísticos cargados de intencionalidad política. Mientras ahora deploran -con mucha razón- la realidad de Chechenia, hasta hace poco expresaban su esperanza del renacimiento masónico en Siria, de la mano del nuevo gobierno encabezado por Ahmed al-Sharaa, un muy conocido miembro de la célula terrorista Al-Qaeda.
Asuntos de método
La situación política es aún más compleja si se considera que habrían utilizado la religión musulmana como pretexto para legitimar sus decisiones. Sostienen que con tales argumentos el gobierno se propone eliminar a posibles rivales que podrían influir en la población, aunque no se han señalado casos concretos todavía. La decisión ha generado algunas críticas y ha elevado la preocupación a nivel internacional, especialmente en Europa, acerca de posibles violaciones a los derechos humanos.
La campaña contra lo que se considera «hechicería» también reflejaría el control social y la represión que supuestamente caracterizan al régimen de gobierno. Acusan de brutalidad y de utilizar métodos controvertidos a las fuerzas de seguridad en la tarea de combartir y erradicar estas prácticas, lo que ha sido advertido por organizaciones humanitarias como Amnistía Internacional.
Raíces diversas
Las raíces culturales de Chechenia están fundadas en una mezcla de tradiciones preislámicas. Con esto se explicaría la persistencia de tales prácticas esotéricas. Afirman que los adivinos son vistos como mediadores entre lo visible y lo invisible, y ocupan un lugar ambiguo: respetados por algunos, pero criticados por las autoridades religiosas.
La población chechena está dividida. Algunos apoyan la campaña como una forma de preservar los valores tradicionales frente a la modernidad, calificando con este último mote a formas de expresar las creencias que son todavía anteriores al Islam.
En tanto, otros la critican como una manipulación política para consolidar el poder de parte del gobierno. Las redes sociales, estrechamente vigiladas, están llenas de rumores sobre ejecuciones sumarias, aunque estas acusaciones todavía no han sido verificadas.

