«Los libros no están hechos para creer en ellos, sino para ser sometidos a investigación. Cuando consideramos un libro, no debemos preguntarnos qué dice, sino qué significa.»
Esta frase, pronunciada por Guillermo de Baskerville, encapsula la idea de que el conocimiento no es algo estático ni absoluto, sino que está sujeto a interpretación. El personaje es el protagonista estelar de la novela El nombre de la rosa, que fue escrita por el destacado escritor, filósofo, semiólogo y profesor italiano Umberto Eco (1932-2016).
La obra data de 1980 y se trata de una ficción histórica y filosófica que combina elementos de misterio, teología y semiótica. El relato transcurre en una abadía benedictina en el norte de Italia durante el siglo XIV, un período marcado por conflictos religiosos, luchas de poder y la transición entre la Edad Media y el Renacimiento.
El protagonista Baskerville, un fraile franciscano y antiguo inquisidor, llega a la abadía junto con su joven discípulo, Adso de Melk, para participar en una reunión teológica. Sin embargo, su visita se ve interrumpida por una serie de misteriosas muertes que ocurren en el monasterio. Guillermo, utilizando su agudo intelecto y su conocimiento de la lógica aristotélica, intenta resolver los crímenes, que parecen estar relacionados con la biblioteca de la abadía, un laberinto lleno de secretos y manuscritos prohibidos.
A medida que la investigación avanza, se revelan tensiones entre las diferentes órdenes religiosas, así como conflictos entre los monjes internos. La biblioteca, custodiada celosamente por el anciano Jorge de Burgos, se convierte en el centro del misterio, ya que alberga un manuscrito perdido de Aristóteles que podría poner en cuestión las creencias religiosas de la época.
El poder del conocimiento y el miedo a la verdad
La novela explora cómo el conocimiento puede ser tanto una herramienta de liberación como un arma de control. La biblioteca, como símbolo del saber, es custodiada y restringida por aquellos que temen que la verdad pueda socavar su autoridad. Jorge de Burgos representa el miedo a la disidencia intelectual y la idea de que ciertas verdades deben ser suprimidas para mantener el orden establecido.
Por ello, de Burgos aplicaba censura sobre ciertos textos, que mantenía escondidos, y a los que los otros monjes no podían acceder, merced a su decisión.
La relación entre fe y razón
El nombre de la rosa es una obra rica en simbolismo y reflexiones sobre el conocimiento, el poder y la interpretación.
Guillermo de Baskerville encarna la búsqueda de la verdad a través de la razón y la observación, en contraste con la fe ciega y el dogmatismo representado por otros personajes. La obra plantea preguntas sobre la compatibilidad entre la fe religiosa y el pensamiento crítico, un tema relevante en el contexto histórico de la Edad Media, que no ha perdido actualidad ya que podría verificarse en la actualidad en diversos fanatismos de moda.
¿Tendrá esto que ver con las preocupaciones de cierta escuela iniciática occidental? Tal vez una amenaza de excomunión no haya sido suficiente para disminuir el coraje de sus miembros.
La naturaleza del lenguaje y los signos
El autor, en su calificación como investigador de la semiótica, introduce reflexiones sobre el lenguaje y la interpretación. La novela sugiere que la realidad es interpretada a través de signos y que la verdad puede ser elusiva, dependiendo de cómo se lea y se entienda.
Si se quisiera llevar esta interpretación más allá de los diálogos, esto se refleja en la estructura laberíntica de la biblioteca y en los múltiples niveles de significado que se encuentran en el texto.
Siguiendo esta vertiente de análisis, Eco sugiere que los libros, como los signos y símbolos, no contienen verdades evidentes por sí mismos; su significado depende del contexto, del lector y de la forma en que se aborda su contenido. Esta idea es central en la novela, donde la biblioteca laberíntica y los manuscritos ocultos, estarían representando la complejidad del conocimiento humano y la dificultad de acceder a la verdad.
El género policial como vehículo filosófico
Aunque El nombre de la rosa es una novela de misterio, trasciende el género al utilizar la investigación de los crímenes como un medio para explorar cuestiones filosóficas y teológicas más profundas. Eco juega con las convenciones del género, desafiando las expectativas del lector.
Aunque no parezca verdad, el policial ha sido una excusa para desnudar algunos males generales de la sociedad, en especial el subgénero negro. Allí se inscriben fuertes denuncias subyacentes o inexpresadas al sistema capitalista, especialmente entre los escritores estadounidenses, entre lo cuales una característica central es que los crímenes investigados casi siempre esconden motivos más económicos que pasionales.
Y con ello, Eco estaría reproduciendo un formato que ha sido útil a la reflexión filosófica y hasta sociológica desde los comienzos del siglo XX.
La decadencia de una era
La abadía y su biblioteca podrían interpretarse como metáforas de un mundo medieval en declive, donde el conocimiento se pierde y las estructuras de poder se desmoronan. El incendio final se ofrece como un símbolo del fin de una época y el nacimiento de otra nueva, marcada por la incertidumbre y el cambio.
Un guiño hacia la comedia
«Tal vez la tarea de quien ama a los seres humanos sea hacer reír a la gente de la verdad, hacer reír la verdad, porque la única verdad es aprender a liberarnos de la insana pasión por la verdad.»
Esta reflexión, también de Guillermo, propone que la obsesión por encontrar una verdad absoluta puede ser peligrosa y contraproducente. En lugar de buscar respuestas definitivas, la novela propone que el conocimiento y la interpretación son procesos dinámicos y que la verdad puede ser múltiple y cambiante.
Esta idea se refleja en la estructura misma de la obra, donde el lector es invitado a participar activamente en la interpretación de los eventos y símbolos.
La idea de «hacer reír la verdad» está íntimamente relacionada con la comedia y, de hecho, este dato juega un rol central en la historia de ficción. La novela gira en torno a un manuscrito perdido, oculto en la biblioteca de la abadía, que es considerado peligroso por algunos, en la creencia de que la risa y la comedia son una amenaza para el orden establecido y la autoridad de la Iglesia.
Hacerse la película
El film del mismo nombre que la novela (1986), dirigido por Jean Jacques Annaud, es bastante fiel al texto original. Baskerville es encarnado en ella por Sean Connery.
