Hay que tener el valor de mirar este conflicto con lucidez. La guerra en Gaza, por devastadora que sea, no es una tragedia aislada del Oriente Medio. Es un espejo. Nos devuelve la imagen cruda de un mundo que ha perdido sus referencias, y de un Occidente que se resquebraja desde dentro.
Sí, el 7 de octubre fue un acto terrorista de una violencia insoportable. Sí, Hamás es un movimiento fundamentalista que niega los valores más elementales de la dignidad humana.
Pero nada, absolutamente nada, puede justificar el aniquilamiento programado de una población atrapada, bombardeada, hambrienta, desplazada. Ya no se trata de «daños colaterales». Son decisiones políticas, militares, logísticas. Y la palabra genocidio no es un insulto: es una calificación jurídica que hoy se examina en los tribunales.
Fracaso civilizatorio
Pero más allá de Gaza, esta guerra revela otro fracaso, más silencioso y más profundo: el de nuestro mundo occidental, que ya no sabe distinguir entre la verdad y la mentira, la justicia y la venganza, la moral y la ideología.
El pensamiento posmoderno, que relativizó toda verdad, ha desarmado nuestras conciencias. El discurso emocional ha reemplazado al pensamiento crítico. Las universidades se han convertido en laboratorios de resentimiento. Y en esta confusión, los enemigos de la libertad avanzan a cara descubierta.
Vemos extenderse por nuestras calles, nuestras escuelas, nuestros medios de comunicación, un odio disfrazado de solidaridad. Vemos banderas de Hezbolá ondeadas sin vergüenza. Consignas antisemitas gritadas en nombre de los derechos humanos. Pogromos verbales tolerados bajo el pretexto de la lucha contra la opresión. Y mientras tanto, los judíos vuelven a ser amenazados, señalados, aislados. No solo en Israel. En todas partes. Otra vez.
Fraternidad y lucidez
Pero aquí, lo que debe surgir no es la cólera. No es la venganza. No es un campo contra otro. Es un despertar de la conciencia. Un llamado a la fraternidad. Una exigencia de lucidez.
Es en este momento crítico de la historia cuando la Fraternidad Internacional Laica cobra todo su sentido. Creemos que la humanidad es una sola. Que ninguna bandera, ninguna ideología, ninguna religión ni pseudoteoría política justifica aplastar a otro ser humano. Afirmamos que los pueblos no están destinados a matarse entre sí, sino a elevarse juntos contra quienes los dividen para mejor esclavizarlos.
Porque, seamos claros: no son los pueblos los que se odian. Son los grupos que los manipulan.
Son los mercaderes de la guerra, los propagandistas, los financieros del caos, los estrategas en la sombra quienes orquestan estos conflictos. Son ellos quienes avivan las brasas, mientras los niños mueren bajo las bombas. Son ellos a quienes debemos señalar, denunciar, desarmar —no con violencia, sino con unidad consciente, con humanismo radical y con fraternidad activa.
Nos negamos a que los pueblos sean instrumentos de los poderosos. Nos negamos a elegir entre dos barbaries. Nos negamos a justificar lo injustificable. Afirmamos que la paz no vendrá ni de los gobiernos, ni de las armas, ni de los imperios, sino de los pueblos que se hablan, se comprenden, se reconocen.
Colapso moral
La guerra en Gaza ha dejado al descubierto el colapso moral de las democracias liberales.
El relativismo ha sustituido a la claridad. La confusión moral ha minado toda capacidad de acción. Los enemigos de la libertad han infiltrado nuestras instituciones. Y sin embargo, queda un camino: el de una humanidad que recuerda lo que es.
Ese es el camino que elegimos. El de la Fraternidad Internacional Laica. El de la palabra libre, la verdad compartida, la solidaridad universal. El que se niega a dejar que los pueblos se hundan en el odio, el miedo o la ignorancia.
Si no somos capaces de levantarnos para proteger a los inocentes, para rechazar la barbarie venga de donde venga, para decir basta a las lógicas de muerte, entonces sí — estamos perdidos.
Pero si nos alzamos juntos, en esta fraternidad lúcida e intransigente… entonces todo aún puede cambiar.
Este artículo se publicó antes aquí. Parvis extiende su profundo reconocimiento al autor -presidente de la Fraternidad Internacional Laica- y al sitio web Fraternidad Libre por su generosidad al compartir este artículo. Para realce de la redacción y los conceptos originales, y con la idea de amenizar la lectura, se agregaron el énfasis de las negritas y las pausas de los subtítulos, y también se realizaron ínfimas adaptaciones en el uso de mayúsculas, todo ello siguiendo el estilo editorial propio.
