Esquina peligrosa

Las logias podrían tener que afrontar en estos tiempos una crisis de cohesión interna debido a la fuerte polarización política y las nuevas interpretaciones sobre la laicidad, que sacuden también a las principales obediencias. Mientras en algunas instituciones se señalan purgas ideológicas y debates de volumen alto por la influencia de corrientes extremas, los talleres deberían buscar fórmulas para proteger la fraternidad del efecto que genera el ruido partidista y religioso.

El Gran Oriente de Francia sirve de ejemplo para graficar esta crisis ya que en su seno se habría producido una fractura que enfrenta a la visión histórica del laicismo contra nuevas corrientes progresistas (denominadas en esta época bajo el apelativo de «interseccionales»). Al parecer, la disputa trasciende las fronteras francesas y afecta a diversas obediencias, pues la irrupción de temas sensibles como la situación en Gaza o la gestión del islamismo dentro de las logias continentales europeas genera intercambios inusualmente violentos entre los miembros, en el marco de un entorno exterior cada vez más ideologizado.

Las fuerzas interseccionales surgen de constatar cómo se solapan diversas capas de discriminación como el género, la etnia o la clase social. Mientras los sectores progresistas defienden que la masonería debe adoptar esta sensibilidad para alcanzar una justicia social efectiva, los sectores más conservadores ven en ello un peligro de fragmentación identitaria. Esta tensión surge porque el análisis interseccional prioriza las diferencias específicas de cada grupo, lo cual choca con el concepto tradicional de igualdad universal, donde el masón se despoja de sus atributos externos al entrar en el templo.

La influencia de la política partidista en el taller

La neutralidad política es vital para la convivencia masónica, pero la realidad de los hechos pone a prueba esta norma de forma constante. En algunas logias, la presencia de militantes y personas vinculadas a cargos públicos electrifica el clima de las tenidas. Las pasiones políticas inmediatas invaden un espacio diseñado para el debate sosegado y el perfeccionamiento personal.

Este fenómeno no es nuevo, pues históricamente la masonería ha sufrido las consecuencias de su implicación en asuntos de poder. En España, por ejemplo, la politización de las logias ha sido una constante, y la reacción a ello ha sido muy dolorosa en términos de la vida humana. La experiencia histórica demuestra que cuando las obediencias actúan como grupos de presión política o se vinculan estrechamente a regímenes específicos, corren el riesgo de perder su esencia iniciática y se exponen a crisis de legitimidad y supervivencia.

El retorno a los principios de la Ilustración

Las fuentes analizadas, especialmente aquellas que abordan la historia y la filosofía de la institución, proponen una «receta» basada en elevar el nivel del discurso para proteger la unidad del taller. Esta estrategia consiste en desplazar el foco de la política partidista (la lucha por el poder inmediato) hacia la alta política (la reflexión sobre los principios universales y el bien común).

La propuesta fundamental consiste en recuperar el espíritu de las primeras logias del siglo XVIII. Estas fuentes sugieren que los masones deben abandonar las discusiones sobre coyuntura electoral o siglas partidistas para centrarse en los valores que sustentan la civilización. Esto implica reemplazar el debate sobre «quién debe gobernar» por una reflexión profunda acerca de «cómo debe ser una sociedad justa». Al tratar temas como la justicia, la libertad de conciencia o la dignidad humana, desde un plano filosófico, la logia tiende a convertirse en un espacio de convergencia, en lugar de un campo de batalla circunstancial.

El conflicto del laicismo y la cuestión del islam

En Francia, las logias enfrentan ahora un dilema profundo en su tradicional defensa del laicismo. Antiguamente, los masones centraban su actividad en la separación de la Iglesia y el Estado, pero actualmente este enfoque genera divisiones drásticas. Algunos sectores denuncian que ciertas facciones dentro de la masonería han pasado de defender la ley de 1905 (modelo del secularismo) a promover activamente causas relacionadas con el islam, bajo el argumento de combatir la islamofobia. Todo en el marco de procesos migratorios que auguran una preeminencia musulmana en Europa, que llegará tarde o temprano.

La tensión habría alcanzado un punto crítico con la reciente expulsión del GODF de Christian Eyschen, líder de un movimiento denominado Libre Pensamiento. Según observadores, esto sería el emergente de una purga ideológica donde la dirección actual pretendería silenciar las críticas internas sobre una supuesta deriva «islamo-izquierdista» de la organización. Discuten allí con vehemencia si la masonería debe seguir siendo solo un espacio de libre pensamiento o si debe adoptar compromisos políticos explícitos.

La expulsión de Christian Eyschen en enero pasado fue ejecutada por la Cámara Suprema de Justicia Masónica. La sentencia se fundamentó en sus críticas públicas hacia la dirección de la obediencia, consideradas una vulneración de los deberes de fraternidad. Acusaba al Consejo de abandonar el laicismo tradicional por una deriva ideológica, pero la justicia interpretó que sus ataques verbales excedían la libertad de expresión.

Incongruencias rituales y el reto de la universalidad

En tanto, los «regulares» de raigambre anglosajona también enfrentan contradicciones que alimentan el debate sobre la religión. Los rituales de ciertos altos grados contienen elementos de herencia cristiana o leyendas sobre caballería y cruzadas que resultan problemáticos en una institución que aspira a la universalidad. Por ejemplo, algunos textos invitan a escenificar guerras santas contra el islam, lo cual dinamita directamente los principios de fraternidad y neutralidad religiosa.

Los críticos señalan que un masón musulmán o de otras creencias difícilmente puede sentirse cómodo con rituales que exaltan figuras mártires del cristianismo o que exigen la devolución de Jerusalén a la cristiandad. Estas incongruencias suponen un lastre para la coherencia del discurso masónico contemporáneo, que debe decidir si mantiene estos anacronismos en nombre de la tradición o si los reforma para cumplir con su deber de no adoptar posiciones religiosas excluyentes.

Mecanismos para preservar la armonía masónica

Para evitar que estos debates rompan las logias, la masonería debe reforzar sus reglas ceremoniales y el respeto estricto al orden de los trabajos. Las logias funcionan como laboratorios de experimentación social donde los masones deben ejercer la libertad de conciencia de forma privada, manteniendo la búsqueda común de una verdad indefinible. El uso correcto del simbolismo actúa como un lenguaje unificador que permite a personas de diferentes ideologías y creencias convivir bajo una espiritualidad compartida, siempre que el debate se mantenga alejado de la retórica partidista y religiosa.

¿Es necesario recuperar el espíritu de las primeras logias ilustradas, las cuales prohibían expresamente el tratamiento de asuntos políticos o religiosos divisivos? Tal vez no haya que llegar a tanto, pero sí a elevar el debate hacia la alta política. Al centrar la actividad en ese punto, con sus ricos emergentes en la cultura, la filosofía y las artes, los talleres preservarían su función de centros de enriquecimiento mutuo. La verdadera generosidad con el futuro de la orden consiste en proteger el presente de las logias, garantizando que sigan siendo espacios donde la cortesía y la educación prevalezcan sobre las pasiones mundanas.

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