Los sistemas institucionales democráticos actuales atraviesan una crisis global profunda porque han olvidado que no solo requieren voces, sino también oídos y corazones que escuchen. El odio y la cólera estallan en todo el mundo debido a que la voluntad de comprender lo que realmente le sucede al prójimo se ha marchitado.
El sociólogo alemán Hartmut Rosa sostiene que la democracia funciona únicamente cuando se admite que el interlocutor posee argumentos que pueden ofrecer algo valioso a los demás. La democracia no es simplemente un espacio para decir lo que se piensa, sino una disposición para que el otro también hable. Si la sociedad pierde esta capacidad de relación y de dejarse llamar por el otro, el sistema democrático está condenado —según el autor— al fracaso definitivo en medio de agresiones constantes.
Masones de distintos lugares del mundo intentaron implantar un modelo equiparable al de la «igualdad de oídos» en los textos de las constituciones modernas, estableciendo con ello que la democracia no es solo un sistema de la matemática de los votos, sino un espacio donde la dignidad del individuo debe asegurar su derecho a ser escuchado.
Un manifiesto sociológico sobre la resonancia
Estas conclusiones provienen del libro ¿Por qué la democracia necesita religión?, publicado por Hartmut Rosa en 2022. La obra adapta una conferencia pronunciada en Wurzburgo donde el autor analiza la relación de resonancia entre el individuo y su entorno. Rosa no busca debatir la veracidad de los dogmas religiosos, la existencia de Dios o la historicidad de la Biblia. Como sociólogo, su objetivo es investigar el tipo de relación con el mundo que surge a través de la práctica religiosa y qué pierde la sociedad cuando esta deja de resonar en las democracias. Su enfoque no se referencia en el oscurantismo, sino que se centra en la necesidad de corazones que sepan escuchar, rescatando una máxima del Rey Salomón.
La trampa de la movilidad deslumbrante
El autor describe la era actual como una «movilidad deslumbrante», un estado de inmovilidad dinámica donde se corre cada vez más rápido solo para mantener el estado actual de las cosas. Este sistema obliga a una aceleración constante para evitar caer en el abismo, generando una relación agresiva con el mundo, con la política y con la autopercepción de las personas. La modernidad prometió autonomía y superación de la precariedad gracias al crecimiento y la ciencia, pero esa promesa ha quedado incumplida. Actualmente, las sociedades se ven impulsadas a cambiar todo el tiempo sin saber hacia dónde se dirigen, gastando energía solo para mantener un empleo y un edificio social que no sobrevive sin crecimiento permanente.
La agresión y el fin del futuro prometedor
Esta aceleración desmedida ha derivado en lo que Rosa identifica como una epidemia de burnout —»cabeza quemada» o «cerebro quemado»— que afecta a trabajadores, estudiantes y jubilados por igual. Ya no existe la sensación de avanzar hacia un futuro mejor; el vínculo intergeneracional se ha roto porque ahora solo existe un esfuerzo colectivo para que la vida de los hijos no sea peor que las de las generaciones precedentes. Esta frustración se traslada a la cultura política, donde el adversario es visto como un enemigo repugnante al que se debe silenciar en lugar de escuchar. La agresión ambiental y política son síntomas de una sociedad que ha perdido el sentido de «para qué» se mueve.
La religión como reservorio de la escucha
Frente a este agotamiento, Rosa identifica en las instituciones religiosas un papel muy importante para la sociedad actual. Las iglesias conservan narrativas, ritos y espacios donde es posible practicar la escucha y experimentar la resonancia, algo que la política y el mercado han segregado. La religión ofrece la promesa de una «resonancia vertical» con lo incierto de las creencias, y una «horizontal» entre personas y cosas. A diferencia del mecanismo frío del azar, la fe formula la esperanza de que la existencia no es fruto de un universo mudo, sino que responde a una relación que escucha y que ha pensado a la creación.
Link al modelo cultural y económico
Es inevitable trazar una línea de contacto con conceptos similares en el reciente libro de Emmanuel Todd, llamado La derrota de Occidente (2024). En él sostiene que la crisis actual del proyecto civilizatorio occidental tiene una raíz profunda en el colapso de sus estructuras religiosas, especialmente el protestantismo, que históricamente funcionó como la matriz de sus creencias colectivas, valores morales y cohesión social. Este autor describe un proceso de transición que va desde una fase «zombi» —donde, pese a la pérdida de fe, se mantenían las costumbres y la capacidad de acción colectiva heredada de la religión— hasta llegar a un «estado cero». En este nivel final, la desaparición total de los valores religiosos deja un vacío que desintegra la identidad nacional y de clase, atomizando a la sociedad en individuos aislados y privándola de un sentido de propósito común.
Esta «religión cero» desemboca, según Todd, en un estado de nihilismo que afecta principalmente a las élites y a la conducción política de potencias como Estados Unidos y Gran Bretaña. Al no existir ya un marco moral o religioso que regule el comportamiento, surge una pulsión de violencia y una «codicia» desvinculada de toda ética, lo que explica la agresividad diplomática y militar de Occidente en el escenario internacional. Para el autor, este declive de la religiosidad no es solo un fenómeno cultural, sino la causa principal de la desorientación estratégica y la pérdida de dinamismo industrial.
Los cuatro momentos de la transformación
Volviendo a la teoría de Rosa, para alcanzar este estado de resonancia, el individuo debe transitar por cuatro etapas fundamentales. Primero, el momento de verse afectado o «llamado» por algo distinto a lo habitual que obliga a detenerse. Segundo, la autoeficacia, que consiste en conectar y reaccionar a esa llamada, para sentirse vivos en la respuesta. Tercero, la transformación, donde al conectar con el asunto que las afecta, las personas modifican su estado de ánimo y modifican los esquemas cognitivos. Finalmente, la imprevisibilidad, pues la verdadera resonancia no se puede fabricar, comprar ni forzar; es un espacio donde sucede algo nuevo e inesperado que escapa a la lógica de la optimización. Un particular camino del héroe para alcanzar la plena democracia.
Las fuentes
La obra de Hartmut Rosa forma parte de la sociología crítica contemporánea. Sus libros se articulan principalmente en torno a los dos ejes ya repasados aquí: la crítica a la aceleración social y la propuesta de la resonancia como solución a la alienación moderna. Entre las principales se encuentran: Alienación y aceleración (2010), Resonancia: una sociología de la relación con el mundo (2016) y Cantan los ángeles, rugen los monstruos: Una breve sociología del Heavy Metal (2025). La reseña fue extraída del canal de Youtube de Carlos Álvarez Terán.
Emmanuel Todd es un antropólogo, historiador, demógrafo y ensayista francés de renombre internacional. Es diplomado del Instituto de Estudios Políticos de París y doctor en Historia por la Universidad de Cambridge. Se le reconoce por utilizar un enfoque multidisciplinario que combina la economía crítica, la sociología religiosa y la antropología para analizar la realidad geopolítica y social. Después del imperio (2003) y Después de la democracia (2010) son algunos de sus escritos publicados.

