Licio Gelli

Un entretejido de influencias extranjeras y conspiraciones detrás de atentados y masacres en Italia ha sido develado hace poco en el libro Entre las nieblas de P2. Memorias inéditas de un jefe de los Servicios, en el cual el exjefe de contraespionaje Pasquale Notarnicola reconstruye su experiencia en un período conocido como «estrategia de la tensión», que tuvo como protagonista a una organización criminal que operaba en asocio con una logia masónica.

El autor, que murió a los 91 años en 2021, es reconocido actualmente como un patriota leal a la Constitución italiana y a su rol como jefe de contrainteligencia entre 1978 y 1983, período en el que habría actuado sin permitir que intereses -tanto externos o connacionales- afectaran su deber.

Sus memorias, publicadas este año, revelan un marco donde la logia Propaganda 2 (P2), junto a sectores desviados de servicios de inteligencia y grupos neofascistas, recibieron apoyo de actores extranjeros para frenar el ascenso del Partido Comunista de ese país, considerado entonces el más fuerte de Europa Occidental. En esas páginas, Notarnicola describe cómo los servicios secretos italianos respondían en gran medida a las directrices estadounidenses, algo que otras fuentes castrenses ya habían señalado anteriormente.

La logia P2 adquirió notoriedad en la Argentina a comienzo de los ‘70 cuando uno de sus principales mentores, Licio Gelli (1919-2015), acompañó a Juan Domingo Perón en su regreso al país después del exilio. Luego, algunos de sus directivos cultivarían espurios e inmorales vínculos con políticos, empresarios, militares y hasta guerrilleros en territorio argentino, en una influencia que tuvo mayor impacto durante la dictadura a partir de 1976.

El relato del libro confirma el vínculo de grupos neofascistas, como los hombres de Ordine Nuovo, con redes masónicas y agencias de inteligencia manipuladas, que contribuyeron en crímenes como el atentado de Piazza Fontana. Incluso se hace referencia al Manual de campo 30/31 B, un texto sobre guerra no convencional escrito por el general estadounidense Westmoreland, cuya autenticidad estaría confirmada en un archivo que ilustra las tácticas encubiertas empleadas por ciertos sectores atlantistas en Italia.

El libro destaca también los testimonios de figuras muy importantes, como el político demócrata cristiano Paolo Emilio Taviani, quien apunta que el explosivo usado en el atentado de Piazza Fontana fue suministrado por los servicios secretos del ejército estadounidense. Las memorias de Notarnicola también aportan evidencia sobre cómo ciertos individuos de Ordine Nuovo tuvieron acceso a instalaciones de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), participando en reuniones con oficiales internacionales.

Uno de los capítulos, “Terror en los trenes”, narra cómo el desaparecido agente recibió una lista detallada de explosivos que debían rastrearse en trenes, y sospechó que esa misma precisión indicaba que había sido elaborada por quienes previamente los habían colocado. En el caso de la masacre de Bolonia, Notarnicola recuerda que, inicialmente, se intentó restar gravedad al atentado, atribuyéndolo a la explosión de una caldera en lugar de un acto terrorista. Este ataque -sostiene- fue un ejemplo de cómo la P2 y otros actores conspiradores buscaban desestabilizar el sistema político italiano para fortalecer un marco acorde a sus intereses, utilizando el terror como herramienta de control social.

En los ‘80, la quiebra del Banco Ambrosiano -cuyos directivos tenían fuertes lazos con P2- destapó negociados con autoridades del Vaticano (accionista mayoritario de la financiera), y llevó a la muerte a su presidente Roberto Calvi, apodado como “el banquero de dios”.

Las memorias concluyen con un epílogo escrito por el hijo del general, quien expresa su deseo de que las generaciones jóvenes lean estos testimonios y que el poder judicial logre esclarecer la verdad detrás de las masacres, para satisfacer las demandas de justicia de las familias de las víctimas.

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