La periodista Paula Bistagnino, autora del libro Te serviré (Planeta), presenta una investigación profunda y reveladora sobre la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei (conocido vulgarmente por sus últimas dos palabras), una organización de la Iglesia Católica que, según sus palabras, desde sus orígenes en España buscó acceder al poder estatal y construir una estructura de influencia en diversas esferas públicas y privadas.
El interés de Bistagnino por la entidad nació en su infancia, en un entorno donde la organización tenía una fuerte presencia. Años después, la elección del Papa Francisco –miembro de la Compañía de Jesús, tradicionalmente en conflicto con el Opus Dei– la llevó a investigar sus dinámicas internas y, lo que comenzó como una recopilación de testimonios, se convirtió en una investigación documentada acerca de fe, poder y disciplina al interior de la organización.
El libro toma como eje la historia de la familia Gianoli Gainza, de origen uruguayo y dueña de una importante fortuna acumulada en Chile, cuyo linaje católico y éxito económico los convirtió en una base de operaciones de esa verdadera estructura de poder, refugiada en las sobras de la religión. Bistagnino relata cómo María Elina Gianoli, la matriarca, ingresó a la organización en 1954, y su hija Elina se convirtió en numeraria, un estatus jerárquico habilitado para la toma de decisiones. «Los numerarios son captados en la adolescencia y asumen compromisos de castidad, pobreza y obediencia, funcionando como el núcleo operativo de la institución», detalla la autora.
El Opus Dei, fundado en 1928 por Josemaría Escrivá de Balaguer, es una prelatura personal de la Iglesia Católica con presencia en más de 60 países, única en su tipo dentro de la estructura jerárquica y organizacional del catolicismo. Promueve la santidad en la vida profana, especialmente a través del trabajo profesional. Está compuesto por laicos y sacerdotes, organizados en categorías como numerarios, supernumerarios y numerarias auxiliares. Su influencia en instituciones políticas, educativas y económicas ha generado críticas por su opacidad, denuncias de manipulación y cuestionamientos por sus vínculos con sectores ultraconservadores y gobiernos autoritarios.
Es conocido que numerosos jefes de gobierno, miembros de los parlamentos y jueces en decenas de países, forman parte o han formado parte de alguna logia masónica. Esto ha valido incontables imputaciones a la Orden acerca de conspiraciones y acuerdos espurios en favor propio, y en desmedro de la comunidad, suponiendo a la par cierta centralidad decisoria que no sería tal. Es posible que así haya sucedido en algún caso aislado, pero no podrá afirmarse que fuera así constante y permanentemente, ni tampoco que algún posible crápula opere en nombre o por mandato general de la masonería.
Lo curioso es que son justamente los emergentes del catolicismo rancio, aquellos adalides de tales combates, quienes han obviado usar el espejo para mirarse el propio rostro en la escondida acción del ultra vaticana Opus Dei, cuyas atrocidades son primas de leche de las cometidas por la propia Inquisición, o del aguantadero de curas abusadores.
Volviendo a la obra, ella también expone casos de manipulación patrimonial, abusos de poder y explotación laboral, esto último como el de las 43 numerarias auxiliares argentinas que denunciaron ante el Vaticano el haber sido engañadas con promesas de educación -todas provenían de sectores económicos poco favorecidos-, pero terminaron trabajando como empleadas domésticas sin remuneración, bajo estrictos compromisos de obediencia.
Bistagnino destaca cómo la organización se benefició durante gobiernos autoritarios en América Latina, especialmente en la Argentina, donde consolidó su influencia en la dictadura de Juan Carlos Onganía y alcanzó su mayor inserción en los ’90, infiltrándose en el ámbito judicial a través de ciertos ámbitos universitarios.
«Al Opus Dei siempre le fue bien en dictaduras», subraya la autora, quien describe a la organización como una maquinaria de poder que opera bajo estructuras herméticas. A pesar de los desafíos periodísticos, la autora reconstruyó una historia de silencios, manipulaciones y secretos que retrata cómo la institución se posicionó como una fuerza en la región.
El libro es más que una crónica: también podría considerarse una denuncia sobre el impacto de las organizaciones religiosas en las estructuras de decisión política y su habilidad para moldear discursos y decisiones que afectan la vida de las personas en general, más allá de sus creencias o pertenencia religiosa, poniendo en cuestión el ejercicio de una democracia plena.
