Un filósofo y teólogo católico defiende con rigor la vigencia de las religiones, pero bajo una condición indispensable: que estas prioricen una ética de la compasión y la acción solidaria por encima de cualquier dogma abstracto.
Manuel Fraijó articula un pensamiento que, partiendo del análisis del relato cristiano de la multiplicación de los panes y los peces, se expande para reconocer un núcleo ético universal presente en las grandes tradiciones espirituales.
Subraya que el valor de lo religioso no reside en la ortodoxia doctrinal, sino en su capacidad para inspirar gestos concretos de bondad que alivien el sufrimiento material inmediato. Su obra tiende puentes entre el cristianismo, el judaísmo, el islam y las religiones orientales.
Recuerda con su actitud que el valor último de cualquier tradición espiritual -como lo es tangencialmente la propia masonería- se mide por su capacidad para producir frutos de compasión y justicia.
Banalidad y pensamiento
En un contexto cultural con frecuencia dominado por el «auge de la banalidad», su perspectiva de una religión pensada y practicada, alejada por igual del fundamentalismo y del espiritualismo evasivo, ofrece un cimiento renovado para construir una auténtica fraternidad humana.
La religión, según su parecer, no necesita defenderse con dogmas cerrados o ritos vacíos, sino con la fecundidad sorprendente de los gestos de bondad que, como los panes y los peces, se multiplican al ponerse al servicio de los demás.
Esta visión se bebe a una trayectoria académica y un diálogo crítico con la teología, en la que propone una religión «pensada» y no solo «sentida»; una fe que se acerca a la razón para «evitar los engaños que ensombrecen su historia».
La compasión activa
El punto de partida del análisis de Fraijó es el relato bíblico de la multiplicación de los panes y los peces, que el autor interpreta como un modelo ejemplar de la actitud que debe definir a cualquier comunidad de fe. En este episodio, la compasión de Jesús no constituye un mero sentimiento de lástima, sino la chispa que desencadena una respuesta material concreta ante el hambre y el dolor ajenos.
Frente a la tentación de los discípulos de eludir responsabilidades —»despide a la multitud»—, la orden «dadles vosotros de comer» se erige en un llamamiento a la responsabilidad directa de los creyentes. Este gesto simboliza la prioridad absoluta de la acción sobre el discurso; de la solidaridad tangible sobre las «palabras hermosas».
Utilizando el ejemplo bíblico y su interpreteación, el teólogo alerta contra un «falso espiritualismo» que desvincula la fe de las necesidades primarias de las personas, reivindicando en su lugar una religión encarnada en la realidad humana, donde el mandato ético de alimentar al hambriento y curar al enfermo precede y da sentido a cualquier elaboración teológica posterior.
Una mirada interreligiosa como lenguaje universal
La originalidad del pensamiento de este autor se fundamenta en que su reflexión no se limita o confina al cristianismo, sino que adopta una perspectiva comparada para descubrir un principio ético común en religiones diversas. El autor identifica que el imperativo de la compasión activa encuentra ecos en otras tradiciones.
En el judaísmo, se manifiesta en el concepto de «Tikkun Olam«, la reparación del mundo como mandato divino, y en la práctica de la «tzedaká«, la justicia social. El islam lo institucionaliza a través de la «Zakat«, la limosna obligatoria que representa un acto de justicia y purificación, no de mera caridad. Mientras, el budismo sitúa la «Karuna» o compasión en el mismo centro del camino hacia el despertar espiritual.
Esa convergencia demuestra que, más allá de las diferencias dogmáticas y rituales, las religiones comparten un sustrato moral que las convierte en faros de humanidad y fraternidad. Fraijó defiende, por tanto, la necesidad no de una religión en particular, sino de este núcleo ético-compasivo universal que todas ellas pueden potencialmente encarnar.
Apuntando al mismo centro
La masonería no es una religión. La creencia en algún dios forma parte de la interioridad de cada miembro y no es objeto de debate. Pero sí es una tradición de enseñanza moral, en la cual cada uno de sus miembros puede expresar esa devoción o propósito en la evocación en común del GADU, en nombre de quien se enuncian los principales trabajos de la Orden.
Justamente, la culminación de las tenidas tiene un corolario fundamental: la circulación de la bolsa de limosnas. Simbólicamente, con esta acción se dice que la logia deposita en ese tronco las mejores intenciones hacia los más desfavorecidos de la sociedad. Y también adquiere fuerza legal, según una antigua tradición, porque un convite masónico podría considerarse no válido si este acto solidario (o caritativo) estuviera ausente.
He aquí una convergencia entre religión y masonería: la construcción ética de la solidaridad social.
Reflexiones en la frontera
La plataforma Religion Digital sirvió de altavoz para este lúcido análisis, que no es sino el fruto de una vida dedicada a la reflexión en la encrucijada entre la fe y la razón. Manuel Fraijó, catedrático emérito de Filosofía de la Religión en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), forjó su pensamiento en las aulas de prestigiosas universidades alemanas.
Su evolución intelectual lo llevó desde la teología confesional hacia la filosofía de la religión en el ámbito universitario público, un tránsito que dota a su análisis de una necesaria ecuanimidad y profundidad crítica.
Crítica al fundamentalismo
La propuesta del autor contiene una crítica a toda forma de fundamentalismo, al que caracteriza con una potente imagen: su practicante es una «especie de clarividente ciego, un celoso vigilante de la nada; siempre estará a un paso del fanatismo«. Frente a esta deriva, el autor aboga por una religión que abrace el pensamiento crítico, abierto y rigurosamente argumentativo que caracteriza a la filosofía.
Esto no implica necesariamente abdicar de los dogmas de cada religión, sino defenderlos de «forma no dogmática«. Para Fraijó, la verdadera religión es aquella que es capaz de confrontarse con los «tiempos oscuros» y de superar la «rutinización» de sus prácticas.
Como loros
Se trata, en esencia, de una fe que no se conforme con la repetición literal de los mensajes de sus fundadores, sino que se atreve a pensar, a dialogar con la cultura secular y a enfocar su energía en la transformación compasiva del mundo. En este sentido, su filosofía responde a la necesidad de una espiritualidad que se configure como un instrumento al servicio de la dignidad humana y la justicia, sin renunciar a su profundidad.
La vacuidad de los rituales es un mal que no sólo aqueja a las religiones, lo que obliga también a la masonería a una revitalización que reencuentre el simbolismo profundo. La habitualidad de repetir fórmulas por costumbre o comodidad, también pueden inspirar una adaptación de la Orden a los tiempos actuales.
