El canto es una expresión única de comunicación y emoción que desempeña un papel trascendental en diversas formas de vida. Aunque para las aves y las ballenas es crucial para su supervivencia, en los seres humanos se ha convertido en una parte central de casi todos los celebraciones religiosas y expresiones culturales. La pregunta que hoy se formula es: ¿cuándo y por qué la gente comenzó a cantar?
Contrario a los parientes cercanos, los simios, que carecen de la capacidad para el canto, los humanos han desarrollado esta expresión artística a lo largo de la evolución. Charles Darwin sugirió que el canto humano estaba relacionado con los rituales de apareamiento de los pájaros, pero las antiguas melodías de las culturas primitivas desafían esta teoría. Carl Stumpf, un investigador musical alemán del siglo XIX, argumentó que el canto humano no se centraba en el cortejo, sino en rituales marciales o religiosos.
En la antigüedad, Platón afirmaba que la gente cantaba buscando la armonía social. Esta idea se ha mantenido a través de los tiempos, y ahora se ha visto respaldada por el psicólogo musical David Huron, quien sostiene que el canto fortalece la cohesión en la sociedad. Estudios recientes confirman que entonar en grupo refuerza la comunidad, creando una red social que, a su vez, contribuye a la supervivencia del individuo.
Cantar no solo constituye una herramienta social, sino que también tiene beneficios para la salud mental y física, ya que produce una liberación de hormonas de la felicidad, como endorfinas y dopamina, las que producidas durante esta actividad contribuyen a mejorar el estado de ánimo y reducir el estrés. Investigaciones suecas han demostrado que los miembros de coros y grupos de canto tienen una esperanza de vida significativamente mayor que aquellos que no participan en estas performances.
No debe encasillarse como un mero entretenimiento; afirman. En reconocimiento de su impacto trascendente, muchas culturas confían en el poder curativo de la voz para sanar a los enfermos. Su práctica terapéutica se ha convertido en una herramienta valiosa contra la depresión, la ansiedad y diversos trastornos, demostrando que la música tiene el poder de influir en el equilibrio hormonal, el ritmo cardíaco y la presión arterial.
El canto humano, a diferencia de su aplicación funcional en la vida de los animales, ha evolucionado para convertirse en una poderosa herramienta de expresión cultural, social y terapéutica. Desde las antiguas melodías rituales hasta la ciencia moderna que resalta sus beneficios para la salud, el canto sigue siendo una manifestación única y universal de la experiencia humana.
La música y sus autores masónicos son muchos, con diferentes aportes y matices. Pero, ¿qué podemos decir y hacer nosotros? ¿Por qué no reflotamos el canto en los rituales masónicos? No por ello nos pareceremos a una iglesia, sino por el contrario, esa práctica hace que la letra ingrese por la armonía en nuestro ser.
Comparto más arriba una síntesis de una interesante nota de Alexander Freund, publicada en DW en su sección de Ciencia, que se explaya sobre el particular.
¡Qué lindo sería expresar la Fraternidad cantando por ejemplo en la Cadena de Unión, al momento de la recepción de un nuevo Hermano o acompañando cada peldaño de su derrotero…! Fortalezcamos la alegría y profundicemos los momentos de debida reflexión.
Maestro Orfeo

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