Como un debate perenne, signo de los emergentes materialistas que se enseñorean sobre todos los aspectos de la vida, siempre alguien se pregunta si el ser humano debería estar sometido al dinero o a otras formas de poder, para lo cual los acontecimientos de cada momento dan argumento o excusa suficiente para abrir la conversación, a partir de lo cual sobrevienen las reflexiones, las hipótesis, las contradicciones y hasta las propuestas de cambio.
En Francia -en particular- se ha desatado un nuevo intercambio de opiniones al respecto, según lo afirma el columnista Daniel Wirth, en el portal Línea Infos Loges, quien se pregunta qué lugar ocupa el ser humano en un mundo donde los factores del poder real parecen ser lo más importante.
El motivo de sus reflexiones son los recientes Juegos Olímpicos de París, cuyos preparativos y desarrollo han requerido gastos a su juicio desmesurados, al punto de que se interroga acerca de por qué generar tantas deudas y a qué costo,
Remarca que los escándalos financieros y las denuncias de corrupción parecen suceder sin repercusiones, mientras que los actos de violencia cotidiana resultan frecuentes. Un ejemplo claro es el caso de una figura clave en la lucha contra la exclusión, que ha sido acusado -al parecer, falsamente- de agresión sexual, por lo cual concluye también que este tipo de situaciones pone de manifiesto como el poder puede ser mal utilizado, a menudo a expensas de los valores humanos.
La prioridad del dinero y el poder tiene un impacto directo en las relaciones humanas y en el bienestar general. Las desigualdades sociales y económicas se agravan, ampliando la brecha entre ricos y pobres. El malestar social se hace palpable, como lo evidencian las numerosas huelgas, manifestaciones y el aumento de la delincuencia en ese país. Algunas de las consecuencias enumeradas por el autor.
Agrega también: el bienestar mental también sufre. La presión por alcanzar el éxito económico y social provoca niveles elevados de estrés y ansiedad. En este contexto, valores fundamentales como la compasión y la empatía quedan desplazados por la búsqueda del éxito material y personal.
Los valores humanos parecen estar quedando al margen en esta dinámica, según sostiene. La solidaridad y el apoyo mutuo, que en otro tiempo fueron pilares de la sociedad, son cada vez menos comunes, en tanto que los intereses personales y económicos suelen prevalecer sobre el bienestar colectivo.
Sin embargo, Wirth encuentra que aún existen signos de resistencia y solidaridad. Movimientos sociales en plataformas como TikTok y diversas iniciativas comunitarias indican que el espíritu humano no está completamente perdido, por lo cual indica que promover estos valores es esencial para restablecer el equilibrio en nuestra sociedad.
Augura que si continuamos priorizando el dinero y el poder sobre los valores humanos, corremos el riesgo de profundizar la división, la desigualdad y la agresividad, por lo cual considera urgente replantear prioridades y promover los valores humanos en las acciones cotidianas.
Francia -según su perspectiva-, con su rica herencia de solidaridad y justicia social, tiene la capacidad de liderar este cambio, devolviendo al ser humano el lugar que merece en el centro de la sociedad.
