gardel y el abasto

Un dato apenas conocido, aún noventa años después de su muerte, es que la Iglesia de Medellín se negó inicialmente a darle cristiana sepultura a los restos de Carlos Gardel. La razón, según testimonios de la época, fue su presunta vinculación con la masonería, aunque no hay testimonios históricos que corroboren aquella sospecha.

Todo comenzó la noche del 24 de junio de 1935, cuando el cuerpo sin vida del cantante llegó al aeropuerto Olaya Herrera. Mientras la comunidad se sumía en el duelo, una orden no oficial circuló entre las autoridades: Gardel no sería velado en una iglesia. El argumento pareciera que apuntaba a su estilo de vida y, sobre todo, a rumores acerca de su pertenencia a una logia masónica. Las autoridades eclesiales tildaban a los masones de «herejes», por lo cual el permiso para un funeral católico parecía imposible.

Sacerdote salvador

A partir de eso, un amigo local del cantante movió sus influencias. Recurrió a un sacerdote con reputación de mediador, quien accedió a albergar el velorio en su residencia privada. Allí, entre oraciones y murmullos, ocurrió otro hecho inesperado: un grupo de hombres vestidos de riguroso negro ingresó al salón. Se identificaron como masones y pidieron honrar a Gardel como «hermano». Testigos afirmaron que realizaron gestos rituales, como inusitados golpes ceremoniales sobre el ataúd, aunque el sacerdote exigió sin éxito pruebas documentales de su afiliación.

Una multitud acompañó el féretro hasta la Basílica de La Candelaria, donde se ofició una misa breve, recibiendo los sacramentos, pero sin solemnidad. Su entierro en el eclesiástico Cementerio San Pedro se habría realizado bajo presión de empresarios y artistas, que amenazaron con hacer crecer el escándalo. Se dice también que, horas después, masones locales realizaron un homenaje privado en su templo, pero tampoco hay documentos de prueba.

Cementerio secular

El episodio habría dejado otra marca histórica en el lugar, ya que el Cementerio Universal de Medellín fue construido un año después de su muerte. Allí yacen los cuerpos sin importar su filiación religiosa, muchos de ellos de identidad desconocida. Los restos de Gardel fueron repatriados a Buenos Aires en 1936, al mismo tiempo que por ese entonces la Iglesia católica perdió el monopolio de la administración de los camposantos.

La historia debería recordar que el autor de Volver fue protagonista involuntario de una hazaña en favor de la gente común, y que siendo o no siendo masón, su tremenda popularidad y el respeto artístico que inspiraba, empujaron a cambios impensados aún después de su muerte.

La versión ha sido difundida hace pocos días por el diario El Colombiano, bajo el título de Gardel: la historia de una despedida masónica y una ofensa que no fue.

Incertidumbre

¿Era Gardel realmente masón? Los archivos argentinos no lo incluyen, pero hay indicios de otro origen. En 1933, cantó para una logia en Nueva York. En el mar de leyendas acerca del origen genealógico del cantante, el coronel Carlos Escayola, su supuesto padre biológico,fue expulsado de una hermandad uruguaya en 1888.

Para el historiador Mario Arango Jaramillo, las decisiones de la jerarquía eclesiástica fueron un pretexto, más que una certeza: «La Iglesia antioqueña veía en Gardel un símbolo peligroso. Era liberal, exitoso y admirado por las masas. Negarle sepultura era un mensaje político».

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