Muy cerca del Coliseo de Roma se erige una basílica llamada “Cuatro Santos Coronados”, que parecería aludir a unos mártires masones que fueron ejecutados por el emperador Diocleciano a comienzos del siglo IV.
Habiendo sido sorprendido el monarca por su habilidad como canteros, a los albañiles de piedra les fue encargado un monumento dedicado a la adoración del sol, el que concluyeron tan satisfactoriamente que se les agregó la responsabilidad de erigir otra escultura en honor a Esculapio, dios pagano de la medicina. Ante la demora en la terminación de esta segunda obra y mediando acusaciones de otros canteros acerca de que eran descreídos de las creencias romanas de la época y de que profesaban la fe cristiana, fueron condenados a morir como herejes.
Ellos eran Simporio, Claudio, Nicóstrato y Castorio, los mártires en homenaje a los cuales el Papado habría mandodo construir la iglesia actual al final del mismo siglo IV.
Reivindicando a los masones operativos asesinados, en Inglaterra se fundó una logia en 1884 llamada Quatuor Coronati Lodge No. 2076, a la que se le da un carácter mundialmente muy representativo como unidad de investigación histórica.
Actualmente publica una edición anual de sus trabajos de indagación utilizando un enfoque basado en la evidencia y con la declarada intención de que los resultados obtenidos, reemplacen a los escritos de autores anteriores, que calificaban de “imaginativos”. También mantiene al día de hoy el círculo de correspondencia Quatuor Coronati ( QCCC ) para permitir la participación de personas de todo el mundo.
La leyenda ha sido incluida en varios documentos masónicos antiguos, como los denominados Arundel, Harleian y el Regio, aunque de la lectura de ellos la propia historia toma una variedad de formas contradictorias, dicen sus propios cultores.
Sucede que a los cuatro mártires originales se sumó un quinto albañil, llamado Simplicio, todos los cuales fueron sacrificados un 8 de noviembre. Pero, otras cuatro víctimas del emperador también fueron ejecutadas un 8 de noviembre posterior por razones idénticas. Se trató de unos soldados que se habían rehusado a rendir culto al mismo Esculapio, que fueron condenados luego de alegar en su defensa que no practicaban los cultos de la ahora mitología romana, y que profesaban el cristianismo.
“Lo que al principio parece sencillo se vuelve más complejo en el análisis detallado a medida que se revelan contradicciones e incertidumbres”, confiesan los miembros de ese taller de estudio.
Aunque la confusión en relación a los nueve mártires se estableció desde aquellos tiempos, nada ha arredrado a los seguidores de esta tradición del oficio, a punto tal que algunos iniciados visitan masivamente esa iglesia en la efemérides disimulando sus rostros con sombreros y bufandas, según consigna un testimonio recogido en un diario español.
Esta entrada se publicó antes aquí el 8/9/23

