pablo lázaro

Casi obligada a expresarse públicamente, la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones parece que se ha propuesto diluir la sospecha de una supuesta participación directa en el gobierno, tanto como de la posible influencia de la Orden en las políticas del gabinete nacional. Puesta ante el mismo dilema, la Gran Logia Femenina no solo ha tomado distancia de los funcionarios, sino también de algunas líneas principales de la gestión de la administración del Estado.

Los libros de historia reflejan hitos muy visibles del paso de algunos miembros de la institución en la vida pública de la Argentina, la mayoría de las veces con una benéfica influencia que se debe anotar en su favor. Así lo muestran innumerables avances en el ordenamiento civil de la sociedad en ámbitos de la vida cotidiana, de la confección de normas y, tal vez la más relevante, de la educación pública.

Ex Cangallo

No tenemos diálogo directo con este Gobierno, pero hay masones en todos los partidos, incluso en el oficialismo. Nuestro rol no es partidario, sino fomentar el debate plural.

Así se expresaba Pablo Lázaro, presidente de la Gran Logia masculina, tomando aire para lamentar seguidamente que las agendas políticas hayan pospuesto las fórmulas propositivas, reemplazándolas por consignas de odio hacia lo que deploran o rechazan.

En una entrevista periodística, el directivo agregó una cantidad de señalamientos acerca de que los masones han obtenido lugares en distintos poderes del Estado, aunque se guardó de designar los espacios precisos en los que moran, ni tampoco señaló si el sentido de su actuación en tales funciones adopta objetivos comunes entre ellos, o específicos de una naturaleza o de otra.

Quién es quién

Lázaro es actualmente el rector del Instituto Superior de Seguridad Aeroportuaria. Fue director de tecnología de la policía de aeropuertos y, luego, estuvo a cargo del área de investigación del ciberdelito del Ministerio de Seguridad, ambos cargos durante el gobierno de Mauricio Macri, bajo la comandancia de la anterior (y actual) ministra de Seguridad, Patricia Bullrich.

A pesar de esos vínculos personales conocidos, indicó que la Gran Logia no tiene ahora diálogo directo y formal con el gobierno.

En declaraciones al sitio digital de elDiarioAr, afirmó hace pocos días que la influencia que ejerce su espacio en el espectro público es parte del “soft power”: es decir, no tener una influencia directa, sino indirecta.

Cuesta determinar a partir de esta definición si su participación personal, o la de otros miembros, apunta a satisfacer objetivos de la institución. Es también un ejercicio infructuoso tratar de interpretar si su presencia podría ser interpretada al modo de un aval hacia las líneas de acción del proyecto de gobierno, alguna de las cuales podría estar contrapuesta con principios o postulados de la masonería.

Tacones lejanos

Por su parte, la titular de la Femenina, la mendocina María Elena Castillo estableció una mayor distancia del gobierno:

Nosotras encontramos una discordancia o una falta de cadencia entre las decisiones de un gobierno que colinda bastante poco con la libertad y el respeto a la igualdad, especialmente, vemos un desconocimiento palmario al trabajo de las mujeres y de algunos grupos sociales

Castillo encabeza una organización de mujeres que desde su surgimiento ha cultivado y mantenido profundos lazos de cercanía y acompañamiento con la entidad del otro género, a pesar de no compartir trabajos logiales y mantener su independencia orgánica.

La nota completa puede leerse aquí.

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